Sugerimos repasar y profundizar en los capítulos estudiados en la semana. Estas son algunas anotaciones adicionales sobre los capítulos correspondientes:
"PROPÓSITO:Nehemías es el último de los libros históricos del Antiguo Testamento. Registra la historia del tercer regreso a Jerusalén después del cautiverio y relata cómo fueron reconstruidos los muros y cómo se renovó la fe del pueblo.AUTOR:La mayor parte del libro está escrita en primera persona, lo que sugiere que Nehemías es el autor. Probablemente Nehemías escribió el libro y Esdras le sirvió de editor.FECHA:Aproximadamente entre 445–432 a.C.MARCO HISTÓRICO:Zorobabel guió el primer regreso a Jerusalén en 538 a.C. En 458, Esdras guió el segundo regreso. Finalmente, en 445, Nehemías regresó con el tercer grupo de cautivos para reconstruir el muro de la ciudad.VERSÍCULOS CLAVE:«Fue terminado, pues, el muro, el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días. Y cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las naciones que están alrededor de nosotros, y se sintieron humillados, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra» (6.15, 16).PERSONAS CLAVE:Nehemías, Esdras, Sanbalat, TobíasLUGAR CLAVE: Jerusalén
«¡LO QUE esta iglesia necesita es...!» «No puedo creer lo que hacen nuestros funcionarios del gobierno. ¡Si estuviera en su lugar, yo haría...!» «Nuestras escuelas andan mal. ¡Alguien debería hacer algo!»
Es fácil analizar, escudriñar, y hablar acerca de los problemas del mundo. Abundan los criticones, los quejumbrosos, los que se han nombrado a sí mismos profetas y «capitanes araña». Sin embargo, lo que en realidad necesitamos son personas que no sólo discutan una situación, ¡sino que hagan algo al respecto!
Nehemías vio un problema y se afligió. En vez de quejarse y revolcarse en la autocompasión y en el sufrimiento, actuó. Nehemías sabía que Dios quería que motivara a los judíos para que reconstruyeran los muros de Jerusalén, por lo tanto dejó una posición de responsabilidad en el gobierno persa para hacer lo que Dios quería. Nehemías sabía que Dios utilizaría sus talentos para conseguir que se realizara el trabajo. Desde el momento que llegó a Jerusalén, todos supieron quien era el jefe. Organizó, administró, supervisó, alentó, se enfrentó a la oposición, confrontó la injusticia, y se mantuvo así hasta que se construyeron los muros. Nehemías era un hombre de acción.
Al comienzo de la historia, Nehemías estaba hablando con compañeros judíos. Estos le informaban que los muros y las puertas de Jerusalén estaban deteriorados. Eran noticias preocupantes, y la reconstrucción de aquellos muros se convirtió en la carga de Nehemías. En el momento adecuado, Nehemías pidió al rey Artajerjes permiso para ir a Jerusalén a reconstruir esos muros caídos. El rey aceptó.
Armado de cartas del rey, Nehemías viajó a Jerusalén. Organizó al pueblo en grupos y le asignó secciones específicas del muro (capítulo 3). Sin embargo, el proyecto de construcción tuvo oposición. Sanbalat, Tobías y otros trataron de detener la obra a través de insultos, ridiculizaciones, amenazas y sabotaje. Algunos de los trabajadores tuvieron miedo, otros se hastiaron. En cada caso, Nehemías empleó una estrategia para frustrar a sus enemigos: oración, aliento, guardas de seguridad, consolidación (capítulo 4). Sin embargo surgió un problema diferente: un problema interno. Los judíos ricos estaban aprovechándose del compromiso solemne de sus trabajadores compatriotas. Al escuchar acerca de su opresión y avaricia, Nehemías confrontó a los extorsionadores (capítulo 5). Cuando casi estaban terminados los muros, Sanbalat, Tobías y compañía trataron de detener por última vez a Nehemías. Sin embargo este se mantuvo firme, y el muro se terminó en sólo cincuenta y dos días. Cuán grandioso monumento al amor y la fidelidad de Dios. Tanto los amigos como los enemigos supieron que Dios había ayudado (capítulo 6).
