lunes, 8 de octubre de 2007



Campaña 100 días de avivamiento, día 23: 1 Corintios 12:
No debemos ignorar sobre los dones espirituales, los regalos que El Señor reparte en el cuerpo para enriquecer y capacitar a cada miembro (cada creyente en Cristo), y al cuerpo en general. Estos regalos son indispensables para el desarrollo de la misión de la iglesia, para el crecimiento de cada creyente y para el cumplimiento de los propósitos del Señor. No conocerlos, entenderlos y desarrollarlos, produce estancamiento personal y en la iglesia, resultados minimizados en la obra, cansancio y frustración en el obrero que trata de obedecer y servir Al Señor, sin la capitación sobrenatural del Espíritu Santo. Lo primero que debemos saber y entender, es que hay una gran diversidad en los dones espirituales, que son recibidos por cada creyente después de su nuevo nacimiento. Aquí en este capítulo, por ejemplo, menciona que hay diversos dones, diversos ministerios y diversas operaciones; y que a cada uno se nos da "la manifestación del Espíritu para provecho". Se mencionan algunos dones: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, dones de sanidades, hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas, interpretación de lenguas. Es necesario que estudiemos sobre estos dones y que nos involucremos activamente en la obra del Señor, para descubrir nuestros dones y ponerlos al servicio de la iglesia. El Espíritu santo reparte a cada uno como Él quiere y debemos aceptar y aprovechar los diferentes dones que tenemos para complementarnos como un excelente equipo que se desempeña con gran eficacia, de la manera que lo hace nuestro cuerpo físico.

"12.1ss Las habilidades especiales dadas a cada persona por el Espíritu Santo son llamadas dones espirituales. Nos capacitan para ministrar a las necesidades del cuerpo de los creyentes. Este capítulo no es una lista exhaustiva de los dones espirituales (véanse Romanos 12; Efesios 4; 1 Pedro 4.10, 11 para más ejemplos). Hay muchos dones, la gente tiene diferentes dones, y un don no es superior al otro, algunos tienen más que otros. Todos proceden del Espíritu Santo, y su propósito es edificar el cuerpo de Cristo, la Iglesia.
12.1ss En lugar de edificar y unificar la iglesia en Corinto, los dones espirituales la estaban dividiendo. Se estaban convirtiendo en símbolos de poder espiritual, originando rivalidades, porque algunos pensaban que eran más «espirituales» que otros debido a sus dones. Esta era una forma equivocada de usar los dones espirituales, porque su propósito siempre es ayudar para que la iglesia marche mejor, y no que la divida. Podemos ser divisivos si insistimos en usar nuestros dones a nuestra manera, sin ser sensibles a las necesidades de otros. Nunca debemos usarlos para manipular a otros o servir a nuestros propios intereses.
12.3 Cualquiera puede proclamar que habla por Dios, el mundo está lleno de falsos maestros. Pablo nos da un examen para ayudarnos a discernir si un mensajero es de Dios o no lo es: ¿Confiesa que Jesucristo es Señor? No acepte fácilmente las palabras de alguien que anuncia hablar en nombre de Dios, pruebe sus credenciales descubriendo qué es lo que enseña acerca de Cristo.
12.9 Todos los cristianos tienen fe. Algunos, sin embargo, tienen el don espiritual de la fe, que viene a ser una dimensión poco usual de confianza en el poder del Espíritu Santo.
12.10, 11 «Profecía» no es precisamente una predicción del futuro. Puede ser también predicar la Palabra de Dios con poder. «Discernimiento de espíritus» significa la habilidad para distinguir si una persona que afirma hablar por Dios realmente lo hace, o lo hace de parte del diablo. (Pablo aborda el tema de las lenguas y su interpretación con más detalles en el capítulo 14.) No interesa cuál don o dones tenga una persona, todos provienen del Espíritu Santo. El Espíritu Santo decide cuál don tendremos. Tenemos la responsabilidad de usarlos y agudizarlos, pero no podemos pedir crédito por lo que Dios nos ha dado gratuitamente.
12.12 Pablo compara el cuerpo de Cristo a un cuerpo humano. Cada parte tiene una función especial que es necesaria al cuerpo en su totalidad. Las partes son diferentes con un propósito y a pesar de sus diferencias deben laborar juntas. Los cristianos deben evitar dos errores comunes: (1) sentirse demasiado orgullosos de sus habilidades, o (2) pensar que no tienen nada que ofrecer al cuerpo de creyentes. En lugar de compararnos con otros, debemos usar nuestros diferentes dones, juntos, a fin de difundir las buenas nuevas de salvación.
12.13 La iglesia es compuesta por muchas personas con una variedad de trasfondo y una multiplicidad de dones y habilidades. Es muy fácil que esas diferencias dividan a las personas, como fue el caso en Corinto. Pero más allá de las diferencias, todos los creyentes tienen una cosa en común: fe en Cristo. En esta verdad esencial la iglesia halla su unidad. Todos los creyentes son bautizados por un Espíritu Santo, forman parte de un cuerpo de creyentes, la iglesia. No perdemos nuestra identidad personal sino que poseemos una unidad en Cristo a pesar de seguir siendo individuos. Cuando una persona se hace cristiana, el Espíritu Santo hace en ella su residencia y viene a nacer dentro de la familia de Dios. «A todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu» significa que el mismo Espíritu Santo llena completamente nuestro profundo ser. Como miembros de la familia de Dios, podemos tener intereses diversos así como también dones diferentes, sin dejar de tener una misma meta.
12.14–24 Usando la analogía del cuerpo, Pablo enfatiza la importancia de cada miembro de la iglesia (véase la nota a 12.12). Si alguna parte, considerada sin importancia, es puesta aparte, todo el cuerpo pierde parte de su efectividad. Pensar que su don es más importante que el de otro es orgullo espiritual. No debiéramos menospreciar a aquellos que aparentan ser menos importantes ni ponernos celosos con aquellos que manifiestan dones más impresionantes. Al contrario, debemos usar los dones que se nos ha dado y animar a otros a usar los suyos. Si no lo hacemos, el cuerpo de Cristo perderá mayor efectividad.
12.25, 26 ¿Cómo reacciona usted cuando otra persona es honrada? ¿Cuál es su respuesta cuando una persona está sufriendo? Se nos pide regocijarnos con aquellos que se gozan y llorar con los que lloran (Romanos 12.15). Con frecuencia, desafortunadamente, nos ponemos celosos con los que se gozan y nos apartamos de aquellos que lloran. Los creyentes están en el mismo mundo, no hay tal cosa como cristianismo individual. No podemos estar de acuerdo sólo con nuestra relación con Dios, debemos involucrarnos en las vidas de los demás".
(Biblia del diario vivir)

