sábado, 8 de septiembre de 2007


Nehemías 6:
"Cuando oyeron Sanbalat y Tobías y Gesem el árabe, y los demás de nuestros enemigos, que yo había edificado el muro, y que no quedaba en él portillo (aunque hasta aquel tiempo no había puesto las hojas en las puertas), 2 Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: Ven y reunámonos en alguna de las aldeas en el campo de Ono. Mas ellos habían pensado hacerme mal. 3 Y les envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros. 4 Y enviaron a mí con el mismo asunto hasta cuatro veces, y yo les respondí de la misma manera" (v. 1-4). Cuando nos decidimos a comprometernos y actuar en la obra de Dios siempre encontraremos oposición, como le ocurrió a Nehemías. Una y otra vez, los enemigos de la obra de Dios intentaron detenerla pero no lo lograron. Los obreros se mantuvieron enfocados, tuvieron discernimiento y lucidez pera entender las estrategias del enemigo, y no se dejaron engañar. Lo mismo debemos hacer nosotros hoy: estar conscientes de nuestra lucha espiritual, esforzarnos en la obra, trabajar y orar, no oír las voces de engaño y confusión, seguir adelante.

"VI. Engaño (6.1–4)
El pueblo volvió a la obra y también el enemigo. Esta vez Sambalat y sus hombres dirigieron sus ataques contra Nehemías, el líder. Muchos en el pueblo de Dios nunca se percatan aquí en la tierra de las tentaciones y pruebas especiales que enfrentan los siervos de Dios día tras día. El liderazgo espiritual es costoso. Sambalat invitó a Nehemías a una reunión amistosa en el campo de Ono y Nehemías rehusó. Los siervos que Dios ha separado no se atreven a «andar en el camino de pecadores» (Sal 1.1). Tenga cuidado con las sonrisas del enemigo, porque Satanás es más peligroso cuando aparece como su amigo que en cualquier otro momento. Cuatro invitaciones vinieron (v. 4) y Nehemías las rehusó todas. «Yo hago una gran obra, y no puedo ir». Siga en la obra cuando Satanás le invita a dejarla y Dios lo bendecirá.
VII. Calumnia (6.5–9)
La quinta vez que vino el mensajero trajo una «carta abierta» llena de acusaciones difamatorias contra Nehemías y su pueblo. «Se dice» es una de las principales armas del diablo. «Dicen» o «he oído» son frases que por lo general preceden chismes y mentiras. ¿Quiénes «dicen»? Nehemías detectó la artimaña y de inmediato puso al descubierto las mentiras de la llamada «carta abierta». Su vida y carácter refutaban cada mentira de la carta. En los versículos 1–4 el enemigo ofreció trabajar con los judíos; aquí, en los versículos 5–9, el enemigo quería difamar el nombre de Nehemías. Nótese cómo Nehemías de nuevo le pidió a Dios que anulara el asunto (v. 9). Los siervos de Dios no pueden impedir que la gente hable de ellos, pero sí pueden cuidar la clase de carácter y testimonio que tienen. Si Nehemías hubiera detenido la obra para defender su reputación, las murallas nunca se hubieran construido.
VIII. Amenazas (6.10–14)
Semaías se encerró en su casa, al parecer temeroso del enemigo, pero en realidad trabajaba para este. ¿Por qué no ayudaba a los judíos a construir la muralla? Vale la pena ser cautelosos con los llamados cristianos que siempre aconsejan, pero que nunca hacen ningún trabajo para Cristo. Pablo advirtió respecto a los falsos hermanos (2 Co 11.26). Semaías le mintió a Nehemías y trató de asustarlo para que acudiera al enemigo en busca de seguridad. Pero Nehemías vio la artimaña y abiertamente refutó las mentiras de Semaías. Otra vez oró pidiendo la ayuda de Dios y enseguida volvió a la obra.
Las murallas quedaron terminadas en cincuenta y dos días. Y el pueblo trabajó durante la temporada de más calor del año. Dios fue glorificado, el enemigo quedó avergonzado (v. 16), pero los judíos comprometidos aún trataban de lograr que Nehemías aceptara a Tobías. Qué carga deben haber sido estos nobles de Judá para el consagrado y valeroso Nehemías. La obra finalizó. ¡La gloria sea para Dios!"
(Bosquejos expositivos de la Biblia)

