martes, 17 de abril de 2007

1 Samuel 17:
La historia de David y Goliat es familiar y lleva consigo muchas lecciones prácticas para la vida cristiana. Todos enfrentamos gigantes de una clase u otra, pero podemos vencerlos mediante el poder de Dios. Goliat medía probablemente tres metros de estatura y su armadura pesaba ciento cincuenta libras. Era «el filisteo» (17.8), su gran campeón, y era tan aterrador que llenó de pánico al ejército judío (v. 11). Si Saúl hubiera sido un líder piadoso, hubiera clamado Deuteronomio 20 y conducido a su ejército a la victoria; pero cuando la gente está fuera de la comunión con Dios, sólo pueden llevar a otros a la derrota.
David llegó con provisiones para sus hermanos e inmediatamente se interesó en el desafío del gigante. Nótese que sus mismos hermanos lo acusaron y trataron de desanimarlo: Satanás siempre tiene a alguien que nos dice: «No se puede hacer». Hasta Saúl trató de disuadirlo: «No podrás» (v. 33). Pues bien, en sí mismo David no podía, pero en el poder del Señor vencería a cualquier enemigo. (Véanse Flp 4.13; Ef 3.20–21.) Saúl trató de darle a David alguna armadura, pero puesto que nunca la había usado, David la rehusó. ¡Imagínese a Saúl diciéndole a alguien cómo obtener la victoria! David había probado el poder de Dios en privado en los campos cuidando sus ovejas; y ahora demostraría este poder públicamente para la gloria de Dios. Nótese cómo en todo este episodio David le da la gloria a Dios.
La lección práctica aquí es que Dios da la victoria en respuesta a nuestra fe. Dios había probado a David a solas con un león y un oso; ahora iba a probarlo ante todos con un gigante. Si somos fieles en las batallas privadas, Dios nos hará salir adelante en las pruebas públicas. Demasiado a menudo el pueblo de Dios desmaya ante la más pequeña prueba que se cruza en su camino, sin darse cuenta de que las «pruebas pequeñas» no son sino preparación para las batallas mayores que de seguro vendrán (Jer 12.5). David usó armas sencillas, humildes: una honda y cinco piedras (véanse 1 Co 1.27–28 y 2 Co 10.3–5). David sabía cómo se le dio la victoria a Gedeón con armas débiles y sabía que el Dios de Gedeón no estaba muerto. Ni las críticas de sus hermanos, ni la incredulidad de Saúl, evitaron que David confiara en Dios para la victoria. La piedra dio en el banco; ¡el gigante cayó y David usó la espada del gigante para cortarle la cabeza! Esta victoria abrió el camino para que Israel atacara a los filisteos y saqueara el campamento. «Y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe» (1 Jn 5.4). Somos «más que vencedores».
Wiersbe, Warren W., Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT, (Nashville, TN: Editorial Caribe Inc.) 2000, c1995.

lunes, 16 de abril de 2007

1 Samuel 16:
Después de muchos años de tener paciencia con Saúl y darle innumerables oportunidades, El Señor decide enviar a Samuel para que unja a un nuevo rey. Si somos obstinados y no reaccionamos al amor y el llamado de Dios a volvernos y arrepentirnos; llega el día en que, precisamente en Su amor Él aplica disciplina. Tal vez eso implique que alguien más tenga que asumir el llamado, las oportunidades y la bendición que nosotros desechemos.
Dios le dijo a Samuel: "...me he provisto de rey" (v. 1). Él es quien elige, prepara, llama y transforma a los hombres y mujeres que llevemos a cabo Su obra. Para ese servicio El Señor mira nuestro corazón y no la apariencia (v. 7). Un corazón sincero que aprenda a amarlo y a entregarse en obediencia y servicio. A David, ni siquiera lo habían llamado para que estuviera ante el profeta, habiéndole dicho a Isaí que llamara a todos sus hijos. Humanamente, no fue tenido en cuenta porque era el menor, porque era el que cuidaba las ovejas, porque tal vez era el que menos calificaba. Pero Dios miró su corazón y le agradó (v. 11).
"Levántate y úngelo, porque éste es... y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David" (v. 12, 13): esas palabras se aplican a nosotros que por la obra del Señor Jesús en la cruz, hemos sido redimidos, lavados de nuestros pecados, adoptados como hijos de Dios, llamados a servirle. "Este es": tú y yo "somos"; elegidos en su gracia (regalo inmerecido), al aceptar al Señor Jesús abriéndole nuestro corazón y entregándole nuestra vida; recibimos su Santo Espíritu que nos "únge", viniendo sobre nosotros así como el aceite se derramaba sobre la cabeza del rey que era ungido, para capacitarnos, guiarnos, darnos el poder para vivir para El Señor y servirle.