Después de construir los muros, Nehemías continuó organizando al pueblo, realizó un censo y nombró guardias de las puertas, levitas y a otros funcionarios (capítulo 7). Esdras guió a la nación en la alabanza y en la instrucción bíblica (capítulos 8, 9). Esto llevó a una reafirmación de fe y a un avivamiento religioso en donde el pueblo prometió servir con fidelidad a Dios (capítulos 10, 11).
Nehemías finaliza con una lista de los clanes y sus líderes, con la dedicación de un nuevo muro en Jerusalén y la purgación del pecado del país (capítulos 12, 13). Cuando lea este libro, observe a Nehemías en acción, y determine ser una persona de la cual Dios puede depender para actuar por Él en el mundo".
(Biblia del diario vivir)
sábado, 1 de septiembre de 2007
viernes, 31 de agosto de 2007

Nehemías 3:
La reconstrucción de la muralla de Jerusalén se logró, gracias a que cada familia asumió su parte de la obra, su responsabilidad específica, la restauración de la parte que les correspondía. Muchas obras nunca se inician, otras nunca se concluyen, otras se terminan mal; porque cada uno está esperando que los otros hagan, culpando a los demás por lo que no se hace, justificándose en los errores de otros para no asumir la propia responsabilidad. La obra de Dios a través de la historia, siempre ha sido un trabajo de equipo; donde cada uno con sus dones y capacidades especiales y diferentes, cumple su papel y ocupa su lugar. Entonces el equipo funciona, el rompe cabezas se completa, el engranaje rueda. A demás esto permite que el reconocimiento y la gloria se le dé al Señor y al equipo en conjunto, y no a una sola persona; evitando que se levanten "estrellas" o "figuras" que pretendan dominar a los demás y volverse el centro de atención.
"III. Nehemías prospera en la obra (3)
A. El modelo.
La obra se organizó y dirigió con los líderes espirituales a la cabeza (v. 1) y el pueblo cooperando. Dios vio a cada trabajador y anotó su nombre en el libro. Cada uno tenía un área específica de responsabilidad. Nadie podía hacerlo todo, pero cada uno podía hacer algo. Por supuesto, nunca se puede tener ciento por ciento de cooperación; en el versículo 5 hallamos a algunos de los nobles rehusando participar. Hubo cuarenta y dos grupos de trabajadores.
B. El pueblo.
Qué variedad de trabajadores: sacerdotes (v. 1), gobernantes (vv. 12–19), mujeres (v. 12), artesanos (vv. 8, 32) e incluso judíos de otras ciudades (vv. 2, 5, 7). Nótese que algunos estaban dispuestos a hacer trabajo extra (vv. 11, 19, 21, 24, 27, 30). Otros hicieron su trabajo en casa (vv. 10, 23, 28–30) y es allí donde debe empezar el servicio cristiano. Hubo trabajadores que fueron los únicos en su familia (v. 30) y algunos tuvieron más celo que otros (v. 20). Compare el versículo 11 con Esdras 10.31 y verá que incluso algunos de los descarriados se unieron en la obra.
C. Los lugares.
Hay una lección espiritual definida en cada una de las puertas. La puerta de las Ovejas (v. 1) nos recuerda el sacrificio de Cristo en la cruz (Jn 10). Esta fue la primera puerta que se reparó, porque sin sacrificio no hay salvación. Nótese que la puerta de las Ovejas no tenía cerraduras ni barras, porque la puerta de la salvación siempre está abierta para el pecador. Esta es la única puerta santificada, separada como una puerta especial. La puerta del Pescado (v. 3) nos recuerda ganar almas, de ser «pescadores de hombres» (Mc 1.17). La puerta Vieja (v. 6) nos habla de las sendas antiguas y de las antiguas verdades de la Palabra de Dios (Jer 6.16 y 18.15). La gente del mundo está siempre buscando «algo nuevo» (Hch 17.21) y rehúsan volver a las verdades básicas que son las que en realidad dan resultados. La puerta del Valle (v. 13) nos recuerda la humildad delante del Señor. En Filipenses 2 vemos a Cristo descendiendo de la gloria del cielo al valle de la limitación humana e incluso hasta la muerte. No disfrutamos del valle, pero a menudo Dios tiene que llevarnos allí para dar bendición a nuestras vidas.