viernes, 7 de septiembre de 2007

Nehemías 5:
"5.1–5 ¿Quiénes eran estos judíos contra los que había personas resentidas y amargadas? O bien eran (1) judíos que se habían enriquecido en el cautiverio y que habían traído su riqueza a Jerusalén, o (2) descendientes de los judíos que habían llegado casi un siglo antes durante el primer regreso bajo el liderazgo de Zorobabel (Esdras 1, 2) y habían establecido negocios lucrativos.
5.7–9 Muchos de los desterrados que regresaron estaban sufriendo a manos de algunos de sus compatriotas ricos. Estas personas prestaban grandes sumas de dinero. Luego, cuando los deudores se atrasaban en un pago, tomaban sus campos. Sin fuentes de ingreso, los deudores se veían forzados a vender a sus hijos como esclavos, una costumbre común en esa época. Nehemías estaba enojado con aquellos judíos que estaban aprovechándose de su propio pueblo para enriquecerse. Usura es el cobro excesivo de intereses. Estas prácticas violaban la ley (Éxodo 22.25).
5.9–11 El interés de Dios en los pobres se revela en casi todos los libros de la Biblia. Aquí, Nehemías insiste en que la justicia hacia el pobre y hacia el oprimido es importante para seguir a Dios. Los libros de Moisés detallaban con claridad la responsabilidad de los israelitas de ocuparse de los pobres (Éxodo 22.22–27; Levítico 25.35–37; Deuteronomio 14.28–29; 15.7–11) La forma en la que ayudamos a los necesitados debe reflejar el amor y la preocupación de Dios.
5.10 Nehemías dijo a los judíos ricos que dejaran de cargar intereses excesivos en los préstamos que hacían a sus hermanos necesitados. Dios nunca quiso que la gente se beneficiara de las desgracias de otras personas. En contraste con los valores de este mundo, Dios dice que el cuidarse unos a otros es más importante que el beneficio personal. Cuando un hermano o hermana en Cristo sufre, todos sufrimos (1 Corintios 12.26). Debemos ayudar a los creyentes necesitados, no explotarlos. La iglesia de Jerusalén fue alabada por trabajar unida para eliminar la pobreza (Hechos 4.34, 35). Recuerde que «el que da al pobre no tendrá pobreza» (Proverbios 28.27). Ayude a los necesitados que están a su alrededor.
5.13 Era un gesto para expresar una maldición. Nehemías se sacudió el vestido y pronunció que todo aquel que rompiese el voto sería igualmente «sacudido y vacío», y perdería todo lo que tuviera.
5.14,15 En esta digresión, Nehemías hizo una comparación entre sus doce años de gobierno y las injusticias que se cometían en el país antes de que él llegara. El gobernador no era elegido por el pueblo, sino que era designado por el rey de Persia.
5.16 Nehemías dirigió todo el proyecto de la construcción, pero además trabajó en el muro junto con los demás. No era un burócrata que se encerraba en su oficina cómoda, sino un líder que participaba en el trabajo diario. No utilizó su posición para aprovecharse de su pueblo. Un buen líder se mantiene en contacto con la obra que se realiza. Los que son buenos líderes dirigen mejor no sólo por lo que dicen, sino por lo que hacen"
(Biblia del diario vivir)

lunes, 3 de septiembre de 2007

Nehemías 4:

"Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos. 2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?" (v. 1- 2). Siempre encontraremos enemigos de la obra de Dios, que van a tratar de que nos desanimemos, renunciemos y se detengan la restauración y le edificación del pueblo de Dios. Ya sabemos que nuestra lucha no es contra personas y que las armas que debemos utilizar no son físicas, sino espirituales: "Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 6 y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta" (2 Corintios 10: 3- 6). Lo que intentaron los enemigos de Nehemías y su equipo, fue desanimarlos, atemorizarlos y confundirlos; tramaron toda una "conspiración" en contra de la obra de Dios. Nehemías supo hacer frente a estos ataques, con oración, organización, planeación; mantuvo a sus hombres alerta y preparados, sin permitir que la obra se detuviera, sin dejarse distraer ni atemorizar: "Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio. 5 No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se airaron contra los que edificaban. 6 Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar" (v. 4- 6). No permitas que la obra de Dios se detenga en tu vida, no dejes que ninguna circunstancia o argumento te haga dejar de "edificar" tu vida espiritual y la de tu familia; sigue adelante en tu relación con Dios y en tu servicio a Él. Actúa y ora, como lo hicieron estos hombres: "Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche" (v. 9). No pelees solo, lucha en equipo con tu familia y con tu iglesia: "Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos" (v. 13). Desecha el temor y el desánimo, recordando las promesas del Señor en Su palabra y enfocándote en Su carácter, en Su poder, en Su autoridad y soberanía: "Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas" (v. 14). ¡Involúcrate activamente en la obra de Dios con tu familia y pelea con ellos la "buena batalla de la fe"!: "Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. 22 También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. 23 Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse" (v. 21- 23).

"I. Ridículo (4.1–6)
El pueblo de Dios siempre tiene enemigos. En este caso fueron Sambalat, un oficial del gobierno en Samaria, Tobías amonita y Gesem el árabe, también llamado Gasmu (6.1, 6). Estos tres perversos hombres no eran israelitas; es más, los amonitas eran definitivamente enemigos de los judíos (Dt 23.3–4). La primer arma que usaron fue ridiculizarlos; se mofaron de los «débiles judíos» ante los líderes de Samaria. Satanás es el burlador (Lc 22.63; 23.35–37). El ridículo es una artimaña usada por gente ignorante llena de celos. Se burlaron del pueblo («débiles judíos»), del plan («¿Acabarán en un día?») y de los materiales («piedras que fueron quemadas»). ¿Cómo les respondió Nehemías? ¡Oró a Dios! Su preocupación sólo era la gloria de Dios y el testimonio de la nación, de modo que no lea venganza personal en su oración (véase Sal 129.19–24). Nótese que el pueblo seguía trabajando mientras oraba, porque la oración no sustituye el trabajo. A Satanás le hubiera encantado ver a Nehemías dejar la muralla y enredarse en una disputa con Sambalat, pero Nehemías no cayó en la trampa de Satanás. Nunca permita que el ridículo le haga dejar su ministerio; «lléveselo al Señor en oración» y continúe trabajando.
II. Fuerza (4.7–9)
Lo que Satanás no puede conseguir mediante el engaño lo hace por la fuerza. ¡Qué confederación de pueblos tenemos en el versículo 7! Y todos conspiraron contra los judíos. Es asombroso cómo el diablo parece nunca carecer de mano de obra. En 2.10 tenemos dos enemigos; tres en 2.19 y una multitud entera en 4.7. Pero «si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» ¿Cómo enfrentó Nehemías este nuevo ataque? Oró y estableció vigilantes. «¡Velad y orad!» es una admonición repetida en el NT; véanse Marcos 13.33 (el mundo), Marcos 14.38 (la carne) y Efesios 6.18 (el diablo). Nótese que Nehemías no dependía sólo de la oración; también puso una guardia.
III. Desaliento (4.10)
La batalla pasa ahora de fuera hacia dentro de la ciudad. Satanás siguió la misma táctica en Hechos 5–6 cuando usó a Ananías y a Safira y a las viudas quejosas dentro de la comunidad de la iglesia. También usó a Judas dentro de las filas de los apóstoles. Cuán desanimados estaban los trabajadores, con todos los escombros en la ciudad y el peligro acechando afuera. ¿Por qué se quejó la tribu de Judá? Tal vez porque secretamente estaban aliados a Sambalat (6.17). Nótese en 13.15 la desobediencia de Judá a la ley de Dios. Cuando dijeron: «¡No podemos!» (v. 10), en realidad estaban de acuerdo con el enemigo (4.2). El desaliento y la queja se esparcen rápidamente y estorban la obra de Dios. No leemos que Nehemías le haya puesto mucha atención a su queja; continuó trabajando, vigilando y orando.
IV. Temor (4.11–23)
El temor y la fe nunca pueden permanecer en el mismo corazón. En el versículo 11 tenemos un rumor que el enemigo empezó de que sus ejércitos invadirían de súbito a Jerusalén. Los judíos que vivían fuera de la ciudad oyeron este informe y lo llevaron diez veces a Nehemías. Cuán persistente puede ser Satanás y sus trabajadores. Al final, Nehemías estableció la guardia en las murallas y animó al pueblo a que no temiera. Note que el trabajo se detuvo desde el versículo 13 hasta el versículo 15; exactamente lo que quería el enemigo. Nehemías vio la necedad de este plan, de modo que puso a los obreros de nuevo a trabajar, con un arma en una mano y una herramienta en la otra. También puso una guardia especial con trompetas (vv. 19–20), pero no permitió que se detuviera la obra. Estos judíos son maravillosos ejemplos de lo que el obrero cristiano debe hacer: tenían su mente en la obra (4.6), un corazón para orar (4.9), un ojo para vigilar (4.9) y un oído para oír (4.20)".
(Bosquejos expositivos de la Biblia)

