miércoles, 19 de septiembre de 2007



1 Corintios 15: 1-26:
El suceso más importante y trascendental de la historia fue la resurrección del Señor Jesucristo. El personaje más importante de la historia, que produjo el mayor impacto benéfico, que partió en dos la historia; nació para morir por nosotros ("Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" - Juan 3: 16). Pero Él no se quedó muerto, resucitó como lo confirma el testimonio del apóstol Pablo, y el de miles de hombres y mujeres,que llegaron a dar su vida por anunciar esta extraordinaria realidad. Como queda muy bien establecido en este pasaje de la Escritura; la resurrección es la base misma de nuestra fe, sin la cual nada tendría sentido. No creemos y anunciamos sencillamente una religión o filosofía; creemos en El Dios vivo, que murió habiéndose encarnado como hombre para llevar nuestros pecados en la cruz, y resucitó venciendo la muerte, al pecado y sus consecuencias. Esto es lo que hace que nuestra experiencia con Jesús, sea una vida abundante y plena, que podemos y debemos anunciar a todos los que no lo conocen, para que también reciban vida en Jesús.

"15.5–8 Siempre habrá personas que digan que Jesús no resucitó. Pablo nos asegura que muchas personas vieron a Jesús después de su resurrección: Pedro, los discípulos (los doce), más de quinientos creyentes (muchos de los cuales vivían al momento en que Pablo escribió esto, aunque otros murieron); Santiago (el hermano de Jesús), todos los apóstoles y por último Pablo mismo. La resurrección es un hecho histórico. No se desaliente por causa de los incrédulos, los que niegan la resurrección. Llénese de esperanza porque un día usted y ellos verán la prueba viviente, cuando Cristo vuelva. (Para más evidencias sobre la resurrección, véase el diagrama en Marcos 16.)
15.7 Esta persona quizás fue Santiago, el hermano de Jesús, que inicialmente no creyó que este era el Mesías (Juan 7.5). Pero luego de ver al Jesús resucitado, se convirtió en creyente y después en líder de la iglesia en Jerusalén (Hechos 15.13). También escribió el libro de Santiago en el Nuevo Testamento.
15.8, 9 La credencial más importante de Pablo como apóstol era que fue un testigo presencial del Cristo resucitado (véase Hechos 9.3–6). «Abortivo» significa que el suyo fue un caso especial. Los demás apóstoles vieron a Jesús en persona. Pablo era de la generación siguiente de creyentes, aun Cristo se le apareció.
15.9–10 Como fariseo celoso, Pablo llegó a ser enemigo de la iglesia cristiana hasta el punto de capturar y perseguir creyentes (véase Hechos 9.1–3). Esta es la razón por la que se considera indigno de ser llamado apóstol de Cristo. A pesar de ser el más influyente de los apóstoles, Pablo era profundamente humilde. Sabía que había trabajado duro y que había logrado mucho, pero esto debido a que Dios derramó su gracia sobre él. La verdadera humildad no radica en convencerse de que uno no es valioso sino de que Dios obra en nosotros. Es mantener la perspectiva de Dios en quién es usted y reconocer su gracia en el desarrollo de sus habilidades.
15.10 Pablo manifiesta haber trabajado más que los demás apóstoles. Esta no es una declaración petulante, porque sabía que su poder procedía de Dios y que no importaba quién trabajara más que los demás. Debido a su posición prominente como fariseo, la conversión de Pablo lo hizo objeto de una mayor persecución en comparación con los otros apóstoles, siendo esta la razón por la que trabajó más fuerte en la predicación del mismo mensaje.
15.12ss La mayoría de los griegos no creían en la resurrección corporal de las personas. Veían la vida venidera como algo que sólo se relacionaba con el alma. De acuerdo a la filosofía griega, el alma era la persona real, aprisionada en el cuerpo físico, y en la muerte quedaba liberada. No había inmortalidad para el cuerpo sino que el alma entraba en un estado eterno. En las Escrituras, al contrario, el cuerpo y el alma se unificarán después de la resurrección. La iglesia en Corinto se hallaba en el corazón de la cultura griega. Por eso muchos creyentes tuvieron dificultad para creer en la resurrección corporal. Pablo escribió esta parte de su carta para resolver esta confusión acerca de la resurrección.
15.13-18 La resurrección de Cristo es el centro de la fe cristiana. Como Cristo resucitó de la muerte, como prometió, sabemos que dijo la verdad: Él es Dios. Como resucitó, su muerte por nuestras pecados fue válida y somos perdonados. Porque resucitó vive e intercede por nosotros. Porque resucitó y venció la muerte, sabemos que también nosotros resucitaremos.
15.19 ¿Por qué Pablo dice que seríamos los más miserables si sólo el ser cristianos fuera lo de más valor en esta vida? En los días de Pablo, el cristianismo implicaba con frecuencia persecución para toda persona, ostracismo de la familia, y en muchos casos, pobreza. Había muy pocos beneficios tangibles para el cristiano en esa sociedad. Definitivamente no significaba ascender en la escala social o profesional. Sin embargo, había algo mucho más importante, si Jesús no hubiera resucitado de la muerte, los cristianos no habrían podido obtener el perdón de sus pecados y por lo tanto no tendrían esperanza de vida eterna.
15.20 Primicia era la primera parte de las cosechas que los judíos traían al templo como ofrenda (Levítico 23.10ss). Aunque Cristo no fue el primero en resucitar de la muerte (Él resucitó a Lázaro y otros), fue el primero que nunca volvió a morir. Él es el precursor, la prueba de nuestra resurrección a la vida eterna.
15.21 La muerte vino como resultado del pecado de Adán y Eva. En Romanos 5.12–21, Pablo explica por qué el pecado de Adán trajo pecado a todos, cómo la muerte y el pecado se esparcieron entre todos los seres humanos por causa del primer pecado, y el paralelo existente entre la muerte de Adán y la de Cristo".
(Biblia del diario vivir)

