miércoles, 25 de abril de 2007

1 Samuel 25:
25.2-11 Nabal se negó con rudeza a la petición de David para que alimentara a sus seiscientos hombres. Si simpatizamos con Nabal es porque hoy en día las costumbres son muy diferentes. Primero, la simple hospitalidad demandaba que se alimentara a los viajeros sin importar su número. Nabal era muy rico y fácilmente podría haber afrontado la petición de David. Segundo, David no pedía limosna. Él y sus hombres habían estado protegiendo la fuerza de trabajo de Nabal y parte de su prosperidad se la debía a la vigilancia de David. Debemos recompensar a quienes nos protegen y ayudan a prosperar, aun si no estamos obligados a hacerlo por la ley ni por la costumbre.
25.24 David no estaba de buen humor cuando salió rumbo a la propiedad de Nabal (25.13, 22). No obstante, se detuvo a escuchar las palabras de Abigail. Si le hubiera hecho caso omiso, hubiera sido culpable de tomar venganza con sus manos. No importa si pensamos que tenemos toda la razón, siempre debemos ser cuidadosos para detenernos y escuchar lo que los demás tienen que decir. A la larga, el tiempo y el esfuerzo extra pueden ahorrarnos mucho dolor y problemas.
25.36 Debido a que Nabal estaba ebrio, Abigail esperó hasta la mañana siguiente para decirle lo que había hecho. Sabía que Nabal, en su borrachera, podría no comprenderla o bien reaccionaría de manera necia. Cuando hay asuntos difíciles de discusión, sobre todo entre los miembros de la familia, el tiempo adecuado es lo más importante. Pida a Dios sabiduría para encontrar el mejor momento para enfrentarlos y más aún sin son delicados.
Algunos hombres no se merecen a sus esposas. Abigail fue quizás la mejor mujer que Nabal pudo alguna vez tener y obtuvo más de lo que negoció cuando hizo los arreglos para casarse con ella. Abigail era hermosa y más capaz que él para manejar su riqueza. Pero Nabal no tomaba en cuenta a su esposa.
A pesar de sus reveses, la familia de Nabal hizo lo que pudo para mantenerlo lejos de los problemas. Esta lealtad debió haberla inspirado Abigail. Si bien su cultura y su esposo la consideraban de poco valor, ella utilizó la mayor parte de sus habilidades y oportunidades. A David le impresionó sus habilidades. Y cuando Nabal murió, se casó con ella.
Abigail fue una excelente consejera para los dos hombres de su vida, trabajó muy duro para evitar que hicieran cosas sin pensar. Por sus acciones rápidas y negociaciones astutas, evitó que David se vengara de Nabal. Tuvo la visión del panorama completo y permitió la gran intervención de Dios.
¿Ve usted, al igual que Abigail, más allá de la presente crisis? ¿Observa, como ella, el cuadro completo? ¿Utiliza sus habilidades para promover la paz? ¿Es leal sin por ello ser ciego? ¿Qué reto o responsabilidad enfrenta hoy que necesite una persona bajo el control de Dios?
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