sábado, 1 de septiembre de 2007

Sugerimos repasar y profundizar en los capítulos estudiados en la semana. Estas son algunas anotaciones adicionales sobre los capítulos correspondientes:
"PROPÓSITO:Nehemías es el último de los libros históricos del Antiguo Testamento. Registra la historia del tercer regreso a Jerusalén después del cautiverio y relata cómo fueron reconstruidos los muros y cómo se renovó la fe del pueblo.AUTOR:La mayor parte del libro está escrita en primera persona, lo que sugiere que Nehemías es el autor. Probablemente Nehemías escribió el libro y Esdras le sirvió de editor.FECHA:Aproximadamente entre 445–432 a.C.MARCO HISTÓRICO:Zorobabel guió el primer regreso a Jerusalén en 538 a.C. En 458, Esdras guió el segundo regreso. Finalmente, en 445, Nehemías regresó con el tercer grupo de cautivos para reconstruir el muro de la ciudad.VERSÍCULOS CLAVE:«Fue terminado, pues, el muro, el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días. Y cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las naciones que están alrededor de nosotros, y se sintieron humillados, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra» (6.15, 16).PERSONAS CLAVE:Nehemías, Esdras, Sanbalat, TobíasLUGAR CLAVE: Jerusalén
«¡LO QUE esta iglesia necesita es...!» «No puedo creer lo que hacen nuestros funcionarios del gobierno. ¡Si estuviera en su lugar, yo haría...!» «Nuestras escuelas andan mal. ¡Alguien debería hacer algo!»
Es fácil analizar, escudriñar, y hablar acerca de los problemas del mundo. Abundan los criticones, los quejumbrosos, los que se han nombrado a sí mismos profetas y «capitanes araña». Sin embargo, lo que en realidad necesitamos son personas que no sólo discutan una situación, ¡sino que hagan algo al respecto!
Nehemías vio un problema y se afligió. En vez de quejarse y revolcarse en la autocompasión y en el sufrimiento, actuó. Nehemías sabía que Dios quería que motivara a los judíos para que reconstruyeran los muros de Jerusalén, por lo tanto dejó una posición de responsabilidad en el gobierno persa para hacer lo que Dios quería. Nehemías sabía que Dios utilizaría sus talentos para conseguir que se realizara el trabajo. Desde el momento que llegó a Jerusalén, todos supieron quien era el jefe. Organizó, administró, supervisó, alentó, se enfrentó a la oposición, confrontó la injusticia, y se mantuvo así hasta que se construyeron los muros. Nehemías era un hombre de acción.
Al comienzo de la historia, Nehemías estaba hablando con compañeros judíos. Estos le informaban que los muros y las puertas de Jerusalén estaban deteriorados. Eran noticias preocupantes, y la reconstrucción de aquellos muros se convirtió en la carga de Nehemías. En el momento adecuado, Nehemías pidió al rey Artajerjes permiso para ir a Jerusalén a reconstruir esos muros caídos. El rey aceptó.