domingo, 15 de abril de 2007

1 Samuel 15:
15.2-3 ¿Por qué ordenó Dios tan tremenda destrucción? Los amalecitas eran una banda de terroristas guerrilleros. Vivían de atacar a otras naciones para apoderarse de sus riquezas y sus familias. Fueron los primeros en atacar a los israelitas cuando estos entraron en la tierra prometida, y siguieron atacando los campos israelitas cada vez que tenían la oportunidad. Dios sabía que los israelitas nunca podrían vivir pacíficamente en la tierra prometida mientras existieran los amalecitas. También sabía que sus prácticas corruptas e idólatras amenazaban la relación de los israelitas con Él. La única forma de proteger el alma y el cuerpo de los israelitas era destruir completamente a esa nación guerrera y todas sus posesiones, incluyendo sus ídolos.
15.9 Saúl y sus hombres no destruyeron todo el botín de guerra como lo ordenó Dios (15.3). La ley de dedicar algo —apartarlo— enteramente para la destrucción era bien conocida para los israelitas. Cualquier cosa que estuviera bajo la «prohibición» de Dios debía ser completamente destruido (Deuteronomio 20.16–18). Dios quería evitar que la idolatría invadiera a Israel, porque muchas de sus cosas de valor eran ídolos. El violar esta ley era castigado con la muerte (Josué 7). Mostraba falta de respeto y total desacato a Dios porque violaba directamente su mandamiento.
Cuando encubrimos el pecado para proteger lo que tenemos o para beneficiarnos materialmente, no estamos siendo listos, sino desobedeciendo la ley de Dios. La obediencia selectiva no es más que otra clase de desobediencia.
15.13, 14 Saúl pensó que había ganado una gran victoria sobre los amalecitas, pero Dios lo vio todo como un gran fracaso. Saúl lo había desobedecido y luego había mentido a Samuel acerca de los resultados de la batalla. Quizás Saúl pensó que su mentira no sería detectada, o que lo que había hecho no era malo. Saúl se engañaba a sí mismo.
La gente que no es veraz llega a creer las mentiras que lanza a su derredor. Después deja de ver la diferencia entre lo que es verdad y lo que es mentira. Al creer sus propias mentiras, se engaña a sí misma, se aisla de Dios y pierde credibilidad frente a los demás. A la larga, la verdad triunfa.
15.22, 23 Este es el primero de los numerosos lugares en la Biblia donde se repite el tema «obedecer es mejor que los sacrificios» (Salmos 40.6–8; 51.16, 17; Proverbios 21.3; Isaías 1.11–17; Jeremías 7.21–23; Oseas 6.6; Miqueas 6.6–8; Mateo 12.7; Marcos 12.33; Hebreos 10.8, 9). ¿Estaba diciendo Samuel que el sacrificio no tenía importancia? No, estaba exhortando a Saúl a que analizara las razones por las que hacía el sacrificio y no el sacrificio mismo. Un sacrificio era una transacción ritual entre el hombre y Dios que demostraba físicamente una relación entre ambos. Pero si el corazón de la persona no estaba completamente arrepentido o si no amaba verdaderamente a Dios, el sacrificio era un ritual vacío. Las ceremonias religiosas o los rituales son vacíos a menos que se lleven a cabo con una actitud de amor y obediencia. «Ser religioso» (ir a la iglesia, servir en una actividad, dar limosna) no basta si no practicamos nuestra devoción ni la obediencia a Dios.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