lunes, 17 de septiembre de 2007


CAMPAÑA 100 DÍAS DE AVIVAMIENTO, DÍA 2:
Juan 15: 1-8:
En su último mensaje antes de morir, El Señor Jesucristo enseñó a sus discípulos sobre la relación "viva" que ellos tenían y debían desarrollar con Él. Les enseñó que El Padre es el labrador, el dueño de la viña, el que la cuida. Él (El Señor Jesús) es la vid, el tronco, la planta. Nosotros somos los pámpanos, las ramas, los que debemos producir el fruto. Fue claro y directo al expresar que nosotros no podemos (aunque quisiéramos), producir fruto "por nosotros mismos", si no permanecemos en Él. También está claro en este pasaje, que lo que agrada y glorifica Al Padre, es que nuestra vida sea fructífera, productiva. Estaremos estudiando, profundizando y aplicando estas hermosas enseñanzas durante toda nuestra campaña "100 días de avivamiento"; te animamos a involucrarte, a participar, a disfrutar des este tiempo de despertar espiritual, de "oración eficaz y vida fructífera".
15.1 La vid es una planta prolífica; una sola vid produce muchas uvas. En el Antiguo Testamento, las uvas simbolizaban la capacidad de Israel de llevar fruto haciendo la obra de Dios en la tierra (Salmo 80.8; Isaías 5.1–7; Ezequiel 19.10–14). En la comida de Pascua, el fruto de la vid simbolizaba la bondad de Dios para con su pueblo.
15.2, 3 Jesús establece una diferencia entre dos tipos de poda: (1) quitar, y (2) limpiar las ramas. Las ramas que llevan fruto se limpian a fin de promover el crecimiento. En otras palabras, a veces Dios debe disciplinarnos para fortalecer nuestro carácter y nuestra fe. 15.5. El fruto no se limita a ganar almas. En este capítulo, la oración respondida, el gozo y el amor se mencionan como fruto (15.7, 11, 12). Gálatas 5.22–24 y 2 Pedro 1.5–8 describen frutos adicionales: cualidades del carácter cristiano.
(Biblia del diario vivir).

