lunes, 6 de agosto de 2007



2 Reyes 18:
En los días en que el reino de Israel cayó finalmente bajo el poder de los asirios, empezó a reinar en Judá el rey Ezequías. Uno de los mejores reyes de Judá e Israel, un hombre de Dios que trajo a la nación tiempos de refrigerio, bendición y restauración. Ezequías fue un reformador desde la vida espiritual hacia todas las áreas, incluyendo lo administrativo, lo social y lo económico; buscó a Dios y le enseñó al pueblo a buscarlo, obedeció al Señor y Él lo respaldó, le ayudó y lo capacitó para enfrentar momentos muy difíciles y de grandes desafíos: "Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. 4 El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán. 5 En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. 6 Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés" (v. 3- 6). En el versículo 7 dice: "Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba", y ¡cuánto necesitamos y deseamos nosotros que El Señor esté con nosotros y que nos haga prosperar!. Pero debemos reconocer que el hecho de que El Señor estuviera con Ezequías y lo hiciera prosperar, no fue una casualidad, ni buena suerte; fue el resultado de sus actitudes, de sus decisiones, de su obediencia y fidelidad. Efectivamente, esto no significó que Ezequías no tuviera problemas, al contrario; tuvo que hacer frente a la mayor amenaza para la nación, como fue el ataque de Senaquerib, rey de Asiria: "Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces, con un gran ejército, desde Laquis contra Jerusalén, y subieron y vinieron a Jerusalén. Y habiendo subido, vinieron y acamparon junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. 18 Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller. 19 Y les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? 20 Dices (pero son palabras vacías): Consejo tengo y fuerzas para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí? 21 He aquí que confías en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos los que en él confían. 22 Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios, ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis en Jerusalén?" (v. 17- 22). Con mentiras, amenazas, engaños, manipulando la verdad y buscando atemorizarlos y confundirlos; los asirios asediaron a Ezequiás y a su pueblo. Pero, como veremos en el siguiente capítulo; El Señor les dio la victoria. Necesitamos que El Señor esté con nosotros y nos haga prosperar, así que necesitamos hacer las cosas que hizo Ezequías al buscar, obedecer y confiar en Dios.
"18.4 La serpiente de bronce se había hecho para curar a los israelitas de la mordida de serpientes venenosas (Número 21.4–9). Demostraba la presencia y el poder de Dios y era un recordatorio para el pueblo de su misericordia y su perdón. Pero se había convertido en un objeto de adoración en lugar de un recordatorio de a quién tenían que adorar, así que Ezequías se vio forzado a destruirla. Debemos tener cuidado de que las cosas que usamos para ayudarnos a adorar a Dios no se vuelvan objetos de adoración por sí mismos. La mayoría de los objetos no son creados para ser ídolos, se vuelven ídolos por la forma en la que la gente los usa. 18.5 «Ni después ni antes hubo otro como él entre todos los reyes de Judá». En un dramático contraste con su padre Acaz, Ezequías siguió a Dios más de cerca y con mayor sinceridad que cualquier otro rey de Judá o Israel. Esta frase se refiere a los reyes que sucedieron después de la división del reino y por lo tanto no incluye a David, considerado como el rey más devoto a Dios. 18.7 La nación de Judá fue oprimida por dos potencias mundiales, Egipto y Asiria. Ambas naciones querían controlar a Judá y a Israel porque estaban localizadas en el cruce de caminos vitales para todo el comercio del antiguo Cercano Oriente. La nación que controlara a Judá tendría ventajas económicas y militares sobre sus rivales. Cuando Ezequías llegó a ser rey, Asiria controlaba a Judá. Al actuar con gran valor, Ezequías se rebeló en contra del poderoso imperio al que su padre se había sometido. Puso su fe en la fuerza de Dios y no en la suya propia, y obedeció los mandamientos de Dios a pesar de los obstáculos y peligros que, desde un punto de vista puramente humano, parecían insuperables" (Biblioteca eletrónica Caribe).

