jueves, 5 de julio de 2007

2 Reyes 2:
Los últimos momentos de la vida de un hombre excepcional, el profeta Elías; fueron compartidos por el sucesor elegido por Dios: Eliseo. Es de resaltar la actitud y determinación de Eliseo: "Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré" (v. 4). La perseverancia es una cualidad del carácter que necesitamos desarrollar los seres humanos en nuestra vida, especialmente si queremos asumir nuestra responsabilidad como líderes en la familia, la iglesia y la sociedad. Perseverar en lo bueno, en nuestros valores, en los principios de la palabra de Dios, en seguir e imitar la fe de aquellos a quienes Dios a puesto para que nos enseñen y nos guíen; como lo hizo Eliseo en este pasaje de la Escritura. Gracias a esta determinación, Eliseo fue testigo y protagonista de uno de los eventos más extraordinarios de la historia: un hombre fue ¡levantado en vida al cielo!. Indudablemente que este evento es el final que Dios escogió, para la vida de un hombre que decidió caminar con Él y agradarle. Le sirvió fielmente invirtiendo su vida en los propósitos eternos del Señor. ¿En qué estamos invirtiendo nuestras vidas?, ¿cómo terminaremos nuestra carrera?, ¿es nuestra vida agradable a Dios y útil a Sus propósitos?. Elías dejó una huella de bendición imborrable en la historia de Israel y del mundo. Fueron muchas las vidas que recibieron su positiva y poderosa influencia. Hoy somos nosotros los llamados a imitar el ejemplo de hombres cómo Elías. Tal vez hoy preguntemos como Eliseo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? (v. 14), ¿dónde está el Dios que hace maravillas, que interviene sobrenaturalmente en la historia de personas, familias y naciones?, ¿dónde está cuando quisiéramos que intervenga en la realidad del mundo actual y aparentemente no lo hace?. La respuesta que recibiríamos a esta pregunta, es la que da Marcos Vidal en su canción "buscadme y viviréis": ¿dónde están los hombre como Elías?, ¿dónde están los hombres y mujeres que como el joven pastor, enfrentan los gigantes?, ¿dónde están los sucesores de Josué?, ¿dónde están esas mujeres consagradas como Ester?. El Dios de Elías y de todos aquellos hombres y mujeres extraordinarios, que impactaron el mundo de sus respectivas épocas, está vivo y actuando hoy; pero como siempre, lo hace por medio de los hombres y mujeres que decidimos servirlo, amarlo y obedecerle.

miércoles, 4 de julio de 2007

2 Reyes 1:

"Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?" (v. 3). El rey Ocozías estaba enfermo y mandó a consultar a un dios pagano sobre su enfermedad. El Señor entonces envió al profeta Elías a interponerse a los mensajeros del rey. ¿No hay Dios en el cielo y en la tierra que los seres humanos levantan falsos dioses, prácticas y cultos extraños?. Hoy vemos como proliferan gran diversidad de creencias y prácticas, que evidencian la búsqueda del hombre por lo espiritual. El hombre moderno con todo el desarrollo del conocimiento, la tecnología y las comunicaciones; sigue experimentando la necesidad de algo que llene su vacío interior. Es la necesidad que sólo puede llenar el verdadero Dios. Esta búsqueda de lo espiritual en el lugar equivocado, como en el caso del rey Ocozías; lleva a la muerte. En la epístola a los Romanos capítulo 6, versículo 23 dice: "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro". Muerte espiritual, que consiste en la separación de la única fuente vida; Dios y su palabra. Muerte física por la enfermedad, por la violencia, muerte de las relaciones, muerte de la familia. Hoy más que nunca debemos y podemos oír y responder a las palabras de Jesús: "...yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10: 10b). Creer en Jesús como nuestro único Salvador y Señor, aceptarlo en nuestro corazón entregando nuestra vida a Él sinceramente, practicar Su palabra; es la esperanza de verdadera vida, restauración, sanidad y liberación: "Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8: 31, 32).