sábado, 14 de abril de 2007

1 Samuel 14:
14.1ss En este capítulo leemos acerca del pobre trabajo que hizo Saúl como líder: no tuvo comunicación con Jonatán (14.1, 17), pronunció una maldición insensata (14.24) e ignoró el bienestar de sus propios soldados (14.31). El liderazgo deficiente de Saúl no fue el resultado de rasgos de personalidad, sino de un carácter espiritual en decadencia. Lo que hacemos es a menudo resultado directo de nuestra condición espiritual. No podemos ignorar la importancia del carácter espiritual en un liderazgo efectivo.
14.1 ¿Por qué iría Jonatán sólo a atacar a los filisteos? Jonatán pudo haber estado cansado del largo y desesperanzado empate en la batalla. Confiaba en que Dios daría la victoria y quiso actuar con base en esa confianza. Además sabía que el número de filisteos no era problema para Dios. Quizá no dijo a su padre nada acerca de su misión porque pensó que Saúl no lo hubiera dejado ir.
14.6 Jonatán y su escudero no representaban una fuerza que pudiera atacar al inmenso ejército filisteo. Pero mientras todos los demás tenían miedo, ellos confiaron en Dios, sabiendo que el tamaño del ejército enemigo no restringiría la capacidad de Dios para ayudarlos. Dios honró la fe y la acción valerosa de estos dos hombres con una victoria tremenda.
¿Se ha sentido alguna vez rodeado por el «enemigo» o ha enfrentado circunstancias abrumadoras? Dios no se intimida nunca por el tamaño del enemigo o por la complejidad de un problema. Con Él, siempre hay suficientes recursos para resistir las presiones y ganar las batallas. Si Dios lo ha llamado a actuar, comprometa valientemente con Dios los recursos que posea y deposite su confianza en Él para que le dé la victoria.
14.12 Jonatán no tenía la autoridad para guiar todas las tropas a la batalla, pero pudo comenzar una pequeña escaramuza en una esquina del campo enemigo. Cuando lo hizo, el pánico se apoderó de los filisteos. Los hebreos que habían sido reclutados en el ejército filisteo hicieron una revuelta y los hombres que se escondieron en las montañas recobraron su valor y regresaron para pelear.
Cuando se enfrente a un obstáculo que está más allá de su control, pregúntese: «¿Qué pasos puedo dar ahora para encontrar una solución?» Quizá unos pocos sean justamente lo que se necesita para echar a rodar la cadena de acciones que lo llevarán a la victoria final.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

viernes, 13 de abril de 2007

1 Samuel 13:
Saúl tomó la iniciativa de organizar un ejército después de dos años de estar gobernando. Los filisteos los oprimían duramente por mucho tiempo y fue su hijo Jonatán el que tomó la iniciativa de atacarlos (v. 1-3). Sabemos que nuestra lucha hoy no es contra personas, sino contra grandes males que amenazan al individuo, la familia y la sociedad (violencia, mentira, corrupción, etc.). Atrevámonos a luchar, a tomar la iniciativa de hacerle frente a todo eso.
El pueblo respondió al llamado de Saúl para la guerra y acudieron, pero estaban asustados porque las posibilidades que tenían eran mínimas ante las fuerzas de los filisteos. Muchos decidieron esconderse (v. 6) y otros iban con Saúl pero temblando de miedo (v. 4-7).
Por la premura de la situación Saúl cometió un grave error, asumiendo algo que le correspondía exclusivamente al profeta Samuel. No supo esperar "el cómo y el cuándo de Dios". Samuel le dijo: " Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. 14Mas ahora tu reino no será duradero". Si queremos victorias, logros y alcances duraderos, debemos actuar a la manera de Dios y no a la nuestra. Luchar en Su fuerza y no en la nuestra, mirar las circunstancias desde Su perspectiva y no desde la nuestra.
El ejército de Israel además de ser menor en número, estaba desarmado. Sin embargo veremos en el capítulo siguiente, que Dios les dio una victoria sobrenatural. Si somos diligentes en hacer nuestra parte a la manera de Dios; Él hará lo que nosotros no podemos, con Su poder y recursos sobrenaturales.
Ahora le llegó a Israel el día de congregarse en Gilgal como Samuel y Saúl acordaron meses antes (10.8). Nótese cómo Saúl se adjudica la victoria que obtuvo su hijo en Gabaa para impresionar al pueblo y lograr que lo siguieran. La vasta horda de filisteos empezó a reunirse, y mientras más esperaba Saúl, más peligrosa se ponía su situación. Si atacaba de inmediato, podía derrotar al enemigo, pero su demora sólo les daba la oportunidad de fortalecerse. La impaciencia (e incredulidad) de Saúl le condujo a actuar sin Samuel de modo que cuando Saúl estaba ofreciendo el sacrificio apareció el profeta. Los versículos 11–12 narran las excusas de Saúl mientras trataba de echarle la culpa a Samuel y al pueblo. «¡Me esforcé!», le dijo a Samuel, pero el profeta sabía la verdad. Este era el principio del fin: si Dios no podía confiar en él para algo tan pequeño, ¿cómo podría confiarle el reino? La impaciencia de Saúl le costó el reino
Wiersbe, Warren W., Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT, (Nashville, TN: Editorial Caribe Inc.) 2000, c1995.