sábado, 4 de agosto de 2007

2 Reyes 16, 17:
Ya quedaba muy poco tiempo a la nación de Israel, antes de que el juicio del Señor contra ellos por la rebeldía y obstinación llegara. De los últimos nueve reyes, no hubo uno solo que buscara a Dios y lo obedeciera; al contrario, se apartaron más y más, así como también el pueblo: "Porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temieron a dioses ajenos, 8 y anduvieron en los estatutos de las naciones que Jehová había lanzado de delante de los hijos de Israel, y en los estatutos que hicieron los reyes de Israel. 9 Y los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fortificadas, 10 y levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado alto, y debajo de todo árbol frondoso, 11 y quemaron allí incienso en todos los lugares altos, a la manera de la naciones que Jehová había traspuesto de delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar a ira a Jehová. 12 Y servían a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto" (v. 7- 12). En Su paciencia y misericordia, El Señor les advirtió y amonestó una y otra vez; pero ellos no quisieron cambiar: "Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas. 14 Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios. 15 Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas. 16 Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal; 17 e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira" (v. 13- 17). El resultado final fue la invasión asiria, la derrota, la opresión y la esclavitud. Como ha ocurrido una y otra vez en la historia, una cultura se desplomó desde adentro; por la corrupción, por la maldad.

viernes, 3 de agosto de 2007

2 Reyes 15:
La declaración sobre Azarías, rey de Judá: "E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que su padre Amasías había hecho" (v. 3), da la sensación de un respiro, de un descanso, de una afortunada excepción en medio de la generalizada realidad de los reyes de Judá e Israel. De la gran mayoría dice: "E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como habían hecho sus padres; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel" (v. 9,18, 24, 28). Esta frase se repite cuatro veces sólo en este capítulo, que nos narra la terrible secuencia de traiciones, conspiraciones y asesinatos de los reyes de Israel. Gobiernos inestables, corruptos, guerras, invasiones extranjeras, hambre, injusticia; fueron las consecuencias que, generación tras generación, sufrió la nación que Dios había escogido para que lo conociera y lo diera a conocer al resto de naciones. Ellos no quisieron buscarlo, ni servirle, ni obedecerle; eligieron desechar los principios de vida que Él les dio, y sufrieron las consecuencias. ¿Qué elegimos nosotros hoy?, ¿vamos a darle la espalda o vamos a seguirlo?. Empezando por nuestra vida personal y familiar, podemos ser también, una "afortunada excepción" que se vaya multiplicando y generalizando en el mundo actual. Podemos y debemos ser una poderosa influencia en la vida de tantas personas que nos conocen y con quienes nos relacionamos, mostrando la manera de vivir que enseña la palabra de Dios; trayendo así esperanza, alivio y descanso a un mundo que ya tiene bastante sufrimiento y dolor.

jueves, 2 de agosto de 2007


2 Reyes 14:
La mayoría de los reyes de Judá hicieron lo malo ante los ojos del Señor. De Amasías dice la Escritura: "Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no como David su padre; hizo conforme a todas las cosas que había hecho Joás su padre" (v. 3). Este rey agradó a Dios "casi por completo", pero esto no es suficiente. David no fue perfecto, cometió errores y pecados; sin embargo El Señor dice que fue un hombre "conforme a Su corazón", aunque en ningún momento hubo la intención de ocultar sus fallas y caídas; al contrario, se narran abiertamente en la historia bíblica para aprendamos de ellas y no hagamos lo mismo. Fue la actitud sincera en su corazón de querer agradar a Dios, saber reconocer los errores y pecados cuando los cometió; lo que vio El Señor en él y le agradó. Podemos y deberíamos pedir a Dios un "corazón recto" como lo hizo David.
Por otro lado, debemos cuidarnos de lanzarnos a desafíos y proyectos sin una correcta planeación y, especialmente, sin la dirección del Señor; como lo hizo Amazías: "Entonces Amasías envió mensajeros a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, para que nos veamos las caras" (v. 8). De esta manera desafió al rey de Israel a la guerra sin ninguna necesidad y fuera del plan de Dios. Este fue el resultado: "Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido; gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te metes en un mal, para que caigas tú y Judá contigo? 11 Pero Amasías no escuchó; por lo cual subió Joás rey de Israel, y se vieron las caras él y Amasías rey de Judá, en Bet-semes, que es de Judá. 12 Y Judá cayó delante de Israel, y huyeron, cada uno a su tienda" (v. 10- 12). El Señor nos advierte en el evangelio sobre la importancia de sentarnos primero y calcular si tenemos los recursos necesarios para terminar una torre, antes de empezar a construirla, y de calcular si podemos enfrentar una lucha contra un ejército superior a nuestras fuerzas, antes de ir a la guerra. Esto fue lo que no hizo Amasías.