El versículo 14 señala la puerta del Muladar. Es evidente que esta es la puerta por la cual se sacaban los desperdicios y desechos de la ciudad. ¡Imagínese qué difícil debe haber sido reparar la puerta en tal lugar! Sin duda esto nos habla de la limpieza de nuestras vidas (2 Co 7.1; Is 1.16–17). Más tarde algunos judíos se quejaron respecto a la basura; véase 4.10. La puerta de la Fuente (v. 15) ilustra el ministerio del Espíritu Santo; véase Juan 7.37–39. Es interesante notar el orden de estas puertas: primero hay humildad (puerta del Valle), luego limpieza (puerta del Muladar) y luego plenitud del Espíritu Santo (puerta de la Fuente). La puerta de las Aguas (v. 26) habla de la Palabra de Dios, que limpia al creyente (Ef 5.26; Sal 119.9). Nótese que esta es la séptima puerta mencionada y siete en la Biblia es el número de perfección: la perfecta Palabra de Dios. ¡Nótese también que esta puerta no necesitaba reparaciones! «Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos» (Sal 119.89).
La puerta de los Caballos (v. 28) da la idea de guerra. Sin duda hay batallas en la vida cristiana y debemos estar listos para luchar. Véase 2 Timoteo 2.1–4. La puerta Oriental (v. 29) nos hace pensar en la Segunda Venida de Cristo (Mt 24.27). En Ezequiel 10.16–22 el profeta vio que la gloria de Dios salía del templo por esta puerta; véase también 11.22–25. Pero más tarde (43.1–5) vio que la gloria de Dios regresaba «del oriente».
La puerta del Juicio (v. 31) habla del juicio de Dios. La palabra hebrea mifkad significa «designación, cuentas, censo, revista». Da la idea de las tropas listas para inspección. Sin duda Dios va a llamar a todas las almas a juicio un día.
Al examinar estas puertas y su orden se puede ver la sugerencia del cuadro completo de la vida cristiana, desde la puerta de las Ovejas (salvación) hasta el juicio final. ¡Alabado sea Dios porque el cristiano nunca enfrentará el juicio por sus pecados! Véanse Juan 5.24, Romanos 8.1–2".
(Bosquejos expositivos de la Biblia)
jueves, 30 de agosto de 2007
Nehemías 2:Nehemías tenía una posición privilegiada como funcionario de confianza del rey, influencia, una situación económica muy buena; pero esto no le impidió ser sensible a la necesidad de su pueblo que sufría, de su ciudad y país que estaban en una precaria situación. Le importaba y le dolía esa realidad, y estuvo dispuesto a sacrificar su comodidad y conveniencia, para luchar por una nueva realidad para los suyos: "¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?" (v. 2) Cuando el rey le preguntó por el motivo de su tristeza, él tuvo una respuesta clara y precisa, venía orando desde cuatro meses atrás, y tenía una visión y un plan específico: "Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, 5 y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. 6 Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. 7 Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; 8 y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí" (v. 4- 8). Si hoy el Señor nos preguntara ¿qué cosa pides?, como le preguntó el rey a Nehemías, ¿cuál sería nuestra respuesta?, ¿tenemos claro lo que deseamos, lo que necesitamos?, ¿tenemos una visión y un plan?. La "benéfica mano de Dios" estuvo sobre Nehemías y su gestión no por casualidad o buena suerte; fue el resultado de una vida de oración y ayuno, de una visión clara, de un plan definido y específico, de un profundo compromiso y una acción consecuente y disciplinada.