martes, 3 de julio de 2007

1 Reyes 22:
Josafat fue rey de Judá en la misma época en que Acab reinó en Israel. Fue un excelente rey, temeroso de Dios, hizo lo bueno ante Él; pero cometió el error de asociarse con Acab. El Salmo 1 versículo 1 dice: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado". Por esta razón estuvo a punto de morir en una guerra que no era suya (v. 32, 33). Una de las cualidades más importantes que podemos aprender de Josafat, es la costumbre de consultar al Señor sobre lo que debemos hacer: Dijo luego Josafat al rey de Israel: "Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová" (v. 5). Cuando los profetas que tenía contratados Acab para le dijeran lo que él quería, les decían que fueran a la guerra, que triunfarían; Josafat tuvo el discernimiento suficiente para entender que no estaban hablando inspirados por Dios, así que la dijo a Acab: "¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?" (v. 7). Cuando nos acostumbramos a escuchar al Señor, aprendemos a distinguir su voz. Pero es igualmente importante que actuemos de acuerdo con lo que Él nos habla. En este caso Josafat y Acab fueron a la guerra a pesar de la advertencia del Señor.
Ya en la batalla, Acab creyó que con su astucia y engaño podía burlarse de Dios: "Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla" (v. 30). Pero estaba equivocado. No podemos escondernos de Dios, no podemos escondernos de las consecuencias de nuestras decisiones. Esto fue lo que ocurrió: "Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy herido. 35 Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro" (v. 34, 35). Es lo que dice la Escritura: Dios no puede ser burlado, lo que sembramos eso cosecharemos.

lunes, 2 de julio de 2007

1 Reyes 21:
El rey Acab quería la viña de su vecino Nabot, así que le propuso cambiársela por otra "mejor" ó comprársela. Nabot se negó dirigido por sus convicciones, basadas en el principio establecido por Dios de que la tierra no debía venderse, ya que era la heredad que debía pasar de generación en generación, como fuente de sustento para las familias. Entonces Acab reaccionó como un niño caprichoso, hizo una "rabieta" por no poder tener "lo quería". La esposa de Acab, por su parte, tramó todo un plan macabro, para que su marido tuviera lo que quería. Ordenó que se acusara falsamente a Nabot, para lo apedrearan y muriera; permitiendo así que la viña pudiera ser para Acab.
¡Cuántas injusticias, violencia, robos, asesinatos y otras maldades se cometen diariamente por la misma razón!. Adultos actuando como niños inmaduros, egoístas y caprichosos; queriendo satisfacer sus deseos a toda costa, a menudo sin importar que inocentes sufran las consecuencias. Cuántos niños maltratados y abusados por adultos, cuántas esposas maltratadas física o verbalmente por los hombres que deberían protegerlas y amarlas. Cuántas familias de bajos recursos que se empobrecen cada día más por el abuso de ricos y poderosos que los explotan porque quieren cada día más. Nuestra naturaleza egoísta no tiene límites cuando nos alejamos del Señor, de Su amor y los principios de su palabra; dejándonos llevar por los deseos desordenados, produciendo desastres personales, familiares y sociales.
El problema no era que Acab no tuviera una viña, tenía mejores y por eso le ofreció a Nabot "una mejor" (v. 2). También tenía dinero en abundancia pero no estaba contento. Abusó de su poder, de su posición que según la Escritura; debía usar para bien de los menos favorecidos, pero los usó para su propio beneficio.
Por otro lado, mirando el ejemplo de Nabot debemos preguntarnos, ¿qué estamos dispuestos a entregar o sacrificar por nuestras convicciones y principios. ¿Los negociamos fácilmente, o estamos dispuestos a hacerlos valer?. Nabot prefirió entregar su vida, ¿qué preferimos nosotros?.
También debemos notar la intervención del Señor, enviando al profeta a Elías a confrontar a Acab (v. 17-26). Dios juzgó esta maldad, intervino amonestando a Acab por medio de Elías, quien actuó correctamente cumpliendo su papel de profeta, al ponerse en contra de la maldad.

martes, 26 de junio de 2007


1 Reyes 20:
En las guerras de la antigüedad las ciudades eran sitiadas. Normalmente eran ciudades amuralladas, diseñadas para resistir los ataques de ejércitos enemigos; pero cuando eran sitiadas durante semanas o meses, la comida y el agua escaseaban hasta obligar al ejército a salir a pelear, a menos que se rindiera. Samaria era la capital del reino de Israel y fue sitiada por los Sirios, con un gran ejército que excedía por mucho al de ellos. La situación era apremiante, grave, desesperada; pero en eso vino ante Acab un profeta del Señor que le dijo: "Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová" (v. 13). Basado en esta promesa Acab enfrentó a sus enemigos y los venció. Un año después se repitió la victoria, cuando los sirios volvieron a atacar a Israel pensando que esta vez podrían vencer. Una vez más, El Señor habló a Acab: "Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová" (v. 28). No porque Acab fuera fiel, sino por la altanería y el atrevimiento de los sirios; El Señor dio la victoria. En nuestra vida también enfrentamos momentos apremiantes y difíciles, en los que podemos llegar a estar "sitiados" (rodeados, acosados), por circunstancias adversas. La pregunta es si estamos dispuestos y preparados para escuchar la voz de nuestro Padre, para recibir su instrucción, dirección y consejo para saber lo que debemos hacer. Al final, Acab no supo terminar bien, ya que decidió erróneamente perdonar y liberar a Ben-Hadad, rey de los sirios. El Señor le mandó a decir: "Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo" (v. 42), y él se enojó y se entristeció: "Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria" (v. 43). Así se hizo evidente que Acab no era un hombre que realmente conociera a Dios y mantuviera una relación personal profunda y consistente con Él, lo que le impidió permanecer oyendo y entendiendo lo que debía hacer. Cuando ya tuvo la victoria se confió y dio por hecho que podía decidir en forma independiente, sin tener en cuenta a Dios. Cuidémonos de lo que hacemos y decidimos, cuando estemos en victoria, prosperidad y bendición; para no equivocarnos como lo hizo este rey.