miércoles, 1 de agosto de 2007


2 Reyes 13:
"Mas Joacaz oró en presencia de Jehová, y Jehová lo oyó; porque miró la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía" (v . 4). Por largo tiempo, Israel había sufrido la derrota ante los sirios, por haber dejado al Señor y desobedecido a su Palabra. Pero El Señor había prometido que si su pueblo se arrepentía y oraba reconociendo su pecado, Él escucharía y respondería: "Si tu pueblo sale a la batalla contra sus enemigos por el camino que los Envíes, y ellos oran a ti en Dirección a esta ciudad que Tú has elegido y a la casa que he edificado a tu nombre, 35 entonces escucha desde los cielos su Oración y su plegaria, y ampara su causa" (2 Crónicas 6: 34, 35), "si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, si oran y buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra" (2 Crónicas 7: 14). El Señor siempre cumple sus promesas, es fiel a su Palabra, escucha nuestra oración. Confiemos en Él y clamemos por nuestra vida, por nuestra familia y por nuestra nación; si lo hacemos de corazón, arrepintiéndonos y volviendo a obedecerle, Él oirá y responderá restaurando nuestra tierra.

martes, 31 de julio de 2007



2 Reyes 12:
Joás comenzó a reinar siendo demasiado joven, a los siete años de edad; pero contó con el consejo, apoyo y dirección del sacerdote Joiada: "Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada" (v. 2). Cuando elegimos correctamente nuestros consejeros, podremos hacer lo correcto ante El Señor y disfrutar así de Su bendición; como bien lo expresa el Salmo 37: 3- 6: "Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. 4 Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. 5 Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. 6 Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía". Nuestra más segura fuente de consejo indudablemente es la palabra del Señor, y personas que nos aconsejen de acuerdo con los principios eternos que encontramos en ella: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; 2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. 3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará" (Salo 1: 1-3). La bendita palabra del Señor es la fuente inagotable de agua de vida para nosotros, que nos puede hacer fuertes, saludables y fructíferos en cada área de nuestra vida. Leerla diariamente, estudiarla y ponerla en práctica; como le dijo El Señor a Josué cuando estaba listo a iniciar la conquista de la tierra prometida: "Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien" (Josué 1: 8). Así podemos vivir "a la manera de Dios".

lunes, 30 de julio de 2007



2 Reyes 11:
El deseo de poder llevó al asesinato de la descendencia del rey Ocozías en el reino de Judá: únicamente uno de los hijos del rey (Joás), se salvó gracias a la intervención de su tía Josaba. Durante seis años reinó Atalía, la madre de Ocozías. En el séptimo año un valiente sacerdote llamado Joiada, organizó a un grupo de oficiales para preparar la coronación de Joás como rey. Ya coronado el rey y muerta Atalía, Joiada dirigió al pueblo y al rey a hacer pacto con El Señor: "Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el pueblo" (v. 17). Hoy más que nunca debemos ser hombres y mujeres que como Joiada, hagamos pacto con Dios y llevemos a nuestras familias y a nuestra nación a hacerlo: "seremos pueblo de Jehová", lo amaremos, le serviremos, seremos fieles a Él, le daremos el primer lugar. Esto requiere de valor, compromiso y determinación; pero vale la pena y es indispensable y urgente; si es que queremos la restauración de nuestras naciones. Esa restauración es posible únicamente, si inicia con cada individuo, con cada familia, impactando luego la sociedad. Una revolución espiritual profunda y verdadera, mucho más que simple religión; que produzca transformación de la manera de pensar, de relacionarnos, que genere reconciliación en los hogares, que lleve a volver a los verdaderos valores. Como en el caso de Joiada y el pueblo de Judá en aquel entonces, esto debe incluir la destrucción de los falsos cultos, el engaño, la corrupción, la injusticia (el culto al dinero, a la promiscuidad, al ocultismo, etc.). "Coronar al verdadero Rey", a Jesús, como rey de nuestras vidas, de nuestras familias y de nuestras naciones; es nuestro reto, nuestra misión y nuestra responsabilidad hoy.