"II. Nehemías hace preparativos para la obra (2)
Cuatro meses pasaron durante los cuales Nehemías esperó el tiempo de Dios para hablarle al rey. «El que creyere, no se apresure», dice Isaías 28.16. En verdad, la fe y la paciencia van juntas (Heb 6.12). Pero Nehemías tenía un plan en mente, que Dios le dio, y sabía exactamente qué hacer cuando llegara la hora precisa. Cuán similar al Señor Jesucristo (Jn 6.5–6).
A. Nehemías y el rey (vv. 1–8).
Nadie debía aparecer ante el rey triste ni con malas noticias (Est 4.1–2), pero el peso en el corazón de Nehemías se revelaba en su semblante. Era hombre con tristeza y el rey lo notó. Si no hubiera sido por la providencia de Dios, esta tristeza hubiera sido causa de muerte. Antes de presentarle a Artajerjes su carga, Nehemías rápidamente acude al trono de la gracia en oración; luego le dijo al rey lo que tenía en el corazón. Sabía que Dios abriría el camino (Pr 21.1). Con tanta perfección elaboró Nehemías su plan, que pudo darle al rey un itinerario, horario (v. 6) y una lista de los materiales que necesitaría para la tarea (vv. 7–8). ¡La poderosa mano de Dios (1.10) y la mano benéfica (2.8) hicieron lo imposible!
B. Nehemías y las ruinas (vv. 9–16).
Nehemías demoró tres meses para arribar a la ciudad y lo hizo como gobernador, no como siervo. Hombre de paciencia, Nehemías esperó tres días antes de dar cualquier paso. Los enemigos vigilaban y Nehemías tenía que ser sabio y cauto. Más adelante descubrió que algunos de los nobles de Judá eran aliados de Tobías, el enemigo de los judíos (6.17–19). Por la noche investigó la situación, guardando para sí su opinión. Estaba despierto cuando los demás dormían y preocupado cuando los demás estaban despreocupados. Vio más de la situación por la noche de lo que otros podían ver a la luz.
C. Nehemías y los judíos (vv. 17–20).
Nehemías no creía en el ministerio de un solo hombre; desafió a los líderes del remanente a que trabajaran junto con él (no para él) en la reparación de las murallas. ¿El motivo? «No estemos más en oprobio». Le preocupaba la gloria de Dios y el bien de la nación. Nehemías les mostró la necesidad, delineó la tarea y les aseguró la bendición de Dios. De inmediato surgió la oposición (como siempre ocurre), pero Nehemías sabía que la mano de Dios estaba sobre él y su trabajo".
(Bosquejos expositivos de la Biblia)
miércoles, 29 de agosto de 2007
Nehemías 1:En el año 445 a.c. (poco después de Esdras), comenzó el trabajo de Nehemías; un hombre muy importante en la corte que no olvidó a su pueblo, sino que al contrario, asumió un verdadero compromiso involucrándose activamente en la restauración de su nación. Un verdadero hombre de Dios como lo fue Nehemías, no se conforma con estar bien él; se compromete y actúa bajo la dirección de Dios, hasta ver a su pueblo reconstruido, consolidado y próspero. Una vez más podemos notar, que lo primero fue la oración, la búsqueda de Dios, el ayuno. Siempre debemos empezar la restauración por la vida espiritual, de adentro hacia afuera; rescatar primero la relación con Dios, el amor y el servicio sincero a Él, y no simplemente una práctica ritual externa; volver a los principios y valores eternos de Su palabra. Cuando buscamos de corazón Al Señor, podemos confiar en que Él nos dará "buen éxito y gracia" como se lo pidió Nehemías (v. 11).
I. Nehemías ora por la obra (1)
A. El informe (vv. 1–3).
Como copero del rey, Nehemías (un judío) ostentaba una posición muy elevada en la corte. Estaba muy cerca del rey y podía gozar de su confianza. Pero Nehemías no se había olvidado de su pueblo, porque anhelantemente le pidió a su hermano noticias de Jerusalén. Léanse Salmos 122 y 137.5–6. ¡Ojalá los santos de hoy tuvieran tanto interés en su Jerusalén celestial! Las noticias eran tristes: el remanente sufría vergüenza, las murallas estaban destrozadas y las puertas quemadas. Véase Salmo 79.1–4. En lugar de ser una ciudad de alabanza y gloria, era una de vergüenza y reproche.