jueves, 12 de abril de 2007

1 Samuel 12:
Samuel confrontó al pueblo hablándoles de su desempeño como líder, haciéndoles reconocer ante Dios y su nuevo rey; que nunca les robó, ni los engañó, ni aceptó sobornos. Ellos reconocieron que así había sido (v. 1-5). ¡Cuanta falta nos hace hoy tener esa clase de líderes!; con vidas rectas, integridad, valores y principios. Necesitamos empezar por ser cada uno en nuestros roles de esposos, padres, trabajadores, etc. ; ejemplos de integridad.
También les recordó su historia como pueblo. Dios los sacó de la esclavitud de Egipto por mano de Moisés y Aarón, sin embargo ellos se olvidaron de Él y por eso sufrieron las consecuencias. Fueron dominados por los enemigos y cuando reconocieron su pecado y se volvieron a Él; Dios levantó a los jueces, que fueron líderes que los libraron de esos enemigos y ahora vivían en paz (v. 6-13).
Samuel hizo una solemne declaración: "si obedecen y sirven sólo al Señor Él los bendeciá y ustedes vivirán en paz" (v. 14).
¿Qué debemos hacer?: no apartarnos del Señor sino servirle con todo nuestro corazón (v. 20), no apartarnos en pos de vanidades (lo efímero y temporal v. 21), temer al Señor (respeto por amor y no miedo) y servirle de verdad con todo nuestro corazón (v. 24). El Señor promete no desampararnos porque Él ha querido hacernos pueblo suyo (v. 22).
12.24 Esta es la segunda vez en el discurso de despedida que Samuel recordaba al pueblo que dedicara un tiempo para considerar cuán grandes cosas había hecho Dios por ellos (véase 12.7). Dedicar tiempo para la reflexión nos permite centrar nuestra atención en la bondad de Dios y fortalece nuestra fe. En ocasiones estamos tan orientados hacia el progreso y el futuro que no nos damos el tiempo para reflexionar sobre todo lo que Dios ya hizo. Haga un hábito el recordar lo que Dios ha hecho por usted para que pueda seguir adelante con agradecimiento.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

miércoles, 11 de abril de 2007

1 Samuel 11:
11.1ss Por estos días, Israel era muy susceptible a las invasiones de las tribus saqueadoras tales como estos amonitas del este del río Jordán. El liderazgo que ejerció Saúl en esta batalla contra esta tribu de guerreros sirvió para unir a la nación y demostró que Saúl era un valioso gobernante militar. El reinado de Saúl se vio fortalecido al salvar a la nación de la desgracia y al perdonar la vida de los que lo habían criticado.
11.3 ¿Por qué dio Nahas a la ciudad de Jabes de Galaad siete días para encontrar un ejército para que los ayudara? Ya que Israel estaba todavía desorganizado, Nahas estaba apostando que nadie vendría en ayuda de la ciudad. Esperaba tomar la ciudad sin pelear y así evitar una batalla. Además quizá no estaba preparado para atacar la ciudad ya que un sitio contra sus murallas podría durar semanas o meses.
11.6 La ira es una emoción poderosa. A menudo lleva a las personas a herir a otras con palabras o con violencia física. Pero la ira dirigida al pecado o al maltrato de otros no es mala. Saúl estaba enojado por la amenaza de los amonitas de humillar y maltratar a sus amigos israelitas. El Espíritu Santo utilizó la ira de Saúl para traer justicia y libertad. Cuando la injusticia y el pecado lo hagan enojar, pregunte a Dios cómo puede canalizar esa ira de una manera constructiva para ayudar a un cambio positivo.

Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.