jueves, 4 de octubre de 2007

Campaña 100 días de avivamiento, día 19:
Efesios 4: 17-32:
"Los gentiles" aquí se aplica a todos aquellos que no son parte del pueblo de Dios, es decir la iglesia del Señor Jesús. Los versículos 17- 24 nos dan los principios del andar diario a quienes hemos conocido Al Señor Jesús, y nos hemos convertido por Su gracia y por Su amor, en Sus hijos, Su pueblo. Los versículos 25 al 32 nos dan los detalles de ese andar diario. Quienes no conocen a Cristo, no tienen más remedio que vivir "en la vanidad de su mente, 18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón" (v. 17 y 18); es decir, de acuerdo con sus equivocados criterios, con la mente oscurecida, sin poder gozar de la vida que viene de Dios, limitados por dos graves problemas internos: la ignorancia y la insensibilidad. Esta ignorancia de las cosas espirituales de Dios, denota no sólo la falta de conocimiento, sino también la renuencia en cuanto a conocer; de tal manera que aunque tengan en su mente conceptos acerca de Dios, no lo conocen. Las consecuencias son lamentables: pérdida de la sensibilidad, entrega desenfrenada a vicios, prácticas impuras, etc. El versículo 20 es enfático en afirmar que nosotros "no conocimos a Cristo para vivir así" (Biblia de estudio Dios habla hoy); al contrario, hemos oído el mensaje de Jesús para vivir como Él quiere, según la verdad que está en Jesús (v. 21). Esto implica "renunciar" a la anterior manera de vivir, "despojarnos" de lo que éramos, "renovarnos" espiritualmente cambiando la manera de pensar, y "revestirnos" de la nueva naturaleza que hemos recibido de Dios, que se distingue por la rectitud y la pureza. Los versículos 25 al 32 lo expresan de manera más práctica: no mentir más, no dejar que el enojo dure todo el día, no robar sino trabajar para ayudar a los necesitados, no decir malas palabras sino hablar en forma edificante, alejar del corazón la amargura, las malas pasiones, los enojos, los gritos, los insultos, y toda clase de maldad. Ser buenos, compasivos unos con otros y perdonarnos mutuamente. Cuando vivimos de esta manera, no entristecemos al Espíritu Santo, cuya presencia en nosotros es lo que nos "distinguirá como propiedad de Dios el día en que él nos dé la liberación definitiva" (Biblia de estudio Dios habla hoy).
"La primera parte de este capítulo describe la relación del creyente con la iglesia; ahora Pablo analiza la relación del creyente con el mundo. Ciertamente estamos «en Cristo» y somos una parte del cuerpo; pero también estamos en el mundo, donde hay tentación y contaminación. No podemos salir del mundo porque tenemos una responsabilidad de testificarle; sino que debemos andar en pureza y no permitir que el mundo nos contamine.
Pablo empieza con lo negativo: no andar de la manera que lo hacen los inconversos. Explica las razones por las cuales andan en impiedad: (1) su entendimiento está entenebrecido debido a que creen en mentiras y no han recibido la verdad; (2) están muertos espiritualmente; (3) se han entregado a cometer toda clase de pecados. Compare esta descripción con 2.1–3 y 2 Corintios 4. Pudiéramos resumir su condición diciendo que andaban de la manera errada debido a que no conocían la verdad y nunca habían recibido la vida. Sólo el Cristo de Juan 14.6 podía satisfacer sus necesidades espirituales.