B. La respuesta (v. 4).
Nehemías de inmediato se preocupó por su ciudad. El hecho de que estuviera a más de 1.120 km de distancia no hacía diferencia; tampoco importó que disfrutara de lujo y prestigio en el palacio del rey. No dijo: «¡La suerte de la ciudad no es culpa mía!» De inmediato su corazón fue tocado y quería hacer algo para salvar a su ciudad. Durante cuatro meses (de diciembre a abril; véanse 1.1 y 2.1) lloró y oró. Véanse Daniel 9 y Esdras 9.
C. La petición (vv. 5–11).
Este libro muestra que Nehemías era un hombre de oración (1.4–11; 2.4; 4.4, 9; 5.19; 6.9, 14; 13.14, 22, 29, 31). El libro empieza y concluye con una oración. El versículo 6 nos dice que oraba día y noche, debido al peso que sentía por la ciudad. Nótese que Nehemías confesó sus pecados y los de su pueblo. También le recordó al Señor las promesas de su gracia (vv. 8–9) y luego se ofreció a ser el siervo de Dios para hacer algo respecto a la afligida Jerusalén. «Aquí estoy, Señor, envíame a mí». En el versículo 11 vemos que tiene fe para pedirle a Dios siervos, otros judíos que le ayuden en la tarea.
(Bosquejos expositivos de la Biblia)
martes, 28 de agosto de 2007
Esdras 10:La confesión de pecados de Esdras fue realmente sincera, y esto se demostró con las decisiones de cambio en la manera de vivir. Los líderes y la comunidad estuvieron de acuerdo en las decisiones de arrepentimiento e hicieron los ajustes necesarios, aún cuando era bastante difícil. En el Nuevo Testamento, el mensaje de Juan el bautista confirma la necesidad de un verdadero arrepentimiento: "Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. 9 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. 10 Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? 11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. 12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13 El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. 14 También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario" (Lucas 3: 8- 14). No podemos limitarnos a palabras y expresiones emocionales únicamente; es necesario tomar decisiones, cambiar la manera de pensar y de vivir, ajustándolas a la verdad de la palabra de Dios. Entonces experimentaremos una verdadera reforma, sanidad y renovación.
10.3 ¿Por qué se les ordenó a los hombres que despidieran a sus esposas e hijos? Aun cuando la medida era extrema, el matrimonio mixto con paganos estaba estrictamente prohibido (Deuteronomio 7.3, 4) y aun los sacerdotes y levitas habían incurrido en este pecado. Esto puede compararse en la actualidad con un cristiano que se casa con alguien que adora al diablo. Aunque era una solución drástica, sólo involucraba a ciento trece de las aproximadamente veintinueve mil familias.
La medida drástica de Esdras, aunque fue muy difícil para muchos, era necesaria para preservar a Israel como nación comprometida con Dios. Algunos de los cautivos del reino del norte de Israel habían perdido tanto su identidad espiritual como física por medio del matrimonio mixto. Sus cónyuges paganos habían ocasionado que el pueblo cayera en la idolatría. Esdras no quería que esto sucediera a los cautivos del reino del sur de Judá.
10.3, 4, 11 Luego de la intensa oración de Esdras, el pueblo confesó su pecado ante Dios, y pidió dirección para restaurar su relación con Él. El verdadero arrepentimiento no termina con palabras de confesión (las cuales pueden ser no más que palabras), sino que además debe llevar a una conducta correcta y a un cambio de actitud. Cuando peque y esté plenamente arrepentido, confiéselo a Dios, pida su perdón y acepte su gracia y misericordia. Luego, como un acto de gratitud por su perdón que coincide con la justicia de Dios, haga las correcciones necesarias.