"15.1–8 El fruto que el labrador celestial desea para su pueblo es la semejanza con Cristo (véase Gl 5.22, 23). Para que una rama sea productiva tiene que ser podada; es decir, sometida a la beneficiosa disciplina del Padre (véase Heb 12.10) y debe mantenerse estrechamente unida a la vid (vv. 4, 5).
15.1 Este séptimo Yo soy, la última autodesignación de Jesús en este Evangelio, se repite en el v. 5, y describe la relación entre Jesús y sus discípulos. Su trasfondo es Isaías 5.1–7, donde se compara a Israel con un viñedo amorosamente cuidado por Dios. Pero a diferencia de Israel, Jesús es la vid verdadera; es decir, real, genuina.
15.7–11 Cuando permanecemos en Cristo nuestras oraciones son efectivas (v. 7), glorificamos a Dios llevando fruto (v. 8), evidenciamos nuestra condición de discípulos (vv. 8–10), y experimentamos la plenitud del gozo al recibir en nuestros corazones el gozo de Cristo (v. 11)".
(Biblia plenitud).

sábado, 15 de septiembre de 2007


Sugerimos repasar lo aprendido en los cinco días anteriores y profundizar un poco. Es importante escribir enseñanzas y lecciones específicas, que podamos aplicar a nuestra vida diaria.

Algunas reflexiones sobre el capítulo 10:
"10.28ss El muro quedó terminado y se restableció el pacto que Dios hizo con su pueblo en los días de Moisés (Deuteronomio 8). En este pacto se encuentran principios que son importantes para nosotros en la actualidad. Nuestra relación con Dios debe ir más allá de asistir a la iglesia y tener devociones regulares. Debe afectar nuestras relaciones (10.30), nuestro tiempo (10.31) y nuestros recursos materiales (10.32–39). Cuando uno decide seguir a Dios, hace una promesa de servirlo de esta forma. Los israelitas se habían apartado del compromiso original de seguir a Dios. Debemos guardar nuestra promesa con Dios en tiempos de adversidad o prosperidad.
10.30 Si el pueblo escogido de Dios iba a testificar por Él en un mundo pagano, necesitaba familias unidas y temerosas de Dios. También, debían evitar cualquier tentación de adorar los ídolos de los pueblos que vivían a su alrededor. Por esto Dios prohibió el matrimonio entre los israelitas y los paganos que vivían en la región (Deuteronomio 7.3, 4). Sin embargo, los israelitas y los paganos a menudo se casaron, y los resultados fueron desastrosos para las familias y para la nación. Siempre el matrimonio con extranjeros llevó al pueblo de Dios a la idolatría (1 Reyes 11.1–11). Cada vez que la nación se apartaba de Dios, perdía su prosperidad e influencia.
10.31 Dios reconoció que la atracción del dinero entraría en conflicto con la necesidad de descansar un día, por lo que se prohibió el comercio dentro de la ciudad el día de reposo. Al decidirse a honrar a Dios en primer lugar, los israelitas estaban rechazando hacer del dinero su Dios. Nuestra cultura a menudo nos hace elegir entre la conveniencia y el beneficio por un lado y el colocar a Dios en primer lugar por el otro. Analice su trabajo y sus hábitos de adoración: ¿Está Dios realmente en primer lugar?"

(Biblia del diario vivir)