martes, 24 de abril de 2007

1 Samuel 24:
David estaba acorralado por Saúl que seguía persiguiéndolo con un ejército de tres mil hombres. Humanamente hablando no había salida ni esperanza para él, pero no estaba sólo. David conocía, amaba y servía al Dios vivo que en todas las circunstancias lo ayudaba. Lo que parecía una afortunada casualidad, fue en realidad una muestra de que la situación no se había salido de las manos al Señor. Saúl entró solo a una cueva en la que estaba David con sus hombres; era una oportunidad para David. Podía matar al hombre que lo perseguía para matarlo, pero no lo hizo. Actuó con sabiduría, perdonó e hizo bien a quien le había hecho mal. Demostró su lealtad, respeto a la autoridad y fidelidad a Dios. No hizo lo que le convenía sino lo que debía. Es una gran lección para nosotros, que también en nuestra vida diaria tendremos las oportunidades de hacer lo que nos conviene ó lo que debemos hacer. Tenemos que mirar más allá del hoy, del momento; mirar con la perspectiva de Dios. Dejarnos guiar no por nuestros sentimientos ni por nuestro impulsos, sino por los principios absolutos de la Palabra de Dios. Dejarnos guiar por El Señor, que nos enseñará a actuar de la manera correcta, trascendiendo lo inmediato para proyectarnos a lo permanente.
Las palabras de David a Saúl dejan ver lo que había en su corazón, y que le permitió actuar de esta manera: "Conoce, pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para quitármela. 12Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti".
Saúl fue impactado profundamente por lo que hizo David, reaccionó llorando y reconociendo la justicia de David. Deja ver en sus palabras que sabía lo que Dios había determinado para él y para David, pero que él se resistía a aceptar. Cuando pasamos por la disciplina de Dios para corregirnos y enseñarnos, necesitamos aceptarla sabiendo que él como Padre amoroso nos conoce y sabe lo que es mejor para nosotros. Actuar con terquedad y resistirnos a aceptar nuestros errores, solo complicaría las cosas. La opción correcta es esperar en Él, aceptar la corrección, dejarnos guiar por Él. ¿Cómo enfrentar las dificultades, injusticias, aflicciones provocadas a veces por personas que alejadas de la voluntad de Dios nos quieren hacer daño?: buscando al Señor en oración, desahogando en Él nuestra preocupación, enojo, tristeza, etc. y recibiendo de Él la fuerza, la sabiduría, la protección, la provisión. El salmo 57 es la oración que cantó David en esta circunstancia:
SALMO 57
Plegaria pidiendo ser librado de los perseguidores
(Sal. 108.1–5)
Al músico principal; sobre No destruyas. Mictam de David, cuando huyó de delante de Saúl a la cueva.
1 Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí;
Porque en ti ha confiado mi alma,
Y en la sombra de tus alas me ampararé
Hasta que pasen los quebrantos.
2 Clamaré al Dios Altísimo,
Al Dios que me favorece.
3 El enviará desde los cielos, y me salvará
De la infamia del que me acosa;
Dios enviará su misericordia y su verdad.
4 Mi vida está entre leones;
Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas;
Sus dientes son lanzas y saetas,
Y su lengua espada aguda.
5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sobre toda la tierra sea tu gloria.
6 Red han armado a mis pasos;
Se ha abatido mi alma;
Hoyo han cavado delante de mí;
En medio de él han caído ellos mismos.

7 Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto;
Cantaré, y trovaré salmos.
8 Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa;
Me levantaré de mañana.
9 Te alabaré entre los pueblos, oh Señor;
Cantaré de ti entre las naciones.
10 Porque grande es hasta los cielos tu misericordia,
Y hasta las nubes tu verdad.
11 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sobre toda la tierra sea tu gloria.
Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