10.11 Como creyentes en Cristo, todos nuestros pecados son perdonados. Su muerte nos limpió de todo pecado. ¿Por qué entonces todavía tenemos que confesarlos? Confesar es estar de acuerdo con Dios que nuestros pensamientos, palabras y acciones están equivocadas y contrarias a su voluntad. Es volver a comprometernos a hacer su voluntad y renunciar a cualquier acto de desobediencia. Confesar es apartarnos del pecado y pedirle a Dios un poder fresco para vivir para Él (Biblia del diario vivir)
lunes, 27 de agosto de 2007
Esdras 9: Cuando le comunicaron a Esdras sobre la desobediencia del pueblo, al principio establecido por El Señor de no casarse con extranjeros; él se entristeció y preocupó grandemente. Esta reacción no fue para nada exagerada, ya que precisamente por la desobediencia a los mandamientos del Señor, los Israelitas fueron llevados como esclavos a Babilonia: y apenas estaban tratando de empezar de nuevo cuando se encuentra Esdras con este problema. Muchas veces no aprendemos de nuestros propios errores, aún habiendo sufrido las consecuencias dolorosas. La acción de Esdras fue la adecuada porque confesó el pecado con arrepentimiento sincero: "Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo. 4 Y se me juntaron todos los que temían las palabras del Dios de Israel, a causa de la prevaricación de los del cautiverio; mas yo estuve muy angustiado hasta la hora del sacrificio de la tarde. 5 Y a la hora del sacrificio de la tarde me levanté de mi aflicción, y habiendo rasgado mi vestido y mi manto, me postré de rodillas, y extendí mis manos a Jehová mi Dios, 6 y dije: Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo. 7 Desde los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, a robo, y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día. 8 Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre. 9 Porque siervos somos; mas en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que inclinó sobre nosotros su misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese vida para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y darnos protección en Judá y en Jerusalén. 10 Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos, 11 que prescribiste por medio de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han llenado de uno a otro extremo con su inmundicia" (v. 3- 11).
En la primera epístola de Juan 1: 9 dice: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad". Es lo que debemos hacer cuando estemos consientes de haber ofendido al Señor por no cumplir con los principios que Él nos ha dejado en Su palabra. Estos principios tienen el propósito de ayudarnos a vivir libres, en bendición y abundancia. Ninguno de los mandamientos del Señor fue dado por capricho, y cuando los practicamos, nuestra vida funciona de la manera correcta.
9.1, 2 Desde el tiempo de los jueces, los varones israelitas se habían casado con mujeres paganas, adoptando sus prácticas religiosas (Jueces 3.5–7). Aun Salomón, el gran rey de Israel, cayó en este pecado (1 Reyes 11.1–8). A pesar de que esta práctica estaba prohibida por la Ley de Dios (Éxodo 34.11–16; Deuteronomio 7.1–4), se repitió en los días de Esdras y una vez más sólo una generación después de él (Nehemías 13.23–27). La oposición a los matrimonios mixtos no era un prejuicio racial, ya que los judíos y los no judíos de esta área tenían el mismo trasfondo semítico. Las razones eran estrictamente espirituales. El que se casara con un pagano se veía inclinado a adoptar las creencias y prácticas paganas de esa persona. Si los israelitas fueron tan insensibles para desobedecer a Dios en algo tan importante como el matrimonio, no podían ser lo suficientemente fuertes para permanecer firmes ante la idolatría de sus cónyuges. Hasta que los israelitas finalmente abandonaron esta práctica, la idolatría continuó siendo un problema constante.
9.2 Algunos israelitas se habían casado con cónyuges paganos y habían perdido la visión del propósito que Dios tenía para ellos. El Nuevo Testamento dice a los creyentes «no os unáis en yugo desigual con los incrédulos» (2 Corintios 6.14). Tales matrimonios no pueden tener unidad en el asunto más importante de la vida: el compromiso y la obediencia a Dios. Debido a que el matrimonio consiste en la unión de dos personas en una sola, la fe puede llegar a ser un asunto crucial, y un cónyuge probablemente tendrá que comprometer sus creencias para el bienestar de la unidad. Mucha gente no presta atención a este problema, sólo para lamentarse después. No permita que la emoción o la pasión lo cieguen ante la máxima importancia de casarse con alguien con quien no pueda estar unido espiritualmente.