viernes, 14 de septiembre de 2007

Nehemías 9 y 10: Preparándonos para los 100 días de avivamiento, oremos con base en esta oración que hicieron los líderes espirituales de Israel, y que está registrada en estos dos capítulo de la Escritura. Tomando las palabras escritas, oremos con ellas en primera persona:
"Nos levantamos, bendecimos a Jehová nuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendecimos el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza. 6 Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran. 7 Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; 8 y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo. 9 Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo; 10 e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías que habían procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande, como en este día. 11 Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de él en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una piedra en profundas aguas. 12 Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir. 13 Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos, 14 y les ordenaste el día de reposo santo para ti, y por mano de Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley. 15 Les diste pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la peña; y les dijiste que entrasen a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano y juraste que se la darías. 16 Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos. 17 No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre. Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste. 18 Además, cuando hicieron para sí becerro de fundición y dijeron: Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto; y cometieron grandes abominaciones, 19 tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir. 20 Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed. 21 Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies. 22 Y les diste reinos y pueblos, y los repartiste por distritos; y poseyeron la tierra de Sehón, la tierra del rey de Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán. 23 Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los llevaste a la tierra de la cual habías dicho a sus padres que habían de entrar a poseerla. 24 Y los hijos vinieron y poseyeron la tierra, y humillaste delante de ellos a los moradores del país, a los cananeos, los cuales entregaste en su mano, y a sus reyes, y a los pueblos de la tierra, para que hiciesen de ellos como quisieran. 25 Y tomaron ciudades fortificadas y tierra fértil, y heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas, viñas y olivares, y muchos árboles frutales; comieron, se saciaron, y se deleitaron en tu gran bondad. 26 Pero te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos a ti, e hicieron grandes abominaciones. 27 entonces los entregaste en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron. Pero en el tiempo de su tribulación clamaron a ti, y tú desde los cielos los oíste; y según tu gran misericordia les enviaste libertadores para que los salvasen de mano de sus enemigos. 28 Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonaste en mano de sus enemigos que los dominaron; pero volvían y clamaban otra vez a ti, y tú desde los cielos los oías y según tus misericordias muchas veces los libraste. 29 Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá; se rebelaron, endurecieron su cerviz, y no escucharon. 30 Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra. 31 Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso. 32 Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día. 33 Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo. 34 Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimonios con que les amonestabas. 35 Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras. 36 He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien. 37 Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad, y estamos en grande angustia. 38 A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes.
El pacto que firmó el pueblo se encuentra en el capítulo 10, en resumen dicen los versículos 28 y 29:
"Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y discernimiento, 29 se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor".
El resto del capítulo 10 narra los detalles de este pacto. Hoy nosotros también debemos hacer pacto con Dios, de obedecerle, buscarlo y vivir conforme a Su palabra.

jueves, 13 de septiembre de 2007


Nehemías 9:
"La oración en el capítulo 9 es un resumen espiritual de la historia de los judíos del AT: la creación (v. 6), el llamado de Abraham (vv. 7–8), el éxodo (vv. 9–14), las experiencias de la nación en el desierto (vv. 15–23), la conquista de la tierra (vv. 24–25), el período de los jueces (vv. 26–29), el período de los profetas hasta el cautiverio (vv. 30–31). «Ahora pues» (v. 32) nos trae al día de Esdras y a la necesidad de la nación de arrepentirse y confesar sus pecados. Note en el versículo 36 que los judíos admiten que las «profecías de liberación» de Isaías y Jeremías no se aplicaban a su regreso del cautiverio. Se aplicarán en una fecha futura cuando Dios reúna a Israel de nuevo en Palestina. El capítulo 10 nos da los nombres de los valientes y consagrados que entraron en pacto con Dios aquel día. Es difícil que se dieran cuenta de que sus nombres quedarían anotados eternamente en la Palabra. En los versículos 28–39 vemos al pueblo aplicando la Palabra a sus vidas diarias. Una cosa es orar y firmar un pacto, y otra muy diferente separarse del mal, enderezar nuestros hogares (vv. 28–30), honrar los mandamientos (v. 31), contribuir para la casa de Dios (vv. 32–33) y servir a Dios con los diezmos y ofrendas (vv. 34–39). Demasiadas «conferencias bíblicas» terminan con la gente emocionada y bendecida, pero sin que obedezcan lo que han oído"
(Bosquejos expositivos de la Biblia)

