martes, 20 de marzo de 2007

Jueces 16:
El hombre que tenía una gran fuerza tenía también una gran debilidad. Se acostumbró a dejarse dominar por sus deseos. Los malos deseos al principio son como cachorros de león, que tenemos en nuestra casa como mascotas. Es inevitable que vivan en nuestra casa (por nuestra naturaleza pecaminosa). Pero podemos aprender a domarlos viviendo llenos del Espítu Santo; para que no nos controlen, sino al contrario, dominarlos nosotros. Eso fue lo que no aprendió Sansón, y esos malos deseos lo destruyeron.
La estrategia del enemigo (Satanás) es el engaño (v. 5). Su propósito es atarnos y dominarnos (v. 5). Conoce nuestras debilidades y va a estar diariamente "presionándonos e importunándonos" (v. 16). Si se lo permitimos (si "jugamos con el pecado" como Sansón); nuestra alma será "reducida a mortal angustia" y seremos vencidos. NO olvidemos que "el ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir" (Juan 10: 10)

lunes, 19 de marzo de 2007

Jueces 15:
Sansón luchó contra los filisteos, más por motivos personales que por los propósitos de Dios. Necesitamos poner los planes y propósitos de Dios, por encima de los nuestros. El Señor de manera soberana, lo respaldó llenándolo con Su Espíritu y dándole la victoria. Pero Sansón no supo reconocerlo. Su gran fortaleza física le dificultó depender de Dios y confiar en Él. Se apoyó en sí mismo y no en Dios.
15.14–17 La fuerza de Jehová vino a Sansón, pero este en su arrogancia solo vio su propia fuerza. «Con la quijada de un asno maté a mil hombres» dijo, y luego pidió a Dios que lo refrescara por sus hazañas (15.16–18). La arrogancia logra que nos atribuyamos la gloria por las cosas que hicimos exclusivamente con el poder de Dios.
15.18 Sansón estaba exhausto tanto física como emocionalmente. Después de una gran victoria personal, su actitud pronto decayó hasta la auto compasión: «¿Y moriré yo ahora de sed?» Desde el punto de vista emocional, somos más vulnerables después de un gran esfuerzo o cuando nos enfrentamos a necesidades físicas reales. A las grandes hazañas siempre le sigue una severa depresión, así que no se sorprenda si usted se siente consumido después de una victoria personal.
Durante estos momentos de vulnerabilidad, evada la tentación de pensar que Dios le debe algo por sus esfuerzos. Fue su fuerza la que le dio la victoria. Concéntrese en mantener sus actitudes, acciones y palabras enfocadas en Dios y no en usted.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

domingo, 18 de marzo de 2007

Jueces 14:
Un joven con un potencial enorme, privilegiado por los padres que tenía, por la elección de Dios para una misión especial y por mucho más. Cada uno de nosotros somos privilegiados también, por todo lo que hemos recibo de Dios. Tal vez no tengamos lo que otros tienen, pero todos somos especiales, tenemos nuestras propias habilidades y oportunidades; ¿las valoramos y aprovechamos?
Sansón nació en un hogar piadoso, de padres que creían en la oración. Fue el don especial de Dios para ellos y para la nación. Tenía un padre que oraba: «[que] nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer» (v. 8; y véase v. 12). Sus padres temían a Dios y trataron de infundir el mismo temor en su hijo. Trajeron ofrendas a Dios y se atrevieron a creer en sus maravillosas promesas.
Dios le dio a Sansón una investidura especial del Espíritu Santo que le hizo vencedor. Dios llamó a Sansón a ser un nazareo («separado»), completamente sometido al Señor. De acuerdo a Números 6 un nazareo nunca debía beber licor ni tocar un cadáver; y la señal de su dedicación sería su cabello sin cortar.
¡Toda esta maravillosa herencia menospreció Sansón ya adulto! En lugar de ponerse en las manos de Dios para realizar la tarea dada por Dios, decidió vivir como le placía. Qué trágico es cuando Dios le da a un joven una maravillosa herencia y una gran oportunidad y la toma a la ligera.