Armado de cartas del rey, Nehemías viajó a Jerusalén. Organizó al pueblo en grupos y le asignó secciones específicas del muro (capítulo 3). Sin embargo, el proyecto de construcción tuvo oposición. Sanbalat, Tobías y otros trataron de detener la obra a través de insultos, ridiculizaciones, amenazas y sabotaje. Algunos de los trabajadores tuvieron miedo, otros se hastiaron. En cada caso, Nehemías empleó una estrategia para frustrar a sus enemigos: oración, aliento, guardas de seguridad, consolidación (capítulo 4). Sin embargo surgió un problema diferente: un problema interno. Los judíos ricos estaban aprovechándose del compromiso solemne de sus trabajadores compatriotas. Al escuchar acerca de su opresión y avaricia, Nehemías confrontó a los extorsionadores (capítulo 5). Cuando casi estaban terminados los muros, Sanbalat, Tobías y compañía trataron de detener por última vez a Nehemías. Sin embargo este se mantuvo firme, y el muro se terminó en sólo cincuenta y dos días. Cuán grandioso monumento al amor y la fidelidad de Dios. Tanto los amigos como los enemigos supieron que Dios había ayudado (capítulo 6).
Después de construir los muros, Nehemías continuó organizando al pueblo, realizó un censo y nombró guardias de las puertas, levitas y a otros funcionarios (capítulo 7). Esdras guió a la nación en la alabanza y en la instrucción bíblica (capítulos 8, 9). Esto llevó a una reafirmación de fe y a un avivamiento religioso en donde el pueblo prometió servir con fidelidad a Dios (capítulos 10, 11).
Nehemías finaliza con una lista de los clanes y sus líderes, con la dedicación de un nuevo muro en Jerusalén y la purgación del pecado del país (capítulos 12, 13). Cuando lea este libro, observe a Nehemías en acción, y determine ser una persona de la cual Dios puede depender para actuar por Él en el mundo".

(Biblia del diario vivir)

viernes, 31 de agosto de 2007


Nehemías 3:
La reconstrucción de la muralla de Jerusalén se logró, gracias a que cada familia asumió su parte de la obra, su responsabilidad específica, la restauración de la parte que les correspondía. Muchas obras nunca se inician, otras nunca se concluyen, otras se terminan mal; porque cada uno está esperando que los otros hagan, culpando a los demás por lo que no se hace, justificándose en los errores de otros para no asumir la propia responsabilidad. La obra de Dios a través de la historia, siempre ha sido un trabajo de equipo; donde cada uno con sus dones y capacidades especiales y diferentes, cumple su papel y ocupa su lugar. Entonces el equipo funciona, el rompe cabezas se completa, el engranaje rueda. A demás esto permite que el reconocimiento y la gloria se le dé al Señor y al equipo en conjunto, y no a una sola persona; evitando que se levanten "estrellas" o "figuras" que pretendan dominar a los demás y volverse el centro de atención.