9.2, 3 Los hebreos practicaban la confesión pública en que reconocían sus pecados. El leer y estudiar la Palabra de Dios precede a la confesión (véase 8.18) debido a que Dios puede mostrarnos por medio de su Palabra en qué estamos pecando. La confesión sincera precede a la verdadera adoración debido a que no podemos tener una correcta relación con Dios si estamos reteniendo ciertos pecados en nuestra vida.
9.7-38 Muchas oraciones y discursos en la Biblia incluyen un extenso resumen de la historia de Israel, ya que los individuos no tenían ejemplares de la Biblia como los tenemos hoy día. Este resumen de las obras de Dios del pasado recordó al pueblo su gran herencia y las promesas de Dios.
Es esencial que recordemos también nuestra historia, para no repetir errores y poder servir mejor a Dios. Recordar nuestro pasado nos ayuda a comprender la forma en la que podemos mejorar nuestra conducta. Nos muestra si hay un patrón para nuestro crecimiento espiritual. Aprenda de las experiencias del pasado para que llegue a ser la clase de persona que Dios quiere que sea.
9.16–21 El que Dios haya continuado con su pueblo nos muestra que su paciencia es sorprendente. A pesar de nuestras fallas, orgullo y tozudez siempre está dispuesto a perdonarnos (9.17) y su Espíritu siempre está listo para instruirnos (9.20). El darnos cuenta del grado del perdón de Dios debe ayudarnos a perdonar a los que nos fallan, hasta «setenta veces siete» si es necesario (Mateo 18.21, 22).
9.28-31 Israel fue devastado por momentos de rebelión y de pecado intensos. Aun así, cuando el pueblo se arrepentía y regresaba a Dios, Él los libraba. Dios no pone límite alguno al número de veces que podemos ir a Él para obtener misericordia, pero para obtenerla debemos ir a Él reconociendo nuestra necesidad y pidiéndole ayuda. Este milagro de gracia debe inspirarnos a decir «¡Cuán clemente y misericordioso eres, Dios!» Si existe un problema o una dificultad recurrente en su vida, continúe pidiendo ayuda a Dios, y esté dispuesto a hacer los cambios de actitud y de conducta que pueden corregir esa dificultad.
9.35 Algunas veces las bendiciones mismas que Dios ha derramado en nosotros hace que nos olvidemos de Él (9.28). A menudo nos vemos tentados a confiar en la riqueza y en la seguridad y no en Dios. Cuando vea lo que le sucedió a los israelitas, observe su propia vida. ¿Las bendiciones que reciben lo hacen estar agradecido y lo acercan a Él o lo hacen sentirse autosuficiente y desmemoriado en cuanto a Dios?
9.36 Los israelitas estaban en la extraña situación de ser esclavos en su propia tierra y tener cada año que dar parte de sus recursos a un rey extranjero. Lo triste es que Dios les había dado la tierra a ellos.
9.38 Esta promesa o pacto entre el pueblo y Dios tenía seis puntos. Acordaron: (1) no casarse con vecinos que no fueran judíos (10.30), (2) observar el día de reposo (10.31), (3) dejar descansar la tierra cada siete años (10.31), (4) pagar una contribución al templo (10.32, 33), (5) suministrar leña para los holocaustos del templo (10.34) y (6) dar primicias al templo (10.35–38). Después de años de decadencia y cautiverio, el pueblo comenzó una vez más a tomar en serio su responsabilidad de seguir a Dios y guardar sus leyes de todo corazón"
(Biblia el diario vivir).

