lunes, 23 de abril de 2007

1 Samuel 23:
David aprendió a consultar a Dios sobre lo que debía hacer y lo que no debía hacer. Podemos contentarnos con no hacer lo que expresamente sabemos que Él no quiere que hagamos, pero lo que Él quiere es dirigirnos en cada área de nuestra vida. Como lo hizo con David, el Señor puede guiarnos asegurando nuestra victoria sobre toda circunstancia.Pasaremos por luchas y dificultades, pero Él nos mostrará el camino, nos dará la salida, nos fortalecerá, nos bendecirá.
David buscó la dirección de Dios antes de entrar en acción. Escuchó sus instrucciones y luego actuó de acuerdo a ellas. Debemos dedicar el tiempo para discernir la voluntad de Dios de antemano, y no hacerlo después y tener que pedir a Dios que deshaga los resultados de nuestras decisiones apresuradas. Podemos escucharlo hablar mediante el consejo de otros, de su Palabra y de la dirección de su Espíritu Santo en nuestros corazones, así como a través de las circunstancias.
23.6 Un efod era un chaleco sin mangas, hecho de lino, que usaban los sacerdotes. El efod del sumo sacerdote era de colores brillantes y llevaba un pectoral con doce piedras preciosas que representaban cada una de las tribus.
23.7 Cuando Saúl escuchó que David se encontraba atrapado en una ciudad amurallada (una con puertas y vigas), pensó que Dios ponía a David a su merced. Saúl deseaba tanto matar a David, que hubiera interpretado cualquier señal como la aprobación de Dios para continuar con su plan. Si Saúl hubiera conocido mejor a Dios, habría sabido lo que Él quería y no hubiera interpretado mal la situación como si Dios aprobara el asesinato.
No todas las oportunidades las envía Dios. Podemos desear algo tanto, que suponemos que cualquier oportunidad para obtenerlo es de origen divino. Sin embargo, como vemos en el caso de Saúl, esto puede no ser cierto. Una oportunidad para hacer algo en contra de la voluntad de Dios nunca vendrá de Él, porque Dios no nos tienta. Cuando se le presenten en su camino oportunidades, analice dos veces sus propios motivos. Asegúrese de que sigue los deseos de Dios y no solo los suyos.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

domingo, 22 de abril de 2007

1 Samuel 22:
22.2 Afligidos, endeudados y amargados de espíritu se unieron a David, ya que él mismo era un forajido. Estas personas eran expatriados y solo podían mejorar su suerte al ayudar a David a convertirse en rey. El control que David tenía sobre este grupo de hombres nos muestra una vez más su ingenio y habilidad para guiar y motivar a otros. Es bastante difícil formar un ejército de buenos hombres, pero se requiere de un gran líder para moldear juntos a la clase de hombres que siguieron a David. A la larga, este grupo constituyó el corazón de su liderazgo militar y llegó a conocerse como «los valientes que tuvo David» (2 Samuel 23.8ss).
22.7, 8 Al parecer, los oficiales clave de Saúl eran de la tribu de Benjamín, como él. David era de la tribu vecina de Judá. Saúl apelaba a la lealtad entre tribus para mantener su control en el trono.
22.18 ¿Por qué Saúl mandó a matar a sus sacerdotes? Saúl sospechaba que había una conspiración entre Jonatán, David y los sacerdotes. Su sospecha provino del informe de Doeg de que vio a David hablando con Ahimelec, el sumo sacerdote, y que recibió de él alimentos y armas (22.9, 10). La acción de Saúl mostró su inestabilidad mental y emocional y lo lejos que andaba de Dios.
Al destruir todo en Nob, Saúl colocaba a la ciudad bajo la «maldición» (declarándola completamente destruida) descrita en Deuteronomio 13.12–17, que se suponía debía usarse solo en casos de idolatría y rebelión contra Dios. Pero era Saúl, no los sacerdotes, quien se había rebelado en contra de Dios.
22.18, 19 ¿Por qué permitió Dios la matanza de ochenta y cinco sacerdotes inocentes? La muerte de esta gente sirvió para ilustrar de manera dramática a la nación hasta dónde un rey puede convertirse en un tirano malvado. ¿Dónde estaban los consejeros de Saúl? ¿Dónde estaban los ancianos de Israel? Algunas veces Dios permite que el mal se desarrolle para enseñarnos a no permitir que sistemas malvados florezcan. Servir a Dios no es obtener un boleto de riqueza, éxito ni salud

Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

sábado, 21 de abril de 2007

1 Samuel 21:
David tuvo que huir de Saúl que había decidido matarlo. Una injusticia ya que David había sido un colaborador fiel de Saúl y lo único que había hecho era servir a su nación exponiendo su propia vida. Cuando sufrimos injusticias y adversidades, seguramente es muy difícil entender las razones. Es evidente en el contexto de la Escritura, que Dios no ideó, ni envió esta circunstancia a la vida de David. Lo que sí hizo El Señor fue ayudar a David, fortalecerlo, guiarlo; aún cuando cometió algunos errores, como por ejemplo mentir (v. 2). David buscó al Señor, desahogó en Él su corazón por medio de la oración. El Señor lo dirigió y lo guardó, como quiere hacer con cada uno de nosotros. Si está usted viviendo momentos difíciles (o cuando los viva), recuerde que El Señor es el refugio, la fortaleza, el poder, la sabiduría que necesitamos para hacer frente a nuestras luchas diarias. El salmo 56 fue escrito por David precisamente cuando estaba viviendo esta situación. Es un excelente modelo de la forma en que deberíamos orar cuando pasamos por tribulaciones:
SALMO 56
Oración de confianza
Al músico principal; sobre La paloma silenciosa en paraje muy distante. Mictam de David, cuando los filisteos le prendieron en Gat.
1 Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre;
Me oprime combatiéndome cada día.
2 Todo el día mis enemigos me pisotean;
Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia.
3 En el día que temo,
Yo en ti confío.
4 En Dios alabaré su palabra;
En Dios he confiado; no temeré;
¿Qué puede hacerme el hombre?
5 Todos los días ellos pervierten mi causa;
Contra mí son todos sus pensamientos para mal.
6 Se reunen, se esconden,
Miran atentamente mis pasos,
Como quienes acechan a mi alma.
7 Pésalos según su iniquidad, oh Dios,
Y derriba en tu furor a los pueblos.
8 Mis huidas tú has contado;
Pon mis lágrimas en tu redoma;
¿No están ellas en tu libro?
9 Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare;
Esto sé, que Dios está por mí.
10 En Dios alabaré su palabra;
En Jehová su palabra alabaré.
11 En Dios he confiado; no temeré;
¿Qué puede hacerme el hombre?
12 Sobre mí, oh Dios, están tus votos;
Te tributaré alabanzas.
13 Porque has librado mi alma de la muerte,
Y mis pies de caída,
Para que ande delante de Dios
En la luz de los que viven.
Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

21.1ss Esta es la primera mención sobre Ahimelec. O era el Ahías mencionado en 14.3, 18, o lo más probable es que fuera el sucesor de Ahías. En cualquiera de los casos, Ahimelec tuvo que ir en contra de la Ley para dar el pan sagrado a David, ya que se suponía que era solo para los sacerdotes (Levítico 24.5–9). Sin embargo, Ahimelec puso la necesidad y la vida de David antes que la ceremonia religiosa y lo alimentó con el pan consagrado. Esto sustentaba una alta ley de caridad (Levítico 19.18). Siglos más tarde, Jesús se referiría a este incidente mostrando que la Ley de Dios no debía aplicarse sin compasión. La ley más grande de Dios es hacer el bien y salvar vidas (Mateo 12.1–8; Lucas 6.1–5).
21.2 David mintió para protegerse de Saúl (21.10). Algunos disculpan esta mentira porque estaban en guerra y el deber de un buen soldado es traicionar al enemigo. Pero en ninguna parte se perdona la mentira de David. Es más, sucedió lo opuesto ya que su mentira llevó a la muerte a ochenta y cinco sacerdotes (22.9–19). La pequeña mentira de David parecía bastante inofensiva, pero desencadenó una tragedia. La Biblia aclara muy bien que la mentira es pecado (Levítico 19.11). Mentir, al igual que otro pecado, es grave ante los ojos de Dios y puede conducirnos a toda clase de efectos dañinos. No le reste importancia a ningún pecado ni haga diferencias entre uno y otro. Todos los pecados deben evitarse aunque veamos o no sus posibles consecuencias.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