"III. Nehemías prospera en la obra (3)
A. El modelo.
La obra se organizó y dirigió con los líderes espirituales a la cabeza (v. 1) y el pueblo cooperando. Dios vio a cada trabajador y anotó su nombre en el libro. Cada uno tenía un área específica de responsabilidad. Nadie podía hacerlo todo, pero cada uno podía hacer algo. Por supuesto, nunca se puede tener ciento por ciento de cooperación; en el versículo 5 hallamos a algunos de los nobles rehusando participar. Hubo cuarenta y dos grupos de trabajadores.
B. El pueblo.
Qué variedad de trabajadores: sacerdotes (v. 1), gobernantes (vv. 12–19), mujeres (v. 12), artesanos (vv. 8, 32) e incluso judíos de otras ciudades (vv. 2, 5, 7). Nótese que algunos estaban dispuestos a hacer trabajo extra (vv. 11, 19, 21, 24, 27, 30). Otros hicieron su trabajo en casa (vv. 10, 23, 28–30) y es allí donde debe empezar el servicio cristiano. Hubo trabajadores que fueron los únicos en su familia (v. 30) y algunos tuvieron más celo que otros (v. 20). Compare el versículo 11 con Esdras 10.31 y verá que incluso algunos de los descarriados se unieron en la obra.
C. Los lugares.
Hay una lección espiritual definida en cada una de las puertas. La puerta de las Ovejas (v. 1) nos recuerda el sacrificio de Cristo en la cruz (Jn 10). Esta fue la primera puerta que se reparó, porque sin sacrificio no hay salvación. Nótese que la puerta de las Ovejas no tenía cerraduras ni barras, porque la puerta de la salvación siempre está abierta para el pecador. Esta es la única puerta santificada, separada como una puerta especial. La puerta del Pescado (v. 3) nos recuerda ganar almas, de ser «pescadores de hombres» (Mc 1.17). La puerta Vieja (v. 6) nos habla de las sendas antiguas y de las antiguas verdades de la Palabra de Dios (Jer 6.16 y 18.15). La gente del mundo está siempre buscando «algo nuevo» (Hch 17.21) y rehúsan volver a las verdades básicas que son las que en realidad dan resultados. La puerta del Valle (v. 13) nos recuerda la humildad delante del Señor. En Filipenses 2 vemos a Cristo descendiendo de la gloria del cielo al valle de la limitación humana e incluso hasta la muerte. No disfrutamos del valle, pero a menudo Dios tiene que llevarnos allí para dar bendición a nuestras vidas.
El versículo 14 señala la puerta del Muladar. Es evidente que esta es la puerta por la cual se sacaban los desperdicios y desechos de la ciudad. ¡Imagínese qué difícil debe haber sido reparar la puerta en tal lugar! Sin duda esto nos habla de la limpieza de nuestras vidas (2 Co 7.1; Is 1.16–17). Más tarde algunos judíos se quejaron respecto a la basura; véase 4.10. La puerta de la Fuente (v. 15) ilustra el ministerio del Espíritu Santo; véase Juan 7.37–39. Es interesante notar el orden de estas puertas: primero hay humildad (puerta del Valle), luego limpieza (puerta del Muladar) y luego plenitud del Espíritu Santo (puerta de la Fuente). La puerta de las Aguas (v. 26) habla de la Palabra de Dios, que limpia al creyente (Ef 5.26; Sal 119.9). Nótese que esta es la séptima puerta mencionada y siete en la Biblia es el número de perfección: la perfecta Palabra de Dios. ¡Nótese también que esta puerta no necesitaba reparaciones! «Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos» (Sal 119.89).
La puerta de los Caballos (v. 28) da la idea de guerra. Sin duda hay batallas en la vida cristiana y debemos estar listos para luchar. Véase 2 Timoteo 2.1–4. La puerta Oriental (v. 29) nos hace pensar en la Segunda Venida de Cristo (Mt 24.27). En Ezequiel 10.16–22 el profeta vio que la gloria de Dios salía del templo por esta puerta; véase también 11.22–25. Pero más tarde (43.1–5) vio que la gloria de Dios regresaba «del oriente».
La puerta del Juicio (v. 31) habla del juicio de Dios. La palabra hebrea mifkad significa «designación, cuentas, censo, revista». Da la idea de las tropas listas para inspección. Sin duda Dios va a llamar a todas las almas a juicio un día.
Al examinar estas puertas y su orden se puede ver la sugerencia del cuadro completo de la vida cristiana, desde la puerta de las Ovejas (salvación) hasta el juicio final. ¡Alabado sea Dios porque el cristiano nunca enfrentará el juicio por sus pecados! Véanse Juan 5.24, Romanos 8.1–2".
(Bosquejos expositivos de la Biblia)