lunes, 23 de abril de 2007

1 Samuel 23:
David aprendió a consultar a Dios sobre lo que debía hacer y lo que no debía hacer. Podemos contentarnos con no hacer lo que expresamente sabemos que Él no quiere que hagamos, pero lo que Él quiere es dirigirnos en cada área de nuestra vida. Como lo hizo con David, el Señor puede guiarnos asegurando nuestra victoria sobre toda circunstancia.Pasaremos por luchas y dificultades, pero Él nos mostrará el camino, nos dará la salida, nos fortalecerá, nos bendecirá.
David buscó la dirección de Dios antes de entrar en acción. Escuchó sus instrucciones y luego actuó de acuerdo a ellas. Debemos dedicar el tiempo para discernir la voluntad de Dios de antemano, y no hacerlo después y tener que pedir a Dios que deshaga los resultados de nuestras decisiones apresuradas. Podemos escucharlo hablar mediante el consejo de otros, de su Palabra y de la dirección de su Espíritu Santo en nuestros corazones, así como a través de las circunstancias.
23.6 Un efod era un chaleco sin mangas, hecho de lino, que usaban los sacerdotes. El efod del sumo sacerdote era de colores brillantes y llevaba un pectoral con doce piedras preciosas que representaban cada una de las tribus.
23.7 Cuando Saúl escuchó que David se encontraba atrapado en una ciudad amurallada (una con puertas y vigas), pensó que Dios ponía a David a su merced. Saúl deseaba tanto matar a David, que hubiera interpretado cualquier señal como la aprobación de Dios para continuar con su plan. Si Saúl hubiera conocido mejor a Dios, habría sabido lo que Él quería y no hubiera interpretado mal la situación como si Dios aprobara el asesinato.
No todas las oportunidades las envía Dios. Podemos desear algo tanto, que suponemos que cualquier oportunidad para obtenerlo es de origen divino. Sin embargo, como vemos en el caso de Saúl, esto puede no ser cierto. Una oportunidad para hacer algo en contra de la voluntad de Dios nunca vendrá de Él, porque Dios no nos tienta. Cuando se le presenten en su camino oportunidades, analice dos veces sus propios motivos. Asegúrese de que sigue los deseos de Dios y no solo los suyos.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

domingo, 22 de abril de 2007

1 Samuel 22:
22.2 Afligidos, endeudados y amargados de espíritu se unieron a David, ya que él mismo era un forajido. Estas personas eran expatriados y solo podían mejorar su suerte al ayudar a David a convertirse en rey. El control que David tenía sobre este grupo de hombres nos muestra una vez más su ingenio y habilidad para guiar y motivar a otros. Es bastante difícil formar un ejército de buenos hombres, pero se requiere de un gran líder para moldear juntos a la clase de hombres que siguieron a David. A la larga, este grupo constituyó el corazón de su liderazgo militar y llegó a conocerse como «los valientes que tuvo David» (2 Samuel 23.8ss).
22.7, 8 Al parecer, los oficiales clave de Saúl eran de la tribu de Benjamín, como él. David era de la tribu vecina de Judá. Saúl apelaba a la lealtad entre tribus para mantener su control en el trono.
22.18 ¿Por qué Saúl mandó a matar a sus sacerdotes? Saúl sospechaba que había una conspiración entre Jonatán, David y los sacerdotes. Su sospecha provino del informe de Doeg de que vio a David hablando con Ahimelec, el sumo sacerdote, y que recibió de él alimentos y armas (22.9, 10). La acción de Saúl mostró su inestabilidad mental y emocional y lo lejos que andaba de Dios.
Al destruir todo en Nob, Saúl colocaba a la ciudad bajo la «maldición» (declarándola completamente destruida) descrita en Deuteronomio 13.12–17, que se suponía debía usarse solo en casos de idolatría y rebelión contra Dios. Pero era Saúl, no los sacerdotes, quien se había rebelado en contra de Dios.
22.18, 19 ¿Por qué permitió Dios la matanza de ochenta y cinco sacerdotes inocentes? La muerte de esta gente sirvió para ilustrar de manera dramática a la nación hasta dónde un rey puede convertirse en un tirano malvado. ¿Dónde estaban los consejeros de Saúl? ¿Dónde estaban los ancianos de Israel? Algunas veces Dios permite que el mal se desarrolle para enseñarnos a no permitir que sistemas malvados florezcan. Servir a Dios no es obtener un boleto de riqueza, éxito ni salud

Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

sábado, 21 de abril de 2007

1 Samuel 21:
David tuvo que huir de Saúl que había decidido matarlo. Una injusticia ya que David había sido un colaborador fiel de Saúl y lo único que había hecho era servir a su nación exponiendo su propia vida. Cuando sufrimos injusticias y adversidades, seguramente es muy difícil entender las razones. Es evidente en el contexto de la Escritura, que Dios no ideó, ni envió esta circunstancia a la vida de David. Lo que sí hizo El Señor fue ayudar a David, fortalecerlo, guiarlo; aún cuando cometió algunos errores, como por ejemplo mentir (v. 2). David buscó al Señor, desahogó en Él su corazón por medio de la oración. El Señor lo dirigió y lo guardó, como quiere hacer con cada uno de nosotros. Si está usted viviendo momentos difíciles (o cuando los viva), recuerde que El Señor es el refugio, la fortaleza, el poder, la sabiduría que necesitamos para hacer frente a nuestras luchas diarias. El salmo 56 fue escrito por David precisamente cuando estaba viviendo esta situación. Es un excelente modelo de la forma en que deberíamos orar cuando pasamos por tribulaciones:
SALMO 56
Oración de confianza
Al músico principal; sobre La paloma silenciosa en paraje muy distante. Mictam de David, cuando los filisteos le prendieron en Gat.
1 Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre;
Me oprime combatiéndome cada día.
2 Todo el día mis enemigos me pisotean;
Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia.
3 En el día que temo,
Yo en ti confío.
4 En Dios alabaré su palabra;
En Dios he confiado; no temeré;
¿Qué puede hacerme el hombre?
5 Todos los días ellos pervierten mi causa;
Contra mí son todos sus pensamientos para mal.
6 Se reunen, se esconden,
Miran atentamente mis pasos,
Como quienes acechan a mi alma.
7 Pésalos según su iniquidad, oh Dios,
Y derriba en tu furor a los pueblos.
8 Mis huidas tú has contado;
Pon mis lágrimas en tu redoma;
¿No están ellas en tu libro?
9 Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare;
Esto sé, que Dios está por mí.
10 En Dios alabaré su palabra;
En Jehová su palabra alabaré.
11 En Dios he confiado; no temeré;
¿Qué puede hacerme el hombre?
12 Sobre mí, oh Dios, están tus votos;
Te tributaré alabanzas.
13 Porque has librado mi alma de la muerte,
Y mis pies de caída,
Para que ande delante de Dios
En la luz de los que viven.
Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

21.1ss Esta es la primera mención sobre Ahimelec. O era el Ahías mencionado en 14.3, 18, o lo más probable es que fuera el sucesor de Ahías. En cualquiera de los casos, Ahimelec tuvo que ir en contra de la Ley para dar el pan sagrado a David, ya que se suponía que era solo para los sacerdotes (Levítico 24.5–9). Sin embargo, Ahimelec puso la necesidad y la vida de David antes que la ceremonia religiosa y lo alimentó con el pan consagrado. Esto sustentaba una alta ley de caridad (Levítico 19.18). Siglos más tarde, Jesús se referiría a este incidente mostrando que la Ley de Dios no debía aplicarse sin compasión. La ley más grande de Dios es hacer el bien y salvar vidas (Mateo 12.1–8; Lucas 6.1–5).
21.2 David mintió para protegerse de Saúl (21.10). Algunos disculpan esta mentira porque estaban en guerra y el deber de un buen soldado es traicionar al enemigo. Pero en ninguna parte se perdona la mentira de David. Es más, sucedió lo opuesto ya que su mentira llevó a la muerte a ochenta y cinco sacerdotes (22.9–19). La pequeña mentira de David parecía bastante inofensiva, pero desencadenó una tragedia. La Biblia aclara muy bien que la mentira es pecado (Levítico 19.11). Mentir, al igual que otro pecado, es grave ante los ojos de Dios y puede conducirnos a toda clase de efectos dañinos. No le reste importancia a ningún pecado ni haga diferencias entre uno y otro. Todos los pecados deben evitarse aunque veamos o no sus posibles consecuencias.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

