1 Samuel 13:
Saúl tomó la iniciativa de organizar un ejército después de dos años de estar gobernando. Los filisteos los oprimían duramente por mucho tiempo y fue su hijo Jonatán el que tomó la iniciativa de atacarlos (v. 1-3). Sabemos que nuestra lucha hoy no es contra personas, sino contra grandes males que amenazan al individuo, la familia y la sociedad (violencia, mentira, corrupción, etc.). Atrevámonos a luchar, a tomar la iniciativa de hacerle frente a todo eso.
El pueblo respondió al llamado de Saúl para la guerra y acudieron, pero estaban asustados porque las posibilidades que tenían eran mínimas ante las fuerzas de los filisteos. Muchos decidieron esconderse (v. 6) y otros iban con Saúl pero temblando de miedo (v. 4-7).
Por la premura de la situación Saúl cometió un grave error, asumiendo algo que le correspondía exclusivamente al profeta Samuel. No supo esperar "el cómo y el cuándo de Dios". Samuel le dijo: " Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. 14Mas ahora tu reino no será duradero". Si queremos victorias, logros y alcances duraderos, debemos actuar a la manera de Dios y no a la nuestra. Luchar en Su fuerza y no en la nuestra, mirar las circunstancias desde Su perspectiva y no desde la nuestra.
El ejército de Israel además de ser menor en número, estaba desarmado. Sin embargo veremos en el capítulo siguiente, que Dios les dio una victoria sobrenatural. Si somos diligentes en hacer nuestra parte a la manera de Dios; Él hará lo que nosotros no podemos, con Su poder y recursos sobrenaturales.
Ahora le llegó a Israel el día de congregarse en Gilgal como Samuel y Saúl acordaron meses antes (10.8). Nótese cómo Saúl se adjudica la victoria que obtuvo su hijo en Gabaa para impresionar al pueblo y lograr que lo siguieran. La vasta horda de filisteos empezó a reunirse, y mientras más esperaba Saúl, más peligrosa se ponía su situación. Si atacaba de inmediato, podía derrotar al enemigo, pero su demora sólo les daba la oportunidad de fortalecerse. La impaciencia (e incredulidad) de Saúl le condujo a actuar sin Samuel de modo que cuando Saúl estaba ofreciendo el sacrificio apareció el profeta. Los versículos 11–12 narran las excusas de Saúl mientras trataba de echarle la culpa a Samuel y al pueblo. «¡Me esforcé!», le dijo a Samuel, pero el profeta sabía la verdad. Este era el principio del fin: si Dios no podía confiar en él para algo tan pequeño, ¿cómo podría confiarle el reino? La impaciencia de Saúl le costó el reino
Wiersbe, Warren W., Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT, (Nashville, TN: Editorial Caribe Inc.) 2000, c1995.
1 Samuel 12:
Samuel confrontó al pueblo hablándoles de su desempeño como líder, haciéndoles reconocer ante Dios y su nuevo rey; que nunca les robó, ni los engañó, ni aceptó sobornos. Ellos reconocieron que así había sido (v. 1-5). ¡Cuanta falta nos hace hoy tener esa clase de líderes!; con vidas rectas, integridad, valores y principios. Necesitamos empezar por ser cada uno en nuestros roles de esposos, padres, trabajadores, etc. ; ejemplos de integridad.
También les recordó su historia como pueblo. Dios los sacó de la esclavitud de Egipto por mano de Moisés y Aarón, sin embargo ellos se olvidaron de Él y por eso sufrieron las consecuencias. Fueron dominados por los enemigos y cuando reconocieron su pecado y se volvieron a Él; Dios levantó a los jueces, que fueron líderes que los libraron de esos enemigos y ahora vivían en paz (v. 6-13).
Samuel hizo una solemne declaración: "si obedecen y sirven sólo al Señor Él los bendeciá y ustedes vivirán en paz" (v. 14).
¿Qué debemos hacer?: no apartarnos del Señor sino servirle con todo nuestro corazón (v. 20), no apartarnos en pos de vanidades (lo efímero y temporal v. 21), temer al Señor (respeto por amor y no miedo) y servirle de verdad con todo nuestro corazón (v. 24). El Señor promete no desampararnos porque Él ha querido hacernos pueblo suyo (v. 22).