viernes, 20 de abril de 2007

1 Samuel 20:
20.31, 32 Saúl todavía estaba tratando de apuntalar su trono para las generaciones futuras a pesar de que ya se le había dicho que su dinastía terminaría con él (13.13, 14). Aun peor, lo estaba tratando de hacer por medios humanos, ya que sabía que no obtendría ayuda alguna por parte de Dios. Jonatán pudo haber hecho alguna movida para llegar a ser rey, quizás tratando de matar a su rival, pero dejó pasar esta oportunidad debido a su amor por Dios y por David (23.16–18).
La lealtad es una de las cualidades más costosas de la vida; es la parte más abnegada del amor. Para ser leal, usted no puede vivir solo para sí mismo. La gente leal no solo se aferra a sus compromisos: está dispuesta a sufrir por ellos. Jonatán es un brillante ejemplo de lealtad. Algunas veces se vio forzado a luchar con un conflicto de lealtades: hacia su padre Saúl o hacia su amigo David. La solución que dio a ese conflicto nos enseña cómo ser leales y qué debe ser guía de la lealtad. En Jonatán, la lealtad siempre se guió por la verdad.
Jonatán se dio cuenta de que la fuente de la verdad era el Dios que demandaba su lealtad suprema. Fue su relación con Dios la que dio a Jonatán la habilidad de manejar efectivamente las situaciones complicadas de su vida. Fue leal a Saúl porque era su padre y porque era el rey. Fue leal con David porque era su amigo. Su lealtad hacia Dios lo guió a través de las demandas conflictivas de sus relaciones humanas.
Las demandas conflictivas de nuestras relaciones pueden ser grandes retos también para nosotros. Si tratamos de resolver estos conflictos solamente a nivel humano, estaremos siempre sintiéndonos traidores. Pero si comunicamos a nuestros amigos que nuestra lealtad suprema es hacia Dios y su verdad, muchas de nuestras decisiones serán mucho más claras. La verdad en su Palabra, la Biblia, traerá luz a nuestras decisiones. ¿Saben las personas que están más cerca de usted para quién es su mayor lealtad?
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

jueves, 19 de abril de 2007

1 Samuel 19:
David también pasó por dificultades y problemas. En este capítulo encontramos el relato de algunos intentos de Saúl de matarlo, sin motivos reales, por celos. Es evidente la mano protectora del Señor, por medio de personas que le ayudaron y fue librado. A veces podemos pensar que si seguimos al Señor y le obedecemos, eso debería significar que no tengamos dificultades o problemas, pero no es así. Él ha prometido estar con nosotros, ayudarnos, librarnos; pero no ha prometido que no enfrentaríamos luchas y momentos duros. Lo importante es que hagamos frente a esas circunstancias en la forma apropiada, confiando en Él, buscándolo, dependiendo de Su amor, de Su fuerza, de Su protección y provisión.
19.1, 2 ¿Es correcto desobedecer a un padre, como lo hizo Jonatán? Es claramente un principio de las Escrituras que cuando un padre ordena al hijo quebrantar la ley de Dios, el hijo debe obedecer a Dios y no al hombre. Este principio presupone que el hijo es lo suficientemente grande para ser responsable y discernir cualquier engaño. Un hijo debe ser respetuoso, servicial y obediente a su padre (Efesios 6.1–3), pero no de obedecer órdenes ni aceptar consejos que violen la ley de Dios.
19.20–24 Esta fue la segunda vez que Saúl sorprendió a todos al unirse a un grupo de profetas y profetizar. La primera vez (capítulo 10) sucedió exactamente después de que fue ungido rey y no quería aceptar la responsabilidad. Esta vez Saúl estaba consumido por la envidia que le causaba la creciente popularidad de David, pero el Espíritu de Dios lo inmovilizó para que así no pudiera hacerle daño a David. En ambos casos, Saúl habló palabras de Dios («profetizó»), a pesar de que estaba muy lejos de poder pensar los pensamientos de Dios.
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