viernes, 20 de abril de 2007

1 Samuel 20:
20.31, 32 Saúl todavía estaba tratando de apuntalar su trono para las generaciones futuras a pesar de que ya se le había dicho que su dinastía terminaría con él (13.13, 14). Aun peor, lo estaba tratando de hacer por medios humanos, ya que sabía que no obtendría ayuda alguna por parte de Dios. Jonatán pudo haber hecho alguna movida para llegar a ser rey, quizás tratando de matar a su rival, pero dejó pasar esta oportunidad debido a su amor por Dios y por David (23.16–18).
La lealtad es una de las cualidades más costosas de la vida; es la parte más abnegada del amor. Para ser leal, usted no puede vivir solo para sí mismo. La gente leal no solo se aferra a sus compromisos: está dispuesta a sufrir por ellos. Jonatán es un brillante ejemplo de lealtad. Algunas veces se vio forzado a luchar con un conflicto de lealtades: hacia su padre Saúl o hacia su amigo David. La solución que dio a ese conflicto nos enseña cómo ser leales y qué debe ser guía de la lealtad. En Jonatán, la lealtad siempre se guió por la verdad.
Jonatán se dio cuenta de que la fuente de la verdad era el Dios que demandaba su lealtad suprema. Fue su relación con Dios la que dio a Jonatán la habilidad de manejar efectivamente las situaciones complicadas de su vida. Fue leal a Saúl porque era su padre y porque era el rey. Fue leal con David porque era su amigo. Su lealtad hacia Dios lo guió a través de las demandas conflictivas de sus relaciones humanas.
Las demandas conflictivas de nuestras relaciones pueden ser grandes retos también para nosotros. Si tratamos de resolver estos conflictos solamente a nivel humano, estaremos siempre sintiéndonos traidores. Pero si comunicamos a nuestros amigos que nuestra lealtad suprema es hacia Dios y su verdad, muchas de nuestras decisiones serán mucho más claras. La verdad en su Palabra, la Biblia, traerá luz a nuestras decisiones. ¿Saben las personas que están más cerca de usted para quién es su mayor lealtad?
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

jueves, 19 de abril de 2007

1 Samuel 19:
David también pasó por dificultades y problemas. En este capítulo encontramos el relato de algunos intentos de Saúl de matarlo, sin motivos reales, por celos. Es evidente la mano protectora del Señor, por medio de personas que le ayudaron y fue librado. A veces podemos pensar que si seguimos al Señor y le obedecemos, eso debería significar que no tengamos dificultades o problemas, pero no es así. Él ha prometido estar con nosotros, ayudarnos, librarnos; pero no ha prometido que no enfrentaríamos luchas y momentos duros. Lo importante es que hagamos frente a esas circunstancias en la forma apropiada, confiando en Él, buscándolo, dependiendo de Su amor, de Su fuerza, de Su protección y provisión.
19.1, 2 ¿Es correcto desobedecer a un padre, como lo hizo Jonatán? Es claramente un principio de las Escrituras que cuando un padre ordena al hijo quebrantar la ley de Dios, el hijo debe obedecer a Dios y no al hombre. Este principio presupone que el hijo es lo suficientemente grande para ser responsable y discernir cualquier engaño. Un hijo debe ser respetuoso, servicial y obediente a su padre (Efesios 6.1–3), pero no de obedecer órdenes ni aceptar consejos que violen la ley de Dios.
19.20–24 Esta fue la segunda vez que Saúl sorprendió a todos al unirse a un grupo de profetas y profetizar. La primera vez (capítulo 10) sucedió exactamente después de que fue ungido rey y no quería aceptar la responsabilidad. Esta vez Saúl estaba consumido por la envidia que le causaba la creciente popularidad de David, pero el Espíritu de Dios lo inmovilizó para que así no pudiera hacerle daño a David. En ambos casos, Saúl habló palabras de Dios («profetizó»), a pesar de que estaba muy lejos de poder pensar los pensamientos de Dios.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.