La vida cristiana debe ser radicalmente diferente de la vida vieja. Pablo esperaba que los efesios experimentaran cambios y les hace tres admoniciones: «despojarse» (vv. 22–23); «vestirse» (v. 24) y «desechar» (vv. 25ss). Romanos 6 nos enseña que el viejo hombre ha sido crucificado y sepultado y que a medida que consideramos que esto es verdad, nos «despojamos» de ese viejo hombre. Dios ha hecho su parte; ahora nos resta que creamos lo que Él ha dicho y que «nos cambiemos de vestidos». La instrucción que Jesús dio respecto a Lázaro se aplica a cada creyente: «Desatadle [quítenle los vestuarios de sepultura], y dejadle ir». Pero no es suficiente morir a la vida vieja; también debe haber la resurrección y la manifestación de la vida nueva. Nos quitamos las «ropas de sepultura» de la vida vieja y nos vestimos de los «vestidos de la gracia» de la nueva vida. Somos parte de la nueva creación de Dios (v. 24 y 2.10) y por consiguiente andamos en vida nueva (Ro 6.4).
Debemos «desechar» (de una vez por todas) ciertos pecados y Pablo los menciona en 25ss. Nótese cómo liga cada mandamiento a una verdad espiritual: somos miembros los unos de los otros (v. 25); somos sellados para el día de la redención (v. 30); Dios nos ha perdonado (v. 32). La doctrina y el deber son bendiciones gemelas en la Biblia, tanto la riqueza del cristiano como su andar en Cristo.
Si pertenecemos a la verdad, ¿cómo podemos darnos a las mentiras? Satanás es el padre de toda mentira (Jn 8.44); sus espíritus hablan mentiras (1 Jn 2.21, 27); un día todo el mundo creerá en «la mentira» (2 Ts 2.9–11).
Hay una ira que no es pecado (Mc 3.5). Si nos encolerizamos contra las personas, hay lugar para el pecado; si nos enojamos contra el pecado y los principios pecaminosos, podemos mantener un andar santo. ¡Qué fácil es que los cristianos llamen «indignación santa» a sus arranques de cólera! La ira del hombre nunca produce la rectitud o justicia de Dios (Stg 1.20).
Darle lugar al diablo (v. 27) incluye tanto el mentir como la cólera; porque Satanás es mentiroso y homicida. ¿Nos damos cuenta de que las mentiras, la hipocresía y la cólera le dan a Satanás una entrada en nuestras vidas? Las mentiras y la cólera de Caín le llevó al homicidio (Gn 4).
El versículo 25 se liga con 1 Tesalonicenses 4.11 y 2 Tesalonicenses 3.6–12. El inconverso ladrón solía robar para complacerse; ahora que ha sido salvado debe trabajar para poder dar a otros. Este es el maravilloso cambio que genera la gracia en el corazón de una persona.
Nuestros labios deben hablar lo que edifica (Col 4.6; Sal 141.3). La corrupción de labios sólo denota corrupción del corazón. El Espíritu nos ha sellado (1.13, 14); no debemos entristecerlo al permitir que estos pecados de acción y actitud estén en nuestras vidas. En las Escrituras al Espíritu se le describe como una paloma (Jn 1.32) y esta es un ave limpia que ama la paz. Se debe eliminar la ira y la gritería mediante el amor y el perdón cristianos".
(Bosquejos expositivos de la Biblia)