sábado, 23 de junio de 2007

1 Reyes 19:
El profeta Elías enfrentó uno de los momentos más difíciles de su vida, después de vivir una de sus mayores victorias (capítulo 18). La esposa del rey Acab (Jezabel), lo amenazó de muerte. Esto obligó al profeta a huir para salvarse y lo llevó al temor y la depresión. Todos vivimos momentos difíciles, de angustia, de peligro, y a menudo reaccionamos en forma inadecuada. Dice en el versículo 4 que Elías deseaba morirse y le pidió Al Señor que le quitara la vida. Afortunadamente él se dirigió al lugar correcto, a Horeb el monte de Dios (v. 8). En el camino desfalleció por el cansancio, la preocupación, la depresión ("Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido" - v. 5), pero justo en el momento apropiado, "un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come". En nuestros momentos de necesidad podemos contar con la ayuda del Señor, con Su presencia, con Su palabra que nos alienta, con Sus promesas que siempre se cumplen, con los ángeles que Él envía en nuestra ayuda. Lo más importante es que, como Elías; vayamos al lugar correcto: a la presencia de Dios por medio de la oración, buscándolo en su palabra. Que nos dispongamos a escuchar Su voz que nos alienta, que nos guía, que nos reconforta. Entonces seremos fortalecidos sobrenaturalmente ("Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios" v. 8).
Al estar en Su presencia debemos recordar que para escucharlo, necesitamos llegar a apaciguar nuestro corazón en el silencio: "El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado" (v. 11, 12). Elías pudo distinguir la voz del Señor en el "silvo apacible y delicado". La pregunta del Señor para él fue: ¿qué haces aquí, Elías? (v. 9, 13). Dos veces le hizo esta pregunta, y evidentemente no preguntó porque no lo supiera; sino porque quería que Elías reflexionara sobre su situación y actitud. ¿Dónde estamos y qué estamos haciendo?, ¿estamos en el lugar correcto y tenemos la actitud correcta?. Hoy es el mejor día para que nos confrontemos con nuestra propia realidad y corrijamos el rumbo nuestras vidas.




viernes, 22 de junio de 2007

1 Reyes 18:
"Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra" (v. 21). Estas fueron las palabras del profeta Elías en el monte Carmelo, cuando confrontó la maldad, la falsa espiritualidad y la idolatría que dominaban en Israel desde varios años atrás. Cuando el rey Acab se encontró con Elías tuvo el descaro de decirle: ¿Eres tú el que turbas a Israel? (v. 17). Es fácil culpar a otros de los problemas y las tragedias que ocurren, en lugar de aceptar la responsabilidad nuestra y cambiar de actitud. Como bien le dijo Elías a acab, había sido él (Acab) y su familia, los que habían "turbado a Israel dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales" (v. 18). También es fácil tomar una actitud indiferente y una postura cómoda ante la realidad de nuestros pueblos, culpando a otros sin aceptar nuestra propia responsabilidad. No hacer nada por cambiar la situación, dejarnos llevar por la corriente de una cultura enferma y desajustada, haciendo lo que la mayoría hace como si fuera "normal". Es difícil levantarnos como lo hizo Elias y marcar la diferencia, proclamar la verdad y luchar contra la mentira, practicar verdaderos valores y principios y derrotar las tinieblas llevando la luz a esa cultura, empezando por nuestra propia vida y por nuestra familia. Es tiempo de dejar de "claudicar entre dos pensamientos", de definirnos por El Señor, por la verdad, por la justicia, por la obediencia a Su palabra, por ser fieles a Él a nuestros conyuges, a nuestros padres, a nuestros hijos. Vale la pena que lo hagamos, por nuestros hijos y por el futuro de nuestros países. En aquella época dice la Biblia, "Y el hambre era grave en Samaria" (v. 2). La sequía había producido pobreza, hambre, escasez. Hoy también vemos que en el mundo el hambre es grave; hambre física, hambre de paz, hambre de amor, hambre de propósito para vivir. El Señor dice aquí en este capítulo del libro de Reyes: "yo haré llover sobre la faz de la tierra" (v. 1). Oigamos Su voz y respondamos positivamente a Su llamado, y preparémonos "porque una lluvia grande se oye" (v. 41).