miércoles, 18 de abril de 2007

1 Samuel 18:
A David le iba muy bien en todos los aspectos, en todo lo que hacía. Sería demasiado simple decir que tenía buena suerte. El hijo del rey Saúl, Jonatán, se convirtió en su mejor amigo (v. 1-4), todo el pueblo lo apreciaba, los funcionarios y hombres de confianza del rey lo respetaban y estimaban (v. 5), al regresar de la victoria sobre los filisteos fue aclamado mucho más que el mismo rey (v. 6, 7), toda la nación lo amaba (v. 16), la hija de Saúl (Mical) se enamoró de él y terminó siendo su esposa (v. 20), cada vez tenía más éxito y su nombre era más estimado (v. 30).
La verdad es que todo esto nada tenía que ver con la buena suerte. Hay tres características de David que se enfatizan en este capítulo: 1- Se portaba "prudentemente" (v.5, 14, 15), 2- Ejercía un buen liderazgo ("salía y entraba delante del pueblo": v. 13, 16, 30), 3- "Jehová estaba con él (contaba con el respaldo y la ayuda de Dios: v. 14, 28).
18.8 El aprecio que Saúl sentía por David se transformó en celos cuando el pueblo comenzó a aplaudir las hazañas de David. En un ataque de celos, Saúl intentó asesinar a David arrojándole su lanza (18.11, 12).
Los celos no parecen ser un pecado grande, pero en realidad pueden muy bien ser un paso hacia el asesinato. Comienza con resentimiento hacia el rival; apunta a desear que la otra persona desaparezca; por último se manifiesta en que la persona busca dañar al rival con palabras o con hechos. No permita que los celos prosperen en su vida.
18.11, 12 Saúl trató de matar a David porque estaba celoso de su popularidad. Aun así, David continuó protegiendo y reconfortando a Saúl. Quizás algunas personas hayan estado celosas de usted y aun lo hayan atacado en alguna manera. Quizás se hayan sentido intimidados por las cosas buenas suyas, las cuales los hacen conscientes de sus propios defectos. Sería natural pagarles con la misma moneda o eludirlos por completo. Una mejor reacción sería hacerse amigos de ellos (Mateo 5.43, 44) y pedirle a Dios la fortaleza para continuar amándolos, así como David continuó amando a Saúl.
18.15–18 Mientras que la popularidad hizo que Saúl se volviese orgulloso y arrogante, David permaneció humilde (18.23), aun cuando la nación entera lo celebraba. A pesar de que David tuvo éxito en casi todo lo que emprendió y se hizo famoso en toda la tierra, no quiso valerse de su popularidad para sacar ventaja contra Saúl. No permita que la popularidad distorsione la percepción que tiene de su propia importancia. Resulta comparativamente fácil ser humilde cuando uno no está en el centro del escenario pero, ¿cómo reacciona usted ante la alabanza y la honra?
Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.

martes, 17 de abril de 2007

1 Samuel 17:
La historia de David y Goliat es familiar y lleva consigo muchas lecciones prácticas para la vida cristiana. Todos enfrentamos gigantes de una clase u otra, pero podemos vencerlos mediante el poder de Dios. Goliat medía probablemente tres metros de estatura y su armadura pesaba ciento cincuenta libras. Era «el filisteo» (17.8), su gran campeón, y era tan aterrador que llenó de pánico al ejército judío (v. 11). Si Saúl hubiera sido un líder piadoso, hubiera clamado Deuteronomio 20 y conducido a su ejército a la victoria; pero cuando la gente está fuera de la comunión con Dios, sólo pueden llevar a otros a la derrota.
David llegó con provisiones para sus hermanos e inmediatamente se interesó en el desafío del gigante. Nótese que sus mismos hermanos lo acusaron y trataron de desanimarlo: Satanás siempre tiene a alguien que nos dice: «No se puede hacer». Hasta Saúl trató de disuadirlo: «No podrás» (v. 33). Pues bien, en sí mismo David no podía, pero en el poder del Señor vencería a cualquier enemigo. (Véanse Flp 4.13; Ef 3.20–21.) Saúl trató de darle a David alguna armadura, pero puesto que nunca la había usado, David la rehusó. ¡Imagínese a Saúl diciéndole a alguien cómo obtener la victoria! David había probado el poder de Dios en privado en los campos cuidando sus ovejas; y ahora demostraría este poder públicamente para la gloria de Dios. Nótese cómo en todo este episodio David le da la gloria a Dios.
La lección práctica aquí es que Dios da la victoria en respuesta a nuestra fe. Dios había probado a David a solas con un león y un oso; ahora iba a probarlo ante todos con un gigante. Si somos fieles en las batallas privadas, Dios nos hará salir adelante en las pruebas públicas. Demasiado a menudo el pueblo de Dios desmaya ante la más pequeña prueba que se cruza en su camino, sin darse cuenta de que las «pruebas pequeñas» no son sino preparación para las batallas mayores que de seguro vendrán (Jer 12.5). David usó armas sencillas, humildes: una honda y cinco piedras (véanse 1 Co 1.27–28 y 2 Co 10.3–5). David sabía cómo se le dio la victoria a Gedeón con armas débiles y sabía que el Dios de Gedeón no estaba muerto. Ni las críticas de sus hermanos, ni la incredulidad de Saúl, evitaron que David confiara en Dios para la victoria. La piedra dio en el banco; ¡el gigante cayó y David usó la espada del gigante para cortarle la cabeza! Esta victoria abrió el camino para que Israel atacara a los filisteos y saqueara el campamento. «Y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe» (1 Jn 5.4). Somos «más que vencedores».
Wiersbe, Warren W., Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT, (Nashville, TN: Editorial Caribe Inc.) 2000, c1995.