miércoles, 3 de octubre de 2007


Campaña 100 días de avivamiento, día 18:
Efesios 3: 14- 21:
El apóstol Pablo oraba por sus discípulos pidiendo que fueran "fortalecidos con poder en el hombre interior", con el propósito de que pudieran ser "arraigados y cimentados en amor"; para que fueran capaces de comprender y conocer el amor de Cristo, y así ser "llenos de toda la plenitud de Dios". Es una manera de orar que debemos practicar en nuestras vidas, pidiendo crecimiento espiritual, conocimiento de Dios.
"Usted recordará que las dos oraciones en Efesios (aquí y en 1.15–23) se complementan. La primera es una oración por conocimiento; la segunda por capacitación. Pablo quiere que los efesios aprendan todo lo que tienen en Cristo y después que vivan lo aprendido. Pablo ora por la familia de Dios en el cielo y en la tierra, porque allí es donde está su familia; no hay ninguna «debajo de la tierra» (véase Flp 2.10). Esto quiere decir que no hay purgatorio donde se prepara a la gente para ir al cielo. Ora para que la persona interior pueda conocer la fortaleza espiritual. ¡Con cuánto descuido algunos cristianos tratan a la persona interior! El Espíritu Santo nos da poder desde el interior a través de la Palabra de Dios y la oración. En los versículos 20–21 Pablo recalca que cuando oramos el Espíritu de Dios obra en nosotros; y en 1 Tesalonicenses 2.13 (junto a Col 3.16) enseña que Dios nos concede poder mediante su Palabra. Los santos primitivos se entregaron «a la oración y a la Palabra de Dios» (Hch 6.4) y Dios obró con poder en ellos y mediante ellos.
Él quiere que Cristo «se sienta en casa» (habitar, v. 17) en sus corazones. Por supuesto, Cristo vive en el corazón de cada creyente verdadero, pero no todo corazón es un hogar agradable para Él. A Cristo le encantaba ir a Betania porque sus amigos le querían, se alimentaban de su Palabra y le servían. Cuando Cristo vino a esta tierra para hablar con Abraham (Gn 18), envió delante a dos ángeles a que visitaran a Lot (Gn 19) debido a que no se sentía a sus anchas en la casa de un creyente mundano. ¿Se siente Él como en casa en nuestros corazones?
Cristo se siente así en nuestros corazones cuando Él halla fe y amor. «Arraigados» (v. 17) sugiere una posición firme, un hábito de fe y amor, como un árbol enraizado en la tierra. Demasiados cristianos quieren los frutos del Espíritu sin estar enraizados en las cosas espirituales.
«Comprender» en el versículo 18 significa «asir», «aprehender». Pablo ya ha orado para que ellos tengan entendimiento; ahora ora para que se acojan a estas maravillosas bendiciones y las capten y tomen por sí mismos. Por fe nos apropiamos de las promesas de Dios. Pablo quiere especialmente que se aferren del inmensurable amor de Dios, un amor que llena todas las cosas. Demasiados cristianos se imaginan a Dios como un Juez colérico o un Capataz riguroso en lugar de un Padre amoroso.
«Llenos de toda la plenitud de Dios» (v. 19): este es el propósito supremo de Dios para nuestras vidas. Lea cuidadosamente Juan 1.16 y Colosenses 2.9–10. «Vosotros estáis completos en Él» afirma Colosenses 2.10. ¿Por qué vivir como mendigos cuando Dios nos ha dado su plenitud? Una vida vacía es decepcionante y peligrosa; si el Espíritu de Dios no nos llena, el espíritu de desobediencia (2.2) se pone en acción y caemos en pecado.
Los versículos 20–21 declaran una bendición emocionante, cerrando la primera sección de la carta. ¡Dios obra en nosotros! ¡Dios obra a través de nosotros! ¡Dios es glorificado en nosotros! ¡Qué maravillosa salvación tenemos! Este poder obra en nosotros conforme abrimos nuestros corazones a Cristo, cultivamos este compañerismo y comunión perseverante, oramos y nos sometemos a la Palabra. No hay razón para que los creyentes estemos «por los suelos» cuando estamos sentados con Cristo (2.6) y llenos de la plenitud de Dios.
Al concluir esta primera sección sería útil notar las «posturas espirituales» de Pablo, por cuanto nos dan el secreto de la bendición de Dios. Pablo está sentado con Cristo (2.6), edificado sobre Cristo (2.20) y dobla sus rodillas ante el Padre (3.14). Esto es lo que hace posible que camine (4.1), crezca (4.15) y esté firme (6.14ss) contra Satanás. Nuestra posición espiritual en Cristo hace posible nuestro andar victorioso sobre la tierra"
(Bosquehos expositivos de la Biblia)

martes, 2 de octubre de 2007



Campaña 100 días de avivamiento, día 17: Efesios 2: 11- 22:

"2.11-13 Los judíos piadosos (los de la circuncisión) consideraban impuras todas las ceremonias de los gentiles (los de la incircuncisión). Se autoconsideraban puros y limpios debido a su herencia nacional y sus ceremonias religiosas. Pablo subraya que tanto gentiles como judíos son impuros delante de Dios y que necesitan que Cristo los limpie. A fin de entender cuán grande es el regalo de esta salvación, necesitamos recordar nuestra antigua naturaleza, la condición impura. ¿Alguna vez se ha sentido separado, excluido, sin esperanzas? Estos versículos son para usted. Ninguno está separado del amor de Dios ni del cuerpo de creyentes.
2.11-13 Tanto judíos como gentiles pueden ser culpables de orgullo espiritual. Los judíos por pensar que su fe y tradiciones tenían la virtud de elevarlos por encima de cualquiera, los gentiles por confiar en sus logros, poder y posición. El orgullo espiritual impide que veamos nuestras faltas y agranda las de los demás. Cuídese de sentirse orgulloso de su salvación. En cambio, con humildad, dé gracias a Dios por lo que ha hecho y anime a quienes titubean en su fe.
2.11-16 Antes de la venida de Cristo, los gentiles y judíos se mantenían alejados entre sí. Los judíos consideraban que los gentiles estaban muy alejados del poder salvador de Dios y por lo tanto sin esperanza. Los gentiles se sintieron ofendidos por las declaraciones de los judíos. Cristo revela la pecaminosidad total, tanto de judíos como de gentiles, y a continuación ofrece su salvación por igual para ambos. Solo Cristo derriba las paredes de los prejuicios, reconcilia a todos los creyentes con Dios y nos unifica en un cuerpo.
2.14ss Cristo derribó las paredes que las personas levantaron entre ellas. Debido a que esas paredes se derribaron, podemos disfrutar de una verdadera unidad con personas que no son como nosotros. Esto es lo que llamamos verdadera reconciliación. Gracias a la muerte de Cristo, todos somos parte de una sola familia (2.14); nuestra hostilidad en contra de otros ha desaparecido (2.16); todos podemos tener acceso al Padre mediante el Espíritu Santo (2.18); hemos dejado de ser extraños para Dios (2.19); y somos parte de un templo santo, con Cristo como piedra principal del ángulo (2.20, 21).2.14–22 Hay muchas barreras que pueden separarnos de otros cristianos: edad, apariencia, inteligencia, inclinación política, nivel económico, raza, perspectivas teológicas. Una de las mejores maneras de apagar el amor de Cristo es interesarnos solo por aquellos con los que tenemos afinidad natural. Por suerte, Cristo ha derribado las barreras y unificado a todos los creyentes en una sola familia. Su cruz debiera ser el centro de nuestra unidad. El Espíritu Santo nos ayuda a mirar más allá de las barreras, a la unidad para la que hemos sido llamados a disfrutar.
2.17, 18 Los judíos estaban cerca de Dios porque tenían conocimiento previo acerca de Él mediante las Sagradas Escrituras y lo adoraban en sus ceremonias religiosas. Los gentiles estaban lejos ya que conocían poco o nada acerca de Dios. Debido a que ningún grupo puede salvarse por buenas obras, conocimiento ni sinceridad, tanto uno como otro necesitaron oír acerca de la salvación disponible a través de Jesucristo. Ambos, judíos y gentiles, ahora están en la libertad de venir a Dios a través de Cristo. Dios le ha acercado a usted (2.13).
2.19-22 Muchas veces, al edificio de una iglesia se le llama la casa de Dios. En realidad, la casa de Dios no es un edificio sino un grupo de personas. Él vive en nosotros y a través de nosotros se da a conocer al mundo. La gente puede ver que Dios es amor y que Jesús es Señor cuando vivimos en armonía con otros y de acuerdo con lo que Dios dice en su Palabra. Somos ciudadanos del Reino de Dios y miembros de su familia.
2.20 ¿Qué significa estar edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas? Significa que la Iglesia no es un edificio levantado sobre ideas modernas, sino sobre la herencia espiritual que se nos ha dado por los primeros apóstoles y profetas de la iglesia cristiana".
(Biblia del diario vivir)