jueves, 30 de agosto de 2007

Nehemías 2:
Nehemías tenía una posición privilegiada como funcionario de confianza del rey, influencia, una situación económica muy buena; pero esto no le impidió ser sensible a la necesidad de su pueblo que sufría, de su ciudad y país que estaban en una precaria situación. Le importaba y le dolía esa realidad, y estuvo dispuesto a sacrificar su comodidad y conveniencia, para luchar por una nueva realidad para los suyos: "¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?" (v. 2) Cuando el rey le preguntó por el motivo de su tristeza, él tuvo una respuesta clara y precisa, venía orando desde cuatro meses atrás, y tenía una visión y un plan específico: "Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, 5 y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. 6 Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. 7 Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; 8 y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí" (v. 4- 8). Si hoy el Señor nos preguntara ¿qué cosa pides?, como le preguntó el rey a Nehemías, ¿cuál sería nuestra respuesta?, ¿tenemos claro lo que deseamos, lo que necesitamos?, ¿tenemos una visión y un plan?. La "benéfica mano de Dios" estuvo sobre Nehemías y su gestión no por casualidad o buena suerte; fue el resultado de una vida de oración y ayuno, de una visión clara, de un plan definido y específico, de un profundo compromiso y una acción consecuente y disciplinada.

"II. Nehemías hace preparativos para la obra (2)
Cuatro meses pasaron durante los cuales Nehemías esperó el tiempo de Dios para hablarle al rey. «El que creyere, no se apresure», dice Isaías 28.16. En verdad, la fe y la paciencia van juntas (Heb 6.12). Pero Nehemías tenía un plan en mente, que Dios le dio, y sabía exactamente qué hacer cuando llegara la hora precisa. Cuán similar al Señor Jesucristo (Jn 6.5–6).
A. Nehemías y el rey (vv. 1–8).
Nadie debía aparecer ante el rey triste ni con malas noticias (Est 4.1–2), pero el peso en el corazón de Nehemías se revelaba en su semblante. Era hombre con tristeza y el rey lo notó. Si no hubiera sido por la providencia de Dios, esta tristeza hubiera sido causa de muerte. Antes de presentarle a Artajerjes su carga, Nehemías rápidamente acude al trono de la gracia en oración; luego le dijo al rey lo que tenía en el corazón. Sabía que Dios abriría el camino (Pr 21.1). Con tanta perfección elaboró Nehemías su plan, que pudo darle al rey un itinerario, horario (v. 6) y una lista de los materiales que necesitaría para la tarea (vv. 7–8). ¡La poderosa mano de Dios (1.10) y la mano benéfica (2.8) hicieron lo imposible!
B. Nehemías y las ruinas (vv. 9–16).
Nehemías demoró tres meses para arribar a la ciudad y lo hizo como gobernador, no como siervo. Hombre de paciencia, Nehemías esperó tres días antes de dar cualquier paso. Los enemigos vigilaban y Nehemías tenía que ser sabio y cauto. Más adelante descubrió que algunos de los nobles de Judá eran aliados de Tobías, el enemigo de los judíos (6.17–19). Por la noche investigó la situación, guardando para sí su opinión. Estaba despierto cuando los demás dormían y preocupado cuando los demás estaban despreocupados. Vio más de la situación por la noche de lo que otros podían ver a la luz.
C. Nehemías y los judíos (vv. 17–20).
Nehemías no creía en el ministerio de un solo hombre; desafió a los líderes del remanente a que trabajaran junto con él (no para él) en la reparación de las murallas. ¿El motivo? «No estemos más en oprobio». Le preocupaba la gloria de Dios y el bien de la nación. Nehemías les mostró la necesidad, delineó la tarea y les aseguró la bendición de Dios. De inmediato surgió la oposición (como siempre ocurre), pero Nehemías sabía que la mano de Dios estaba sobre él y su trabajo".
(Bosquejos expositivos de la Biblia)