12.24 Esta es la segunda vez en el discurso de despedida que Samuel recordaba al pueblo que dedicara un tiempo para considerar cuán grandes cosas había hecho Dios por ellos (véase 12.7). Dedicar tiempo para la reflexión nos permite centrar nuestra atención en la bondad de Dios y fortalece nuestra fe. En ocasiones estamos tan orientados hacia el progreso y el futuro que no nos damos el tiempo para reflexionar sobre todo lo que Dios ya hizo. Haga un hábito el recordar lo que Dios ha hecho por usted para que pueda seguir adelante con agradecimiento.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.
1 Samuel 11:
11.1ss Por estos días, Israel era muy susceptible a las invasiones de las tribus saqueadoras tales como estos amonitas del este del río Jordán. El liderazgo que ejerció Saúl en esta batalla contra esta tribu de guerreros sirvió para unir a la nación y demostró que Saúl era un valioso gobernante militar. El reinado de Saúl se vio fortalecido al salvar a la nación de la desgracia y al perdonar la vida de los que lo habían criticado.
11.3 ¿Por qué dio Nahas a la ciudad de Jabes de Galaad siete días para encontrar un ejército para que los ayudara? Ya que Israel estaba todavía desorganizado, Nahas estaba apostando que nadie vendría en ayuda de la ciudad. Esperaba tomar la ciudad sin pelear y así evitar una batalla. Además quizá no estaba preparado para atacar la ciudad ya que un sitio contra sus murallas podría durar semanas o meses.
11.6 La ira es una emoción poderosa. A menudo lleva a las personas a herir a otras con palabras o con violencia física. Pero la ira dirigida al pecado o al maltrato de otros no es mala. Saúl estaba enojado por la amenaza de los amonitas de humillar y maltratar a sus amigos israelitas. El Espíritu Santo utilizó la ira de Saúl para traer justicia y libertad. Cuando la injusticia y el pecado lo hagan enojar, pregunte a Dios cómo puede canalizar esa ira de una manera constructiva para ayudar a un cambio positivo.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.
1 Samuel 10:
Saúl fue elegido por Dios para ser rey de Israel, fue ungido (v. 1), fue enviado a la compañía de profetas donde profetizó con ellos (v. 5, 10), fue mudado por Dios en otro hombre al venir sobre él el Espíritu Santo (6, 9, 10). En Pentecostés El Señor envió Su Espíritu sobre la iglesia y ahora Él habita en cada creyente, para mudarnos en otro hombre o mujer, y capacitarnos para el servicio. Necesitamos vivir llenos del Espíritu para ser efectivos en nuestra manera de vivir y en la obra de Dios, profetizando como Saúl (llevando Su palabra).
En el momento de ser reconocido públicamente como rey ante el pueblo, Saúl se escondió (v. 22). A veces nos escondemos de nuestras responsabilidades por temor, por inseguridad, porque nos sentimos incapaces o insuficientes. Pero debemos recordar que son la suficiencia y el poder de Dios en nosotros, los que nos capacitan para los grandes desafíos y oportunidades que Él pone en nuestro camino.
1 Samuel 9:
El relato sobre Saúl, nos muestra a un hombre privilegiado: de buena familia con un nivel socio-económico bueno (tenían varias asnas lo que era muestra de riqueza), un papá con buena reputación (valeroso), bien parecido y muy alto. A todo esto hay que agregarle que El Señor lo escogió para que fuera el primer rey de Israel. Cada uno de nosotros debemos reconocer que igualmente, hemos recibido de Dios diferentes cualidades, oportunidades y bendiciones, que debemos aprender a reconocer, apreciar y aprovechar, para el cumplimiento de Sus propósitos y nuestra propia realización como personas.
Es muy interesante ver cómo El Señor utilizó una situación cotidiana, como fue la pérdida de las asnas; para guiar a Saúl hacia el cumplimiento de Sus planes. El consejo de su siervo, el encuentro con Samuel; todo fue usado por Dios para llevarlo a descubrir el llamado, la elección y el ministerio que tenía para él.
Igualmente El Señor quiere hacerlo con nosotros. Aún las situaciones más sencillas y cotidianas, las personas que conocemos y las que no conocemos, hablarnos por medio de Su Palabra y por medio de circunstancias y personas. Todo lo quiere usar El Señor para hablarnos. Tal vez como Saúl, nos cueste trabajo oír, entender y creer (Saúl preguntó: ¿por qué, pues, me has dicho cosa semejante?). Dispongámonos a ser guiados por Dios, a aceptar el llamado. a reevaluar nuestras creencias y valores, a descubrir el plan maravilloso que Él tiene para nosotros, a vivir la aventura que Él ha preparado para cada uno de nosotros.