lunes, 1 de octubre de 2007



Campaña 100 días de avivamiento, día 16:
Efesios 2: 1-10:
La realidad del ser humano sin Cristo está claramente descrita aquí: "estábais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás" (v. 1-3). La nueva realidad que tenemos en Él como resultado de Su misericordia y amor es la salvación, que consiste en que "nos dio vida juntamente con Cristo, nos resucitó y nos hizo sentar en lugares celestiales con Cristo Jesús" (v. 5, 6). Este es el resultado de la gracia de Dios (regalo inmerecido) para nosotros: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". (v. 8- 10). Somos llamados entonces, a vivir practicando esas buenas obras, esa manera de vivir, ese fruto que El Señor preparó y para el que nos preparó a nosotros. Ya no estamos condenados a vivir como esclavos de nuestros malos deseos, ya no tenemos que contentarnos con vivir una vida sin sentido y de derrota; ahora podemos vivir en la libertad que nos dio El Señor y para el propósito eterno que Él tiene para nosotros. Vivamos entonces en Su fuerza, la vida sobrenatural que nos ha dado como regalo.

"2.2 «Príncipe de la potestad del aire» significaba para los lectores de Pablo que Satanás y sus fuerzas espirituales de maldad habitan entre la tierra y el cielo. Satanás, de esta manera, se describe como el que ejerce autoridad en el mundo espiritual de maldad, o sea, los demonios y los que están en contra de Cristo. Satanás significa «el acusador». También se le llama el diablo (4.27). En la resurrección, Cristo triunfó sobre Satanás y su poder. Sin embargo, Jesucristo es el gobernante permanente del mundo; Satanás lo es temporalmente y solo de una parte del mundo que decide seguirlo.
2.3 El hecho de que todas las personas, sin excepción, cometemos pecado prueba que tenemos la misma naturaleza pecaminosa. Estamos perdidos en pecado y no podemos salvarnos por nuestra cuenta. ¿Significa esto que solo los cristianos hacen cosas buenas? Por supuesto que no, muchos hacen bien a otros. En una escala relativa, muchos son morales, bondadosos, respetan las leyes, etc. Comparados con los criminales, diríamos que son muy buenos. Pero en la escala absoluta de Dios, nadie es lo suficiente bueno como para ganar la salvación («estabais muertos en vuestros delitos y pecados», 2.1). Solo al unir nuestras vidas a la vida perfecta de Cristo podemos llegar a ser buenos ante los ojos de Dios. «Hijos de ira» se refiere a los que reciben la ira de Dios porque rechazan a Cristo.
2.4, 5 En los versículos previos Pablo se ocupa de nuestra antigua naturaleza pecaminosa (2.1–3). Aquí Pablo enfatiza que ya no necesitamos vivir bajo el poder del pecado. Cristo destruyó en la cruz la paga del pecado y su poder sobre nuestras vidas. La fe en Cristo nos declara absueltos o «no culpables» delante de Dios (Romanos 3.21, 22). Dios no nos quita del mundo ni tampoco nos convierte en muñecos, sentiremos como que pecamos y algunas veces lo haremos. La diferencia radica en que antes de ser cristianos éramos esclavos de nuestra naturaleza pecaminosa, pero ahora podemos escoger vivir para Cristo (véase también Gálatas 2.20).
2.6 Debido a la resurrección de Cristo, sabemos que nuestros cuerpos también resucitarán (1 Corintios 15.2–23) y que ya se nos ha dado el poder para vivir ahora la vida cristiana (1.19). Estas ideas se hallan combinadas en la imagen de Pablo cuando habla de estar sentado con Cristo en «lugares celestiales» (véase la nota a 1.3). Nuestra vida eterna con Cristo es cierta, porque estamos unidos en su poderosa victoria.
2.8,9 Cuando alguien le da un regalo, ¿diría usted: «¡Qué lindo es!, ¿cuánto le debo?» No, la respuesta apropiada es: «Gracias». Con cuánta frecuencia los cristianos, aun después de habérseles dado la salvación, se sienten obligados a hacer algo para llegar hasta Dios. Debido a que nuestra salvación e incluso nuestra fe son regalos, debiéramos responder con gratitud, alabanza y regocijo.
2.8–10 Llegamos a ser cristianos mediante el don inmerecido de Dios, no como el resultado de algún esfuerzo, habilidad, elección sabia o acto de servicio a otros de nuestra parte. Sin embargo, como gratitud por este regalo, buscamos servir y ayudar a otros con cariño, amor y benevolencia y no simplemente para agradarnos a nosotros mismos. Si bien ninguna acción u «obra» nos puede ayudar para obtener la salvación, la intención de Dios es que nuestra salvación resulte en obras de servicio. No somos salvos solo para nuestro beneficio, sino para el de Él, para glorificarle y edificar la Iglesia (4.12)".
(Biblia del diario vivir)