miércoles, 29 de agosto de 2007

Nehemías 1:
En el año 445 a.c. (poco después de Esdras), comenzó el trabajo de Nehemías; un hombre muy importante en la corte que no olvidó a su pueblo, sino que al contrario, asumió un verdadero compromiso involucrándose activamente en la restauración de su nación. Un verdadero hombre de Dios como lo fue Nehemías, no se conforma con estar bien él; se compromete y actúa bajo la dirección de Dios, hasta ver a su pueblo reconstruido, consolidado y próspero. Una vez más podemos notar, que lo primero fue la oración, la búsqueda de Dios, el ayuno. Siempre debemos empezar la restauración por la vida espiritual, de adentro hacia afuera; rescatar primero la relación con Dios, el amor y el servicio sincero a Él, y no simplemente una práctica ritual externa; volver a los principios y valores eternos de Su palabra. Cuando buscamos de corazón Al Señor, podemos confiar en que Él nos dará "buen éxito y gracia" como se lo pidió Nehemías (v. 11).


I. Nehemías ora por la obra (1)
A. El informe (vv. 1–3).
Como copero del rey, Nehemías (un judío) ostentaba una posición muy elevada en la corte. Estaba muy cerca del rey y podía gozar de su confianza. Pero Nehemías no se había olvidado de su pueblo, porque anhelantemente le pidió a su hermano noticias de Jerusalén. Léanse Salmos 122 y 137.5–6. ¡Ojalá los santos de hoy tuvieran tanto interés en su Jerusalén celestial! Las noticias eran tristes: el remanente sufría vergüenza, las murallas estaban destrozadas y las puertas quemadas. Véase Salmo 79.1–4. En lugar de ser una ciudad de alabanza y gloria, era una de vergüenza y reproche.
B. La respuesta (v. 4).
Nehemías de inmediato se preocupó por su ciudad. El hecho de que estuviera a más de 1.120 km de distancia no hacía diferencia; tampoco importó que disfrutara de lujo y prestigio en el palacio del rey. No dijo: «¡La suerte de la ciudad no es culpa mía!» De inmediato su corazón fue tocado y quería hacer algo para salvar a su ciudad. Durante cuatro meses (de diciembre a abril; véanse 1.1 y 2.1) lloró y oró. Véanse Daniel 9 y Esdras 9.
C. La petición (vv. 5–11).
Este libro muestra que Nehemías era un hombre de oración (1.4–11; 2.4; 4.4, 9; 5.19; 6.9, 14; 13.14, 22, 29, 31). El libro empieza y concluye con una oración. El versículo 6 nos dice que oraba día y noche, debido al peso que sentía por la ciudad. Nótese que Nehemías confesó sus pecados y los de su pueblo. También le recordó al Señor las promesas de su gracia (vv. 8–9) y luego se ofreció a ser el siervo de Dios para hacer algo respecto a la afligida Jerusalén. «Aquí estoy, Señor, envíame a mí». En el versículo 11 vemos que tiene fe para pedirle a Dios siervos, otros judíos que le ayuden en la tarea.
(Bosquejos expositivos de la Biblia)