1 Samuel 8:
V. 3: "...pero no anduvieron los hijos en los caminos de su padre...". Es lamentable que los hijos de grandes hombres como Samuel, no siguieran su ejemplo. En ocasiones y en parte, se podría atribuir a errores de los padres. No hay padres perfectos. Pero independiente de esas fallas, nunca hay escusa para esos hijos; especialmente en casos como este en el que Samuel fue un buen ejemplo. Lo jóvenes tienen la oportunidad y la responsabilidad, de tomar la posta y dar continuidad a la misión que sus padres, que aman y sirven a Dios, iniciaron.
8.4–9 Israel quería un rey por varias razones: (1) los hijos de Samuel no eran los adecuados para guiar a Israel. (2) Las doce tribus de Israel continuamente tenían problemas al trabajar juntas porque cada una de ellas tenía su propio líder y territorio. Se esperaba que un rey uniría las tribus en una nación y en un ejército. (3) El pueblo quería ser como las naciones vecinas. Esto es exactamente lo que Dios no quería. El tener un rey facilitaría que se olvidaran de que Dios era su verdadero líder. No estaba mal que Israel pidiera un rey. Dios había mencionado la posibilidad en Deuteronomio 17.14–20. Pero, en realidad el pueblo estaba rechazando a Dios como su líder. Los israelitas querían leyes, un ejército y un monarca humano en el lugar de Dios. Querían administrar la nación con los recursos humanos, aun cuando sólo la fuerza de Dios podía hacerlos florecer en la hostil tierra de Canaán.
8.5, 6 El pueblo clamó por un rey, pensando que un nuevo sistema de gobierno traería consigo un cambio en la nación. Pero ya que su problema básico era la desobediencia a Dios, sus otros problemas continuarían bajo la nueva administración. Lo que necesitaban era una fe unificada y no un gobierno unificado.
Si los israelitas se hubieran sometido al liderazgo de Dios, habrían prosperado más allá de sus expectativas (Deuteronomio 28.1). Nuestra obediencia se debilita si pedimos a Dios que guíe a nuestra familia o vida personal, pero continuamos viviendo con los valores y normas del mundo. La fe en Dios debe tocar todas las áreas prácticas de nuestra vida.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.
1 Samuel 7:
V. 3: Cuando le hemos fallado al Señor Él nos llama a volvernos a Él de todo corazón, quitar los dioses ajenos (todo lo que no le agrada), preparar nuestro corazón a Él y servirle sólo a Él.
V. 5, 6: Ellos se reunieron para que el profeta orara por ellos y ayunaron. Se arrepintieron, lo que significa cambiar la manera de pensar y de vivir. el versículo 9 dice que El Señor oyó a Samuel cuando clamó por el pueblo. El Señor "tronó" contra sus enemigos y los atemorizó (a los enemigos) y los venció. El arrepentimiento sincero, la oración y el ayuno; son las armas espirituales que nos dan la victoria. El Señor Jesucristo es nuestro "Eben-ezer" (piedra de ayuda).
7.2, 3 Israel lloró y se afligió durante veinte años. El arca fue guardada como se pone una caja sin valor en un ático, y parecía como si el Señor hubiera abandonado a su pueblo. Samuel, ahora adulto, los estimuló para que actuaran diciéndoles que si realmente estaban avergonzados, debían hacer algo al respecto. Cuan fácil es para nosotros quejarnos por nuestros problemas, hasta con Dios, mientras que nos negamos a actuar, a cambiar, y a hacer lo que debemos hacer. Ni siquiera seguimos el consejo que Dios nos ha dado. ¿Ha sentido alguna vez como si Dios lo hubiera abandonado? Revise para ver si hay algo que Él ya le haya dicho que haga. Quizá no reciba nuevas instrucciones hasta que haya actuado conforme a sus instrucciones previas.
7.3 Samuel urgió a los israelitas para que se deshicieran de sus dioses extraños. Hoy día, los ídolos son mucho más sutiles que los dioses de madera y de piedra, pero son igualmente peligrosos. Cualquier cosa que tenga el primer lugar en nuestra vida o que nos controle se convierte en nuestro dios. Dinero, éxito, bienes materiales, orgullo o cualquiera otra cosa puede ser un ídolo si toma el lugar de Dios en nuestras vidas. Sólo Dios merece nuestro culto y adoración, y no debemos permitir que tenga rivales. Si tenemos «dioses extraños» en nuestra vida, necesitamos pedir a Dios que nos ayude a destronarlos, haciendo del verdadero Dios nuestra primera prioridad.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.