viernes, 28 de septiembre de 2007


Campaña 100 días de avivamiento, día 13:
2 Pedro 1: 3-15:
"1.1 Primera de Pedro se escribió por la época en que el emperador romano Nerón inició su sanguinaria persecución de los cristianos. Segunda de Pedro se escribió dos o tres años más tarde (entre 66–68 d.C.), después que se intensificó la persecución. Primera de Pedro fue una carta de aliento para los cristianos que sufrían, pero Segunda de Pedro enfoca los problemas internos de la iglesia. Sobre todo se refiere a los falsos maestros que causaban dudas y alejamiento del cristianismo. Segunda de Pedro combate sus herejías denunciando los móviles malignos de los falsos maestros y reafirma las verdades cristianas: la autoridad de las Escrituras, la primacía de la fe y la certeza del regreso de Cristo.
1.2 Muchos creyentes quieren más de la gracia y la paz de Dios, pero no están dispuestos a esforzarse por conocerlo mejor mediante el estudio bíblico y la oración. Para disfrutar de los privilegios que Dios ofrece generosamente, tenemos «el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesucristo».
1.3, 4 El poder para crecer no viene de nuestro interior sino de Dios. Como no tenemos los recursos para ser verdaderamente espirituales, Dios nos permite «ser participantes de su naturaleza divina» a fin de protegernos del pecado y ayudarnos a vivir para Él. Cuando nacemos de nuevo, por medio de su Espíritu Dios nos capacita con su propia bondad moral. Véanse Juan 3.6; 14.17–23; 2 Corintios 5.21 y 1 Pedro 1.22, 23.
1.5–9 La fe tiene que ser más que creer en hechos ciertos; debe traducirse en acción, en desarrollo del carácter cristiano y en la práctica de la disciplina moral, o desaparecerá (Santiago 2.14–17). Pedro hace una lista de varios actos de fe: aprender a conocer mejor a Dios, cultivar la paciencia, hacer la voluntad de Dios, amar a los demás. Esos actos no se producen automáticamente; requieren arduo trabajo. No son opcionales; deben de ser parte constante de la vida cristiana. No terminamos con uno para luego empezar con el otro sino que nos ocupamos de todos juntos. Dios nos capacita y autoriza, pero nos da también la responsabilidad de aprender y crecer. No debemos sorprendernos ni resentirnos por el proceso.
1.6 Los falsos maestros decían que no era necesario el dominio propio porque las obras no ayudan a creer (2.19). Es verdad que las obras no pueden salvarnos, pero es absolutamente falso pensar que no son importantes. Somos salvos de modo que podemos crecer a la semejanza de Cristo y eso nos ayuda a servir a los demás. Dios quiere producir en nosotros su carácter amoroso; pero para hacerlo exige nuestra disciplina y nuestro esfuerzo. Cuando obedecemos a Cristo con la dirección de su Espíritu, cultivaremos el dominio propio, no sólo respecto a la comida y bebida, sino también con respecto a nuestras emociones.
1.9 Nuestra fe debe ir más allá de lo que creemos para convertirse en parte dinámica de nuestra vida, resultando en buenas obras y en madurez espiritual. La salvación no depende de las buenas obras pero se manifiesta en buenas obras. Una persona que dice que es salva, sin manifestar cambios, puede ser que no haya entendido lo que es la fe o lo que Dios nos ha dado.
1.10 Pedro quiso despertar a los creyentes satisfechos de sí mismos que habían prestado atención a los falsos maestros y que creían que, como la salvación no se basaba en buenas obras, podían vivir como quisieran. Si usted es de Dios, dice Pedro, lo probará su arduo trabajo. Si no se esfuerza por cultivar las cualidades mencionadas en 1.5–7, posiblemente no es de Él. Si usted pertenece al Señor, y su arduo trabajo respalda su afirmación de haber sido elegido por Dios («vocación y elección»), nunca será descarriado por los falsos maestros o el encanto del pecado.
1.12-15 Los entrenadores experimentados revisan constantemente lo fundamental del deporte con los integrantes de su equipo, y los buenos deportistas pueden ejecutar lo fundamental constantemente bien. En nuestra vida espiritual no debemos pasar por alto los fundamentos de nuestra fe cuando nos dedicamos a un estudio más profundo de las verdades bíblicas. Así como un deportista necesita practicar siempre, nosotros también necesitamos recordar constantemente los fundamentos de nuestra fe y sobre todo cómo llegamos a creer. No se canse ni impaciente con los mensajes relacionados con los fundamentos de la vida cristiana. Más bien, adopte la actitud del deportista que continúa la práctica y desarrolla lo fundamental aunque esté dedicado a aprender técnicas más avanzadas".