Wiersbe, Warren W., Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT, (Nashville, TN: Editorial Caribe Inc.) 2000, c1995.

sábado, 17 de marzo de 2007

Jueces 13:
El pueblo había vuelto a pecar contra Dios y los filisteos los oprimieron por 40 años. Dios decidió darle un hijo a una pareja que no podía tener hijos para que fuera el libertador de Israel. Dios Padre envió a Su Hijo para liberarnos de la esclavitud bajo la cual el diablo nos tenía; y nos convirtió en Sus instrumentos para dar a conocer esta libertad a otros para que también sean libres
El Señor le habló a una mujer que era estéril, prometió darle un hijo que iba a ser consagrado al servicio de Dios y lograría la liberación de su pueblo. Era determinante que siguieran las directrices que el ángel del Señor les dio.
Así como Sansón, Dios quiere que cada uno de nosotros vivamos consagrados, apartados para Él y dedicados a Él. Esto no es solamente para los dedicados a la obra de Dios exclusivamente. En nuestra profesión, en nuestra ocupación cualquiera que sea: podemos y necesitamos consagrarnos (vivir para Él).

viernes, 16 de marzo de 2007

Jueces 12:
Después de la victoria de Jefté, hubo problemas con la tribu de Efraín porque ellos tuvieron celos por no haber participado en la batalla. Debemos tener especial cuidado cuando tenemos victorias y éxitos, con las actitudes y acciones posteriores. En el caso de Israel lo que vino fue, celos, envidia, guerra civil.
Por lo general, Jefté hablaba antes de actuar, pero esta vez su venganza fue rápida. Israel pagó un precio muy alto por algo que pudo haberse evitado. Los insultos y la envidia no son la respuesta correcta cuando sentimos que se nos deja fuera. Pero vengarse por un insulto es igualmente malo y muy costoso.
¿Cómo enfrenta usted sus conflictos? Hay mucha diferencia entre tratar de resolver un conflicto mediante palabras y contraatacar a alguien en forma verbal. ¿Qué tan confiable es su palabra? ¿Lo consideran sus hijos, amigos y compañeros de trabajo una persona de palabra? La medida de su confiabilidad es su disposición a adquirir responsabilidad, aun cuando tenga que pagar un alto precio por algo que haya dicho.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

jueves, 15 de marzo de 2007

Jueces 11:
Un hombre que no tenía mucho a su favor para llegar a ser un líder, alguien que pudiera asumir el desafío de guiar a su pueblo en momentos difíciles. Jefté era hijo de una prostituta, fue rechazado por su familia. Pero también resalta la Escritura dos características importantes en él; era esforzado y valeroso. Las dos cosas que le pidió El Señor a Josué repetidas veces, "esfuérzate y sé valiente". Hoy es difícil encontrar estas características, en un mundo donde se busca más lo rápido y fácil. En la misma iglesia hay la tendencia a buscar experiencias rápidas, puntuales, que no impliquen mucho esfuerzo ni compromiso. Debemos romper esa tendencia.
Dios le dio una gran victoria a Jefté, pero él cometió un gran error: hacer un voto que Dios no le estaba pidiendo y que además era contrario a Su voluntad. Ofrecer en sacrificio a una persona por la victoria. Dios no nos pide esa clase de ofrendas, las aborrece. Él nos pide una entrega del corazón, una vida para él sirviendo a los demás.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Jueces 10:
1-5: Durante 45 años la nación disfruta de dos buenos gobiernos, que trajeron descanso de la guerra, la destrucción y la aflicción. Oremos por gobernantes justos que teman a Dios, y por una verdadera conversión a Dios de nuestras naciones; para que vengan tiempos de restauración, paz y prosperidad.
¿Qué está usted haciendo para Dios que sea digno de ser señalado? Cuando su vida termine, ¿recordará la gente algo más que su cuenta en el banco o el números de años que vivió?
¿Es Dios nuestro último recurso? Tanto sufrimiento innecesario se debe a que no clamamos a Dios sino hasta que hemos agotado todos los demás recursos. En lugar de esperar a que la situación se vuelva desesperada, vuelva sus ojos a Dios en primer lugar. Él tiene los recursos necesarios para resolver cualquier tipo de problema.
10.11–16 Estos versículos muestran cuan difícil puede ser seguir a Dios hasta el final. Siempre parecía que cuando todo iba bien, los israelitas se olvidaban de Dios. Pero a pesar de ser rechazado por su propio pueblo, Dios nunca dejó de rescatarlos cuando clamaban a Él con arrepentimiento. Dios tampoco deja de rescatarnos a nosotros. Actuamos tal como los israelitas cuando ponemos a Dios fuera de nuestros sucesos cotidianos, en lugar de en el centro de ellos. De la misma manera que un padre amoroso se siente rechazado cuando un hijo se rebela, así también Dios siente un gran rechazo cuando lo ignoramos o lo abandonamos (1 Samuel 8.4–9; 10.17–19; Juan 12.44–50). Debemos luchar para mantenernos cerca de Dios en lugar de ver cuan lejos podemos llegar antes de que venga el juicio.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.