9.5–15 Después de conocer los pecados de su pueblo, Esdras cayó de rodillas y oró. Su oración sincera nos proporciona una buena perspectiva sobre el pecado. Reconoció: (1) que el pecado era grave (9.6), (2) que nadie peca sin afectar a otros (9.7), (3) que él también había pecado, a pesar de que no tenía esposa pagana (9.10ss), (4) que el amor de Dios y su misericordia habían salvado a la nación cuando esta no había hecho nada para merecerlo (9.8, 9, 15). Es fácil ver el pecado ligeramente en un mundo que no le da mayor trascendencia; sin embargo, debemos ver al pecado con la misma seriedad con que lo vio Esdras.
9.5–15 La oración de Esdras confesó los pecados de su pueblo. Aunque él no había pecado en la forma que lo había hecho su pueblo, se identificó con sus pecados. Con llanto expresó su vergüenza por el pecado, temor por las consecuencias, y deseo de que el pueblo lo entendiera y se arrepintiera. Su oración conmovió al pueblo hasta las lágrimas (10.1). Esdras demostró la necesidad de una comunidad santa que rodeara al templo reconstruido. También necesitamos en nuestras iglesias locales una comunidad santa. Aun en medio de nuestros peores pecados, podemos volvernos a Dios con oraciones de arrepentimiento. (Biblia del diario vivir)
viernes, 24 de agosto de 2007
Esdras 8:"Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio" (v. 23). Una de las características más sobresalientes de Esdras, fue su vida de oración. Sabía que El Señor lo escuchaba y buscaba siempre Su ayuda, Su respuesta y bendición: "Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes" (v. 21). Necesitamos desarrollar el hábito de buscar a Dios, de afligirnos en Su presencia con alguna frecuencia, reconociendo nuestras faltas y nuestra necesidad y dependencia de Él, volver nuestro corazón a Él y pedirle "camino derecho para nosotros, para nuestros niños y para todos nuestros bienes". A través del libro se repite una y otra vez la expresión "la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros" (v. 31): La mano de Dios sobre nosotros significa Su ayuda, Su provisión, Su dirección, Su protección; sin las cuales estaríamos expuestos a los ataques del enemigo sin ninguna protección.
"El capítulo 8 menciona los nombres de las familias y los hombres que acompañaron a Esdras en su peligroso viaje a Jerusalén. Era importante que los levitas fueran también, porque era su deber estudiar la Palabra y enseñarla al pueblo. Por desgracia, Esdras tuvo que «reclutar» a algunos de los levitas, porque no querían ir voluntariamente (vv. 15–20). Esdras proclamó ayuno, porque sabía que sólo Dios podía prosperar su viaje. El mismo testimonio de la nación estaba en juego; porque Esdras le dijo al rey que no necesitaría escolta militar, por cuanto el Señor los cuidaría. Su ayuno y oración, así como la respuesta de Dios, debe ahora motivarnos a una conducta similar (vv. 21–23). Esdras escogió a veintidós hombres piadosos para llevar los tesoros (vv. 24–30) y les advirtió que Dios les pediría cuentas cuando llegaran a Jerusalén. Qué hermoso cuadro de la mayordomía cristiana de hoy. Dios nos ha confiado los tesoros espirituales y en el tribunal de Cristo daremos cuenta de nuestra mayordomía. El grupo partió en abril de 458 y llegó a Jerusalén en julio, viajando un promedio de 11 km diarios. El pueblo depositó los tesoros y se halló que cada hombre fue fiel. Atendieron la advertencia de Esdras: «¡Vigilad y guardadlos!» (8.29). (Bosquejos expositivos de la Biblia)
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