(Biblia del diario vivir)

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Campaña 100 días de avivamiento, día 11:

Marcos 16: 1-20:
La resurrección es el evento más importante y trascendental de la historia. Los mismos hombres y mujeres más cercanos Al Señor, no creyeron en la promesa que Él había hecho de que resucitaría al tercer día. Desde muchos siglos antes, los profetas habían anunciado que la muerte no podría retenerlo y que sería vencida. Cuando las mujeres fueron esa mañana a ungir el cuerpo del Señor, estaban seguras de que seguía en la tumba; no se les pasaba por la mente siquiera la posibilidad de que estuviera vivo. María Magdalena fue la primera persona en tener el privilegio de encontrarse con Él, la primera en verlo resucitado, y elegida para ir a anunciar a los discípulos sobre este hecho. Al escuchar sus palabras los discípulos no le creyeron, como tampoco creyeron a los dos discípulos que luego también lo vieron y les contaron. Cuando El mismo Señor se les apareció, les reprochó su incredulidad y su dureza de corazón. Nosotros también tenemos que luchar contra estos dos problemas espirituales: incredulidad y dureza de corazón, que nos pueden impedir disfrutar de las promesas del Señor, ver Su gloria, y ser instrumentos efectivos para anunciar al mundo sobre la resurrección. Esto es lo que el mundo realmente necesita: conocer Al resucitado, recibir la vida nueva que Él ofrece, y nosotros los que le hemos conocido; somos los privilegiados que tenemos la oportunidad de ser Sus mensajeros, que anunciemos al mundo y demos a conocer Al resucitado. Renunciemos a la incredulidad y a la dureza de corazón, y dejemos que El Señor nos convierta en poderosos instrumentos en Sus manos.

"16.6 La resurrección es de vital importancia por varias razones: (1) Jesús cumplió su promesa de levantarse de entre los muertos, por lo cual podemos creer que Él cumplirá todas sus otras promesas. (2) La resurrección nos asegura que el gobernador del eterno Reino de Dios será el Cristo viviente, no una idea, ni una esperanza, ni un sueño. (3) Al levantarse de la muerte, Cristo nos asegura que también resucitaremos. (4) El poder de Dios que levantó el cuerpo de Cristo de la muerte está vigente para traer de nuevo a la vida nuestra moralidad y nuestra espiritualidad que están muertas, cambiándonos y haciéndonos crecer (1 Corintios 15.12–19). (5) La resurrección es parte esencial del testimonio de la Iglesia ante el mundo. Nosotros no solo contamos lecciones de la vida de un buen profesor, sino que proclamamos la realidad de la resurrección de Cristo Jesús.
16.7 El ángel hizo mención especial de Pedro para mostrar que, a pesar de la negación de este, Jesús no lo había negado. Él seguía teniendo reservadas para Pedro grandes responsabilidades en la Iglesia que aún no había nacido.16.7 El ángel dijo a los discípulos que se reunieran con Jesús en Galilea, tal como Él mismo se los dijo antes (Marcos 14.28). Allí fue donde llamó a varios de ellos para que fueran «pescadores de hombres» (Mateo 4.19) y allí sería donde esta misión se reestablecería (Juan 21). Pero los discípulos, llenos de temor, se mantuvieron tras puertas fuertemente cerradas en Jerusalén (Juan 20.19). Jesús se reunió con ellos primero en Jerusalén (Lucas 24.36) y más tarde en Galilea (Juan 21). Luego regresó a Jerusalén desde donde ascendió a los cielos desde el Monte de los Olivos (Hechos 1.12)"
(Biblia del diario vivir)