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Nehemías 8: "y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. 2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. 3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley" (v. 1- 3). Una experiencia de renovación espiritual, arrepentimiento y avivamiento; fue el resultado de la lectura y enseñanza de las Escrituras al pueblo reunido durante una mañana entera. En tres versículos se menciona que "el pueblo estaba atento" (v. 3, 5 y 7), y también se menciona que los líderes espirituales "hacían entender al pueblo la ley". Cuando la palabra de Dios es enseñada, entendida y practicada, se producen grandes transformaciones en las personas en las familias y en la comunidad. A través de la historia, donde quiera que ha llegado el mensaje de la Biblia; ha producido reconciliación, sanidad, liberación, restauración y paz. Pero es necesario estudiar y profundizar en ella, y no simplemente contentarse con un conocimiento superficial. Es necesario obedecerla, ponerla en práctica, ajustar la manera de vivir a los principios que en ella encontramos.
"Esdras regresó a Jerusalén para ayudar a Nehemías en la dedicación de las murallas y para santificar al pueblo. No confunda esta escena con la de Esdras 3. Es significativo que se reunieron en la puerta de las Aguas, puesto que esta simboliza la Palabra de Dios (3.26). El pueblo tenía apetito por la Palabra, porque le pidieron a Esdras que trajera el libro y predicara. El primer día del séptimo mes marcaba la Fiesta de las Trompetas; el décimo sería el Día de la Expiación; y del quince al veintidós, la Fiesta de los Tabernáculos (véase Lv 23.23–44). Esdras leyó la Palabra y la explicó durante varias horas, ayudado por los levitas. El versículo 8 describe una perfecta reunión de la iglesia: todo el pueblo se reunió para escuchar, se exaltó la Palabra, el predicador leyó y explicó la Palabra para que la gente pudiera entenderla. El pueblo lloraba al oír la Palabra, aplastados, sin duda dolidos por sus pecados. Pero este debía ser de regocijo. ¡Debían llorar en el Día de la Expiación! Esdras les ordenó que festejaran y se alegraran; véase Eclesiastés 3.4.
Al siguiente día los líderes se reunieron con Esdras y descubrieron la ley respecto a la Fiesta de los Tabernáculos. Proclamaron esta ley por toda la tierra y conforme el pueblo obedeció «hubo alegría muy grande» (v. 17). Hay gozo al oír la Palabra, pero más gozo al obedecerla. El resultado de esta «conferencia bíblica» (celebrada diariamente durante una semana, v. 18) fue una gran convocación de personas convictas en el día veinticuatro del mes. Esdras y los levitas enseñaban tres horas la Palabra y luego guiaban al pueblo en confesión y oración otras tres horas y así todo el día"
(Bosquejos expositivos de la Biblia).

martes, 11 de septiembre de 2007

Nehemías 7:
Ya el proceso de reconstrucción estaba bastante adelantado, el muro estaba terminado y habían organizado al pueblo en funciones y responsabilidades. Son muy importantes los recursos físicos, económicos, los equipos y las estrategias adecuadas; pero de nada sirven si no somos los "hombres y mujeres adecuados". En el versículo 2 habla de un hombre que era "varón de verdad y temeroso de Dios", como necesitamos aprender a ser nosotros. Entonces, todos los planes y todo el trabajo que realicemos tendrán sentido y darán el fruto que deseamos. También debemos "mantener las puertas cerradas para el enemigo", como lo hicieron los habitantes de Jerusalén; que las mantenían "cerradas y atrancadas" hasta que el pueblo estaba preparado, y "Y señalar guardas, cada cual en su turno, y cada uno delante de su casa" (v. 3). La defensa debemos establecerla en cada casa, asumiendo la función de "guardas del muro" que protege nuestra vida, nuestra familia y nuestra ciudad. Asumir los cabezas de familia nuestra responsabilidad, reunirnos a orar, enseñar a nuestros hijos los principios de la palabra de Dios, practicarlos y transmitirlos a nuestros vecinos y amigos; es la manera de proteger nuestro "muro de protección espiritual".

"7.2 La integridad y el temor de Dios eran las características clave que calificaban a estos hombres para gobernar Jerusalén. Uno puede confiar que personas íntegras llevarán a cabo la obra y que si son temerosas de Dios lo harán de acuerdo con las prioridades de Dios. Estos hombres tenían ambas cualidades. Si su responsabilidad es seleccionar líderes, recuerde que la integridad y el temor de Dios son las cualidades más importantes. Si bien otras cualidades impactan más, la integridad y el temor de Dios pasan la prueba del tiempo.
7.3 Las puertas de la ciudad se abrían por lo común al amanecer, permitiendo a los mercaderes entrar y colocar sus tiendas. Nehemías no quería que Jerusalén fuera sorprendida por un ataque enemigo, así que ordenó que las puertas se cerraran hasta mucho tiempo después del amanecer cuando el pueblo ya estuviera despierto y alerta.
7.3 El muro fue terminado, pero la obra no. Nehemías asignó a cada familia la protección de la sección del muro próximo a su casa. Resulta tentador bajar la guardia y descansar en los logros pasados después de haber realizado una gran tarea. Sin embargo, debemos continuar sirviendo y cuidando lo que Dios nos ha encomendado. Seguir con atención el funcionamiento de un proyecto, luego de que este ha concluido, es tan vital como su ejecución".
Biblia del diario vivir)